Enmanuel Reyes Pla: «El comunismo siempre consiste en manipular el cerebro a la gente»
El medallista olímpico narra su huida de Cuba y analiza el viaje de Pablo Iglesias o la polémica trans en el deporte
Hoy se sienta en El purgatorio Enmanuel Reyes Pla (La Habana, 1992), el boxeador que cambió Cuba por La Coruña tras un durísimo periplo migratorio por media Europa. Medallista olímpico y figura clave del equipo español, ‘El profeta’ es conocido por no morderse la lengua ni dentro ni fuera del ring.
En esta entrevista, analiza sin rodeos la realidad de la dictadura cubana, desmonta los relatos románticos sobre la isla y responde con contundencia a temas de actualidad: desde su opinión sobre Pablo Iglesias o Pedro Sánchez, hasta la polémica de los deportistas trans y el auge del boxeo espectáculo.
PREGUNTA.- Enmanuel Reyes Pla, bienvenido a El purgatorio. ¿Cómo estás?
RESPUESTA.- Un placer, muchas gracias por la invitación.
P.- El placer es nuestro. Has afirmado en alguna ocasión que te sientes muy español; incluso, que eres «más español casi que Colón». ¿Cómo conviven hoy el Enmanuel que soñaba en La Habana cuando era pequeño y el deportista que entrena día a día?
R.- Siempre llevo en el recuerdo mi salida de Cuba y todo lo que tuve que pasar: dejar atrás a mi familia por un sueño y la meta de llegar a unas Olimpiadas. En Cuba nunca lo habría logrado por la situación y los peros que siempre ponían. La decisión fue correcta, aunque dura, porque dejé a mucha gente buena atrás; pero era necesario para labrarme un futuro. Siento que al llegar a España volví a nacer y a ser persona de nuevo. Cuando me dieron la oportunidad de ser ciudadano y representar a este país, fue la alegría más grande de mi vida.
P.- ¿Cuántos años tenías cuando te fuiste de Cuba?
R.- Unos 24 o 25.
P.- ¿Ahora 33?
R.- 33 años, exacto. Dejar a toda la familia atrás fue lo difícil. Siempre es lo más duro. Pero era necesario para cumplir mi objetivo y, sobre todo, para asegurarles un futuro a ellos también.
P.- Allí en Cuba ya estabas compitiendo al más alto nivel, boxeando en categorías importantes.
R.- Sí, ya pertenecía al equipo nacional de mayores, el ‘equipo Cuba’. Era la segunda figura del país; ganaba mis torneos y mis competiciones internacionales, pero siempre recibía la misma respuesta: «Tú eres joven, la primera figura tiene más experiencia que tú, tú para la otra». Yo siempre pensaba: «¡Coño!, para la otra, para la otra… yo también voy creciendo y me voy poniendo viejo».
P.- Cuando afirmas que en Cuba no podías ser olímpico, ¿a qué te refieres exactamente? ¿Falta de recursos?
R.- No era una cuestión de recursos, sino de favoritismo. En el deporte cubano es muy frecuente. Si tienes suerte y te posicionas rápido, confían plenamente en ti, pierdas o ganes. Al resto siempre nos decían lo mismo: que si el otro tenía más experiencia, que si eras joven, que vamos poco a poco… Así el tiempo va pasando y tú vas perdiendo calidad.
P.- ¿Influye también el factor político? Es decir, que para ser un profesional de primera en el boxeo olímpico debas apoyar al régimen.
R.- Hay una parte que sí tiene que ver. A los deportistas cubanos siempre nos han adoctrinado. Al ganar una medalla, lo lógico es que digas que es para tu familia o para ti, porque eres quien ha luchado, pero allí era obligatorio decir: «Esta medalla se la dedico a la Revolución, que es la que me ha ayudado». Si no lo decías, tenías un pie fuera. Había gente que se la jugaba y no lo decía, y otros que se sentían orgullosos de ello, pero para la mayoría era una obligación. El problema es que el deportista cubano no sabe lo que hay fuera ni lo que tienen los atletas en otros países.
P.- Claro, porque vosotros vivís una realidad completamente diferente.
R.- Una realidad distinta a la del resto del mundo. Ahora Cuba tiene internet porque se lo han permitido, y creo que es lo peor que han podido hacer; ellos mismos se están mordiendo la lengua. Cuba es una isla bloqueada informativamente; nunca hemos sabido lo que pasa fuera, solo conocemos lo que cuentan en el noticiero oficial.
P.- ¿De niño no te enterabas de nada de lo que ocurría en el exterior?
R.- De nada en absoluto. Lo poco que sabía la gente era por lo que contaba la familia que venía de visita: «No, esto es así o asá», pero ni siquiera les creíamos, pensábamos que era un flipe. Yo crecí con la idea de que España era un país donde la gente se moría en los hospitales, no tenía casa y no había comida. Esa era la imagen de España que nos daban en Cuba, mientras nos vendían que la isla era una maravilla, que todos estábamos bien y que nuestros hospitales eran lo mejor.

P.- Y la realidad allí es otra.
R.- Totalmente diferente. Al abrirse esas puertas al mundo, los cubanos se han dado cuenta de que no es como les contaban.
P.- Tengo entendido que, una vez que te marchas de Cuba, no puedes volver a entrar.
R.- Si eres una persona relevante para el país —deportista, médico o alguien de quien ellos dependan— es muy difícil. Para poder irte legalmente, con todos tus papeles e invitaciones, tienes que pasar al menos cinco años sin ejercer tu profesión. Tienes que estar en tu casa, sin hacer nada o trabajando en otra cosa; solo tras ese periodo te conceden la liberación. Por eso, la mayoría optamos por la vía ilegal, bien en lancha o saliendo del país a escondidas.
P.- ¿Entonces lo ilegal es simplemente marcharte?
R.- Exacto. Lo consideran ilegal si te vas sin pedir la baja en tu trabajo. El problema es que tienen un filtro: cuando vas a tramitar el pasaporte, en el sistema aparece que eres una figura «importante» para el Estado y te lo deniegan directamente. En cuanto intentas hacer ese trámite, ya saben tus intenciones y, al volver a tu puesto, la sanción es segura. Te obligan a dar explicaciones y, si dices que quieres reunirte con tu familia fuera, te sancionan y te hacen esperar esos cinco años de inactividad antes de darte el permiso. Si te vas por la vía ilegal, te prohíben la entrada. Antes eran ocho años de castigo sin poder volver, aunque creo que ahora lo han rebajado un poco. También depende de quién seas; hay deportistas muy vinculados al sistema que se marcharon y llevan años sin poder regresar a Cuba.
P.- Claro, porque son ocho años que ya no es no ir a Cuba, son ocho años en los que no ves a tu familia.
R.- Se han dado casos de gente a la que se le ha muerto su padre, su madre o su abuelo y no les dejan entrar. Puedes decirles: «Oye, mira, ha fallecido un familiar, yo no les he hecho nada, solo quiero verlo», y te dicen que no. No entras a Cuba. Hay muchos deportistas a los que les ha pasado.
P.- Qué frío todo, ¿no?
R.- Para ellos, en cuanto sales, te conviertes en un «antisocial», en un «gusano».
P.- Un traidor. Me he quedado impactado porque en Europa lo difícil suele ser entrar en un sitio, no salir del tuyo. Cuando te fuiste de Cuba, no llegaste directamente a España. ¿Cómo fue ese periplo?
R.- Para los cubanos, la única vía de salida son los países que son medio comunistas o del antiguo bloque soviético: Rusia principalmente, Serbia o Montenegro, que tienen libre visado. También parte de Asia como Mongolia o China, y algunos países de África como Kenia o Etiopía. En ese momento, la migración estaba en pleno auge; unos cruzaban el Amazonas o el Darién para llegar a Estados Unidos y otros volábamos a Rusia para intentar entrar en Europa a través de Bielorrusia y Polonia. Otros locos, porque el cubano es muy loco, se tiraron por Siberia pensando que era el camino más corto hacia EEUU. Fue una auténtica locura lo que hizo mucha gente.
P.- ¿Cuánto tiempo estuviste de viaje?
R.- El viaje duró unos dos o tres meses, más o menos.
«El bloqueo es un cuento del que se han aprovechado. La realidad es que la gente no te vende nada porque tú no pagas»
P.- ¿Tres meses para llegar a España desde Cuba?
R.- Desde Cuba. Salí hacia Moscú y de allí a Bielorrusia para cruzar a Polonia, que era la ruta habitual en ese momento. Pero al llegar habían cerrado la frontera y no pasaba nadie. Tuve que volver a Moscú y coger un vuelo a Austria. Allí pedí asilo; la Unión Europea considera a Cuba una dictadura y no te pueden deportar a no ser que seas un delincuente. Me tuvieron dos días en un cuarto del aeropuerto para investigar mis motivos y luego me enviaron a un campo de refugiados. Allí me convertí en Sherlock Holmes: empecé a estudiar los horarios de los buses y la ubicación de las estaciones para poder cruzar. Cuando lo tuve todo claro, cogí un bus y crucé de Austria a Alemania.
«Al infierno enviaría a todas las personas que oprimen al pueblo»
P.- Te escapas del campo de refugiados, entonces.
R.- Te dejaban salir de siete de la mañana a siete de la noche, pero luego tenías que entrar. Yo salí temprano por si acaso y logré cruzar a Alemania. Sin embargo, al intentar pasar de Alemania a Francia, la guardia fronteriza nos paró a escasos metros de la frontera. El bus se detuvo en un descampado oscuro, en mitad de la nada. Vi bajar a una mujer con un maletín y un viajero que hablaba español me dijo: «Nunca habían parado un bus así; deben de estar buscando a alguien». Yo pensé que iban a por ella, pero qué va; subieron los policías y me bajaron a mí por no tener papeles.
Me llevaron a la jefatura, pasé allí la noche y al día siguiente tuve un juicio rápido por cruzar la frontera ilegalmente. Terminé en una prisión de inmigrantes. Era una cárcel literal: habitación con puerta cerrada y una ventanita para la comida. Lo único bueno es que había televisor y no había policías armados porque éramos refugiados. Estuve allí un mes y algo, hasta que Austria aceptó mi devolución porque era allí donde había solicitado el asilo originalmente.
P.- Claro, el problema es que te devolvían a la casilla de salida, a Austria.
R.- Exacto, porque allí es donde había pedido el asilo. Me llevaron en coche hasta la frontera y me entregaron a la policía austriaca. Ellos me dieron mis papeles y me dijeron: «Coge un tren y vuelve al campo de refugiados». Pero yo ya estaba cansado y dije: «Mira, yo no voy a coger más un tren ni una guagua, me voy a montar en un avión y que sea lo que Dios quiera». El problema es que a veces nos guiamos demasiado por lo que dice la gente. A mí todos me decían: «No cojas aviones, es un peligro; mejor vete en bus o en tren y, cuando llegues a la frontera, te bajas y caminas». Cometí el error de creerles porque no sabía que, una vez entras en la Unión Europea, puedes viajar entre países sin necesidad de visado, como si fuera un vuelo nacional. Pero aun sin saberlo, al final fui al aeropuerto, saqué mi pasaje y solo me miraron el pasaporte para comprobar el nombre. Pasé sin problemas. Yo pensaba: «’¡Bah!’, mira todo lo que he pasado durante tres meses dando vueltas por ahí y lo fácil que habría sido llegar a España si no me hubiera guiado por el miedo de los demás». Al final, aterricé en Barcelona, de ahí volé a Coruña y ahí me quedé, gracias a Dios.
P.- ¿Te gusta La Coruña? Me imagino que sí.
R.- Sí, sí. Eso es lo mejor que hay. «Galicia calidade». Y esa vaquita rubia gallega… es algo bueno, bueno.
P.- Vamos a hablar de la actualidad. Este mes se ha comentado mucho el viaje de Pablo Iglesias a Cuba. Él, como algunos influencers, refleja una Cuba perfecta y maravillosa, sugiriendo que los medios de aquí mienten sobre la situación. ¿Qué siente un cubano que ha pateado la calle durante años y tiene a su familia allí cuando ve esas imágenes?
R.- Sinceramente, me dio rabia. Lo vi por televisión y pensé: «Este hombre ahora qué está diciendo». La gente no se percata de lo mal que lo está pasando el pueblo cubano por culpa de los comunistas que están ahí. Lo pasan supermal en todos los sentidos, pero no tienen el valor de protestar porque nunca les han enseñado a hacerlo.
P.- ¿Qué ocurre si alguien protesta allí?
R.- Te dan una entrapalo tremenda y te meten una pila de años en prisión simplemente por pedir tus derechos. Se llenan la boca diciendo que en Cuba hay derechos, pero es mentira. Yo exhorto a Pablo a que vaya allí y hable en contra del régimen; que diga: «Tienen que dejar que el pueblo se exprese». Ya verás lo que le dicen: posiblemente lo saquen de allí a patadas. Lo que hizo él de filmar y caminar por la Plaza de la Revolución no puede hacerlo un cubano normal. Es duro ver a alguien que vive en un país capitalista, donde puede decir lo que le dé la gana, llegar a Cuba para plantarse en un hotel de cinco estrellas que cuesta una barbaridad. Llegas del aeropuerto en un carro viendo la oscuridad de las calles y lo mal que está la gente, y luego te sientas en el hotel a decir: «Aquí no pasa nada». El cubano se ríe de sus problemas porque es su única forma de salir del paso después de tantos años, pero cualquiera en la calle te dirá: «Esto es una porquería, esta gente tiene que irse ya».
P.- ¿Qué hay de cierto en lo del bloqueo? ¿O es solo un relato del régimen?
R.- El bloqueo es un cuento, una historia de la que se han aprovechado siempre. El bloqueo existe, sí, pero consiste únicamente en que los americanos no pueden comerciar con Cuba y viceversa, además de la restricción con empresas vinculadas a EEUU, pero Cuba puede comprarle al resto de países del mundo. El problema, que ellos nunca cuentan, es que la gente no te vende si no pagas. Cuba no es un buen pagador; le debe dinero a todo el mundo y, si no pagas, no hay suministros. Viven de la caridad. Si tú vienes a mi casa y me das agua, eso es una donación para el pueblo. Pero ellos cogen esa donación y la meten en sus tiendas para venderla en divisas; ni siquiera en moneda cubana. El pueblo tiene que ingeniárselas para conseguir divisas. Si tienes familia fuera, felicidades, pero si no, ¿qué haces?
P.- ¿Crees que el pueblo cubano estaría contento si Estados Unidos interviniera en la isla?
R.- Sí, estarían contentísimos; están esperando eso.
P.- ¿Ves factible que algo así pueda ocurrir?
R.- Pienso que, en su momento, lo harán. Trump tiene al lado a Marco Rubio, que es de padre cubano y es quien le está dando el empujoncito para decirle: «Métele mano a esto».
P.- ¿Por qué crees que a ciertos sectores les cuesta tanto condenar la realidad que se vive en Cuba? ¿Qué interés hay en proyectar la imagen de un Estado perfecto que no existe?
R.- Siempre he dicho que el comunista vive de la pobreza del pueblo. Pablo Iglesias vive de decir que el comunismo es «de puta madre» y que todo es perfecto, pero no es así. Yo, gracias al deporte, he viajado prácticamente por toda Europa y parte del mundo; he visto países que fueron socialistas o comunistas y, al comparar su pasado con su presente, te das cuenta de todo. La conclusión es clara: «Esto no sirve, esto destruye».

P.- En España se escucha mucho eso de que el país se está convirtiendo en una república bananera, en referencia a Cuba o Venezuela. ¿Ves aspectos de la política española actual que se asemejen a lo que viviste allí?
R.- Hay cosas que sí. Hay señales que te hacen decir: «Oh, se está poniendo la cosa mala». No es algo total, pero sí veo aspectos en los que España se está dirigiendo hacia ese lado. Por eso siempre digo que los españoles no deben dejar que esta gente les trabaje la mente. El comunismo siempre ha consistido en eso: manipular el cerebro de las personas. Te manipulan de tal manera que, para cuando abres los ojos y quieres despertar, ya estás jodido porque ya lo han implementado todo.
P.- Vamos al deporte, vamos a hablar un poquito de boxeo. Queda poco para Los Ángeles 2028.
R.- Sí, sí, gracias a Dios, ya el año que viene ya estamos clasificando.
«En Cuba, o le dedicabas la medalla a la Revolución o sabías que tenías un pie fuera. Te adoctrinan»
P.- Estamos ahora en abril del 26 y empiezas con la clasificatoria. ¿Cuándo?
R.- En el año que viene, seguro, a mitad de año, más o menos.
P.- Con ganas supongo, ¿no?
R.- Con ganas de quitarme de en medio esta parte, la más difícil: el clasificatorio. Una vez estás clasificado, lo demás ya es fácil.
P.- ¿Cuál es tu próximo objetivo?
R.- Vamos a aprovechar los Juegos Mediterráneos de Italia como preparación, pero lo más importante este año son los Juegos Europeos de boxeo, después de los Mediterráneos. Entonces, la preparación que estamos haciendo es para los Europeos, que nos ofrece el referente a nivel europeo para saber con qué nos podemos encontrar en el clasificatorio del año que viene.
P.- ¿Qué tal es el tema del boxeo en España hoy en día? ¿Cómo va eso?
R.- Está muy bien. El boxeo español está en apogeo. Todo el mundo hace boxeo; hay muchos gimnasios dedicados. Y espero que siga así, que el Gobierno también deje boxear desde más jóvenes, que es lo que necesita el deporte.
P.- ¿Eso es un problema?
R.- España es el único país europeo que no deja boxear desde pequeños.
P.- ¿A partir de qué edad se puede empezar a boxear en España?
R.- Para darte hostias, que es el boxeo de verdad, creo que se permite desde los 15. Pero es un deporte en el que hay que empezar pequeño para adaptarte, para perderle el miedo al golpe y esas cosas.
P.- ¿Cómo te ves personalmente para los próximos Juegos Olímpicos?
R.- Bien. Ya tenemos la experiencia de haber ido a dos Juegos, nos conocen a nivel mundial y tenemos una medalla olímpica, que es importante. Creo que Los Ángeles será la guinda del pastel, tanto para mí como para el equipo nacional. Hemos conformado un equipo espectacular; creo que el mejor equipo español de la historia. Antes, España no lograba tantas medallas mundiales o europeas. A veces clasificaban uno o dos boxeadores, y muchas veces era por invitación. Ahora el equipo español es respetado. Antes la gente se reía: «Va con España», decían, como si no valiéramos nada. Ahora los países importantes nos tienen respeto.
P.- ¿Y si te toca pelear contra Cuba?
R.- Ya me tocó en Tokio. Fue un dilema bueno; allí todos los astros se unieron y peleé el pase a las medallas contra el cubano. Perdí, pero me la robaron un poquito. La prensa en Cuba estaba eufórica: «Le ganamos a un traidor», decían. Pero ellos trabajan así, no pasa nada. Yo sabía lo que estaba haciendo y me había entrenado para ello porque sabía que ese momento llegaría. Para nosotros, ganamos; hicimos una pelea muy buena y ahí están las imágenes.
«Es duro ver a alguien que vive en un país capitalista ir a Cuba a plantarse en un hotel de cinco estrellas y decir que allí no pasa nada»
P.- Ahora que sacas el tema del jurado, yo te iba a preguntar qué cambios podrían hacerse. Porque tú sí que has sufrido bastantes tongos.
R.- El problema es que los árbitros actuales no son buenos; se conocen entre ellos y hacen sus propios juegos. En el boxeo existe una jerarquía histórica dominada por Rusia, Kazajistán o Uzbekistán. Los demás tenemos que estar excesivamente preparados o tener la suerte de caerles bien para que digan: «Mira, vamos a dejar que este muchacho suba». Eso no puede pasar. Yo creo que habría que implementar sistemas de puntuación tecnológicos, como en el taekwondo, con trajes o protectores bucales que marquen el punto según la fuerza del impacto. Es difícil, pero necesario. Lo que hay que hacer es cambiar a todos los árbitros. Poner gente nueva que nunca haya ido a un Mundial o a una Olimpiada; que si se equivocan, sea por nervios y no por intereses. Se descubrió que en Río les pagaban sueldos bajo cuerda, y aunque ahora ya no les paguen, se siguen ayudando entre ellos.
P.- Hablando de política y deporte, me acaban de chivar que han nombrado portavoz de deportes de Vox al oro olímpico Cristian Toro. ¿Tú llegarías a aceptar un cargo, por ejemplo en el Ministerio de Deportes, viendo que te interesan los temas sociales?
R.- Si me dan la oportunidad, sí. Nunca se pueden cerrar las puertas a lo que venga. Eso sí, hay que tener claro que, si entras en esos cargos, tu prioridad debe ser ayudar al deportista. Hay gente que entra y enseguida se quieren hacer ricos y se olvidan de ayudar. Siempre he dicho que, cuando le das un cargo a un ser humano, se corrompe. El dinero hace mucho daño.
«¿Que a Pedro Sánchez le caigo mal? Es su problema. Yo voy a dormir tranquilo en mi cama con mi medalla»
P.- ¿Y tú dejarías alguna vez el boxeo olímpico para ser un boxeador de esos americanos, más showman?
R.- Ya se puede compaginar y se llevan los dos boxeos, tanto el profesional como el amateur. Aquí en Europa el profesionalismo es más difícil y lento que en Estados Unidos, porque requiere mucha más gestión, pero esperamos que crezca para poder llegar algún día al nivel más grande.
P.- ¿Qué opinas de eventos como «La Velada del Año» de Ibai Llanos?
R.- Hace tiempo dije que era una falta de respeto. A nivel visual está bien porque la gente descubre que el boxeo existe, pero los que se suben ahí no son boxeadores. Te dicen que han estado cuatro meses entrenando y es mentira. No saben lo que es entrenar. Suben al ring a dos personas solo porque el público los ve discutiendo en un chat o gritándose: «¡Que tú, que no sé qué!», y quieren que se fajen, pero eso no es boxeo. La gente lo cataloga como boxeo amateur, pero no lo es; es una pachanga. Creo que el público va por el show y no por el deporte. Cantan Ozuna o Eladio Carrión, pagas 60 pavos y te echas un concierto gratis, prácticamente. Si entre esos combates dijeran: «Vamos a poner dos peleas de boxeo puro para que la gente conozca la realidad», me parecería perfecto. Estaría de acuerdo para que el público viera qué es el boxeo de verdad. Ya después, que hagan el show que quieran.

P.- Hablando de temas de actualidad, también hace nada el Comité Olímpico Internacional ha prohibido a las mujeres transgénero participar en competiciones femeninas. ¿Qué opinas acerca de eso?
R.- [Prohibir la participación de mujeres trans en categorías femeninas es] lo mejor que han hecho. Ya pasó en París con varias boxeadoras, sobre todo con Imane Khelif. En su momento me criticaron, pero a mí me la suda; siempre voy a decir la verdad delante de quien sea. Estaba mal hecho. Pregunté a entrenadores que estuvieron conmigo en Cuba y ahora están en otros países, y me decían: «Enmanuel, mi boxeadora es dura y le estaban doliendo los golpes». Le dolían de verdad. Que sea mujer por fuera, vale, pero a nivel genético es un hombre; solo había que verle los brazos. Al final se descubrió que tenía cromosomas y hormonas de hombre, por lo que golpeaba mucho más duro. Yo estoy a favor de la igualdad: que la mujer sea bombero, policía o trabaje en la construcción. Pero en el deporte no estoy de acuerdo, porque un hombre es un hombre y una mujer es una mujer. Una mujer no va a golpear igual que un hombre, aunque ella pese 100 kilos y él 48. Pasó también en halterofilia; tenías que ver la cara de las mujeres, de verdad, en el podio viendo cómo ganaba un hombre. Estas cosas se pueden evitar antes de que ocurra una desgracia.
P.- Fuiste uno de los pocos medallistas olímpicos a los que Pedro Sánchez no felicitó.
R.- Eso me dijeron. Yo ni me enteré hasta que la gente empezó a mandarme comentarios. A mí me da igual; mi objetivo era ir a la Olimpiada y ganar el oro para España. Si alguna vez coincido con él, le pondré en su lugar: «Tienes que ser correcto, mi hermano, tienes que ser un tipo serio». No me molestó porque el ser humano está aquí un ratito y nos vamos a morir mañana. ¿Que a él le caigo mal? Es su problema. Él será quien duerma mal recordándolo; yo duermo feliz y tranquilo con mi medalla. Si gano el oro en Los Ángeles y me saluda, le diré: «¡Mira, podemos ir a comer algo!», y no pasa nada.
P.- ¿Cuál es el gancho más duro que te ha dado la vida?
R.- La muerte de mi abuela mientras yo venía para acá. Eso fue lo que me cambió el chip. Ahora defiendo lo que pasa en Cuba, pero no quiero regresar simplemente por ella. Pasó mucho trabajo, vivió la vida entera luchando como una caballa y no tuvo casi nada; no conoció el mundo. Esa es la parte más dura.
P.- ¿Y cuál es el gancho más duro que tú le has dado a la vida?
R.- Ser medallista olímpico. Estoy muy contento. Como le dije a mi papá el día que llegué de la Olimpiada: «Ya cumplí contigo, ya puedo morirme tranquilo porque tienes un hijo medallista olímpico». Ya estoy en los libros; cuando yo me vaya, seguiré apareciendo ahí. Mi padre puede estar orgulloso de tener un hijo en la historia olímpica.
P.- Metafóricamente hablando, si tuvieses que enviar a alguien al cielo, ¿a quién sería?
R.- Al cielo… a mi abuela.
P.- ¿Y al infierno?
R.- Mete un saco si quieres, que esa pregunta es muy corta para tanta gente. Enviaría a todas las personas que oprimen al pueblo. Me gusta ver a todo el mundo bien. Aunque boxee y dé hostias, no soy una persona mala. Si te veo pasando trabajo, trato de ayudarte. Aunque luego el ser humano sea una basura, no pasa nada, ahí arriba está Dios para cobrar las cuentas. Ayudo al que puedo, y el que no ayuda, ese sí que se va para el infierno.
P.- ¿A quién enviarías al purgatorio para ser juzgado?
R.- ¿A ser juzgado? A toda la gente que dice mentiras. Que los juzguen ahí y les echen buena pena.
P.- Enmanuel Reyes Pla, ha sido un placer que te pasaras por aquí.
R.- Muchas gracias a ti.
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