Irán, en el punto de mira
Series como ‘Teherán’ o películas como ‘Un simple accidente’ centran la atención en la república islámica

Protestas en Irán. | Reuters
Donald Trump amenaza a Irán con el mayor despliegue militar en décadas. Mientras, la trágica muerte en Atenas de la productora israelí Dana Eden ha centrado la atención aún más sobre el conflicto entre Tel Aviv y la república islámica. Eden no es una productora cualquiera. Es una de las artífices de la serie de éxito Teherán, sobre la guerra soterrada entre los servicios secretos de ambos países. Irán había criticado con dureza la ficción, lo que llevó a pensar en una venganza de los espías de los ayatolás.
Un indisimulado activista judío, con más de 100.000 seguidores, daba la noticia en X: «La productora israelí Dana Eden, creadora de la serie Teherán, fue encontrada muerta en su hotel en Atenas. Su cuerpo se encontró mutilado y sus manos atadas con cuerdas». Horror.
Inmediatamente, se encendieron las alarmas. Sobre todo a los que nos ha sorprendido la noticia viendo la tercera temporada de la serie. Supongo que no somos muchos en España los que tenemos acceso a Apple TV, con 40 millones de suscriptores en el mundo y una cifra que la compañía se resiste a revelar en nuestro país. En cualquier caso, su contenido se puede ver a través de Movistar.
La noticia del indisimulado activista judío se fue desinflando a medida que las autoridades facilitaban información. Para empezar, el cadáver no estaba mutilado, ni tenía las manos atadas, al menos según la versión oficial. Pero, claro, cuando uno es un activista, o se empapa de series como Teherán, la versión oficial se la trae al pairo…
Lo poco que se sabe hasta hoy es que Dana Eden, de 52 años, se encontraba en Atenas trabajando en el rodaje de la cuarta temporada de la serie. Así nos enteramos de que ese Teherán que en la ficción parece tan real es, en realidad, la capital griega, la cuna de la civilización oriental. Milagros de la ficción.
Kan, la cadena pública de Israel, para la que trabajaba la fallecida, informó que Eden se encontraba en Atenas para supervisar la «compleja» y «significativa» producción. El hermano de la productora empezó a sospechar que algo malo estaba ocurriendo, ya que no obtenía respuesta a sus mensajes y llamadas. Fue él quien encontró su cuerpo sin vida en la habitación del hotel y quien explicó que su hermana «atravesaba problemas de salud y estaba bajo medicación».
A veces nos empeñamos en que la realidad se parezca a la ficción. Teherán cuenta las peripecias de una agente del Mossad, que, gracias a sus habilidades como hacker y a sus orígenes iraníes, logra infiltrarse primero en ambientes estudiantiles disidentes del régimen de los ayatolas y, poco a poco, en las altas esferas del poder. Su enamoramiento de un joven pirata informático iraní o su enfrentamiento, ya personal, con uno de los jefes de la inteligencia de la Guardia Revolucionaria añaden más miga a la trama.
En las temporadas dos y tres, se incorporaron actores de tanto renombre como Glenn Close —una psiquiatra agente del Mossad— y Hugh Laurie —un inspector nuclear de la ONU—, lo que contribuyó a darle aún más popularidad a la serie. Además, las críticas fueron mayoritariamente buenas, pese a su ineludible, pero relativamente bien disimulado, carácter propagandístico.
La historia está tan pegada a la actualidad que, durante la crisis de Gaza y la paralela «guerra de los 12 días», en la que Israel eliminó a destacados líderes iraníes y destruyó bases aéreas e instalaciones nucleares, hubo que detener la producción. No por el conflicto bélico en sí, sino porque la historia de la serie era tan parecida a los acontecimientos reales que hubo que reescribir el guion para evitar demasiada similitud.
La proliferación de plataformas ha permitido al gran público acercarse a temáticas y filmografías de difícil acceso. El caso de Irán, en el centro de la actualidad y con un secretismo extremo por parte de sus autoridades, es una buena muestra. Es como si, de repente, el país se hubiera puesto de moda. Se suceden series y películas sobre el país de los ayatolás.
Un buen ejemplo es Holly Spader (Ali Abbasi, 2022, RTVE Play), que cuenta la historia de un veterano de guerra que se convierte en un asesino en serie matando a prostitutas en las calles de Teherán, con la intención de «purificar» su país. La película, a la que el Festival de Cannes dispensó un gran recibimiento, tuvo que ser rodada en Jordania y fue calificada por el régimen iraní de «obscenidad vergonzosa».
Especialmente actual resulta el caso de La semilla de la higuera sagrada (Mohammad Rasoulof, 2024, Filmin) sobre el conflicto que se plantea en la familia de un juez durante las protestas contra el uso obligatorio del velo. La pistola del magistrado desaparece dentro de su propia casa: solo su mujer o sus hijas pueden haberla robado. Su reacción desata un violento enfrentamiento en lo que era una familia feliz de clase media. Rasoulof, el director de la película, fue condenado a ocho años de cárcel por criticar la represión del régimen. Pudo huir y presentar la película, que había sacado en secreto del país, en el Festival de Cannes.
Leer Lolita en Teherán (Eran Riklis, 2024, Movistar) es una coproducción italoisraelí rodada en Italia. Basada en las memorias de la iraní Azar Nafisi, refleja las vicisitudes de una profesora que, tras la revolución islamista, organiza en Teherán un club de lectura para mujeres. La actriz Zar Amir Ebrahimi, que encarna a la protagonista, fue duramente criticada por muchos de sus colegas palestinos por trabajar con cineastas israelíes.
No todo van a ser dramas; también nos encontramos estupendas comedias. Eso sí, muy negras, como Un simple accidente (Jafar Panahi, 2025, Movistar). Aquí se aborda el encuentro fortuito de un mecánico iraní con su torturador, al que secuestra, lo que da lugar a situaciones disparatadas, propias del cine berlanguiano. La cuestión que se plantea el protagonista es si vengarse o no, si utilizar las mismas prácticas que su verdugo no le convertirán en un ser tan malvado como él. El director, que fue encarcelado y condenado a 20 años sin poder trabajar, realizó la película en secreto. El filme de Jafar Panahi, uno de los más admirados directores iraníes, ganó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. Ahora, espera a ver si sus dos nominaciones a los Óscar se convierten en estatuillas.
No cabe duda de que Irán se encuentra en el punto de mira del mundo entero. Los portaaviones y destructores de Trump aguardan en aguas del golfo la orden de atacar a la República islámica. La muerte de la productora israelí de Teherán desata una oleada conspiranoica. Los directores iraníes, perseguidos y con muchas dificultades, intentan transmitirnos la realidad de su país. Lo menos que podemos hacer es convertirnos en espectadores de sus películas.
