The Objective
Cine

'El agente secreto', un 'thriller' sobre los tiempos oscuros de la dictadura militar brasileña

La película, protagonizada por Wagner Moura y premiada en Cannes y en los Globos de Oro, opta a cuatro Oscar

‘El agente secreto’, un ‘thriller’ sobre los tiempos oscuros de la dictadura militar brasileña

Walter Moura en 'El agente secreto'. | Elastica Films

El año pasado Brasil ganó el Óscar a la mejor película internacional con Aún estoy aquí de Walter Salles. Retrataba los primeros compases de la dictadura militar que en los años setenta del siglo pasado gobernó el país. La propuesta era inteligente: a través de un relato intimista que narraba la historia real de la familia de un arquitecto y exdiputado desaparecido porque se le sospechaban vínculos con la guerrilla comunista. Este año, el país podría repetir triunfo, porque otro largometraje brasileño sobre el mismo periodo, El agente secreto, está nominado en la misma categoría. De hecho, en el absurdo formato que tienen ahora estos premios, aspira a cuatro estatuillas: también compite en mejor película, mejor actor (Wagner Moura) y mejor dirección de casting. En los recientes Globos de Oro se llevó los premios a mejor cinta extranjera y mejor actor, y en el Festival de Cannes fueron galardonados el protagonista y el director, Kleber Mendonça Filho.

Premios más que merecidos. Aunque El agente secreto es muy larga (159 minutos) y toma algunas osadas decisiones narrativas que probablemente desconcertarán a una parte del público, va a ser sin duda uno de los grandes títulos estrenados este año, al que todavía le quedan muchos meses por delante.

Como Aún estoy aquí, también El agente secreto presenta una rutilante recreación de los años setenta en Brasil, con una ambientación cuidada hasta el último detalle. En este caso, ambientada en 1977, la historia que cuenta es pura ficción y toma un formato de thriller de cocción lenta. En lugar de abordar frontalmente la tensión política, hace que esta vaya apareciendo a pinceladas y se asiente como un telón de fondo amenazante, en el que el miedo se ha convertido en algo cotidiano.

La primera escena es antológica, como un wéstern en miniatura. Sintetiza todo lo que vendrá a continuación. El protagonista, Marcelo, que va camino de Recife con su Volkswagen Escarabajo, se detiene en una gasolinera perdida en medio de la nada para repostar. En el suelo hay un cadáver apenas cubierto con papeles de periódico. Es un ladrón al que le han pegado un tiro. Lleva días ahí, le explica el encargado. Nadie ha venido a retirarlo, porque es carnaval y la policía anda desbordada. De pronto aparece una patrulla. Pero no vienen a por el muerto. El sargento, que tiene una pequeña mancha de sangre en el uniforme, le pide los papeles a Marcelo y a continuación una mordida. Hay perros salvajes que tratan de devorar el cadáver y por la carretera pasa un coche lleno de indios ataviados con sus plumajes.

Poco después de este arranque llega una segunda secuencia extraordinaria: en el instituto oceanográfico de Recife han recibido un tiburón muerto y, al abrirlo para estudiarlo, aparece en su vientre una pierna humana. Se presentan un comisario corrupto y sus ayudantes para intentar tapar el asunto, porque con toda probabilidad la pierna pertenecía a alguno de los individuos eliminados de forma extrajudicial y lanzados al río. Pero el hallazgo acaba saltando a la prensa y en la ciudad se genera una leyenda: la pierna peluda que ataca por la noche. Recife es la ciudad natal del director, a la que ha dedicado el grueso de su obra, y esta leyenda es real. Surgió en esa época y desde entonces forma parte del folclore urbano.

Cine de los 70

De forma brillante, Mendonça Fihlo —cuyo documental Retratos fantasmas recorría la historia de Recife a través de sus salas de cine desaparecidas— conecta esta historia con el estreno en un cine de la ciudad de Tiburón de Spielberg. Utiliza las películas de los años setenta como guiños para recrear la época. Y también como símbolos de la realidad que se vivía en Brasil. En la sala en la que trabaja como proyeccionista el suegro de Marcelo, también están proyectando —con gritos de pánico de la audiencia— La profecía, sobre la llegada del Anticristo al mundo. El agente secreto imita la estética del cine setentero y las texturas que logra en la fotografía consiguen trasladarnos a ese pasado.

El protagonista, Marcelo, no es un activista ni un militante de izquierdas, sino un ingeniero que dirige un departamento universitario en el norte del país. Tiene un encontronazo con un ministro que ha decidido clausurar el programa de investigación que dirige y la situación se degrada hasta que acaba perseguido por dos sicarios.

La estructura de la película es compleja, con abundantes personajes secundarios y varios saltos al presente, en el que dos investigadoras universitarias escuchan unas cintas en las que acaso estén las claves para comprender qué le sucedió a Marcelo. El agente secreto logra plasmar las fracturas entre clases sociales y también geográficas —entre el norte y el sur— que configuran el país. Y sobre todo consigue crear una atmósfera opresiva, con turbios policías, gélidos sicarios, una red clandestina que ayuda a escapar a los perseguidos, un veterano de la Segunda Guerra Mundial con el cuerpo lleno de cicatrices (el recién fallecido actor alemán Udo Kier, en una de sus últimas apariciones en pantalla) y la leyenda urbana de una pierna peluda que ataca con nocturnidad en los parques de la ciudad.

Publicidad