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Economía

Repitan conmigo: la bolsa no es la economía

Actividad e inflación están evolucionando al unísono: cuando aquella repunta, esta se aviva, y viceversa: cuando aquella se estanca, esta remite

Repitan conmigo: la bolsa no es la economía
Valores del Ibex 35 en el Palacio de la Bolsa de Madrid.|EP

Los domingos el profesor del IESE Javier Díaz-Giménez y yo grabamos el podcast El Gris Importa y, cuando este sábado le pasé posibles temas y le comenté que no habría más remedio que abordar la costalada tremenda que se habían dado el Ibex y compañía, me contestó a vuelta de wasap: «Repitan conmigo: la bolsa no es la economía». 

Paul Samuelson ya señaló con fina ironía que «los mercados han anticipado nueve de las cinco últimas recesiones» y en el vídeo aprovechamos para recordar algunos episodios de histeria y los peregrinos sucesos que los causaron, como la caída del caballo de Ronald Reagan o la confirmación de que la mancha del vestido azul de Monica Lewinsky había salido de donde había salido. Ahora, el desencadenante del viernes negro parece más serio: omicrón, una variante de la covid que, según Arcano Economic Research, suscita un doble temor: (1) que sea más contagiosa que delta y (2) que eluda las vacunas. 

Hablar de lo segundo es prematuro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha catalogado omicrón como «de preocupación» porque acumula más de 30 mutaciones en la espícula, que es la ganzúa que usa para forzar la cerradura de las células, hacerse con su maquinaria y ponerla a producir más virus. Algunas de esas mutaciones están asociadas con cierta habilidad para burlar las defensas del organismo, pero por ahora no hay datos que lo corroboren y llevará días, si no semanas, recopilarlos. 

Respecto de los contagios, la variante se ha convertido rápidamente en dominante en la provincia sudafricana de Guateng, pero el genetista Fernando González Candelas advierte de que allí apenas había habido casos y la tasa de vacunación es muy baja, dos factores que habrían acelerado su propagación. Arcano también recuerda que, según los científicos, «es difícil que se vayan a producir grandes saltos en la transmisibilidad», porque «los coronavirus anteriores tuvieron un R0 (número básico reproductivo) máximo de 7 y delta ya se encuentra entre 6 y 7».

Más preparados

Por tanto y con las debidas cautelas, no es tan fiero omicrón como lo pintan. Y si al final resultara que sí lo es, algo hemos aprendido estos últimos meses. Piensen que en noviembre de 2019, cuando el Centro Nacional Estadounidense de Inteligencia Médica alertó a Estados Unidos, Israel y la OTAN de la aparición en Wuhan de una sospechosa neumonía, nadie le dio importancia, empezando por la propia OMS. Occidente reaccionó cuando los sistemas de salud ya estaban desbordados. Los sanitarios carecían de equipos de protección individual (EPI) y respiradores. Tampoco había gel hidroalcohólico, mascarillas, pruebas…

En noviembre de 2012, por el contrario, hemos saltado como accionados por un resorte. Rápidamente se han cancelado vuelos y decretado cuarentenas. Disponemos de EPI, respiradores, mascarillas, gel, pruebas. Hemos levantado hospitales monográficos especializados en pandemias. Media docena de tratamientos se encuentran pendientes del visto bueno de la Agencia Europea del Medicamento y, si hubiera que desarrollar una vacuna desde cero, todo el proceso sería mucho más rápido: Pfizer podría tener los viales listos en 100 días y Moderna incluso antes.

Precios altos y recesión

A pesar de todo, las bolsas descontaron el viernes un impacto no menor y muchos inversores han estado agitando por los parqués el fantasma de la estanflación, es decir, una mezcla de precios altos y recesión muy complicada de manejar para las autoridades fiscales y monetarias. «Parece, a priori, una certeza casi absoluta», dice Simon Thorp, responsable de la gestora Aperture Investors. «Pero», añade a renglón seguido, «las cosas raramente están claras en economía», y lo que estamos viendo es de hecho todo lo contrario. Actividad e inflación evolucionan al unísono: cuando aquella repunta, esta se aviva, y viceversa: cuando aquella se estanca, esta remite. El viernes negro lo confirmó: el temor a que otra ronda de restricciones parase la economía hundió el petróleo. «No veo cómo van a subir los precios si no hay crecimiento», reflexiona Díaz-Giménez en el podcast. «Con lo cual, o estan o flación. Si hay estan, no hay flación y, si hay flación, no hay estan».

Naturalmente, Díaz-Giménez y yo podemos equivocarnos. No sería la primera vez ni la última. Pero, puestos a elegir, ¿se fía usted más de lo que Benjamin Graham llamó el señor Mercado? Este sujeto se presenta cada mañana en su casa para plantearle una operación, pero es ciclotímico y sufre bruscos cambios de humor. Unos días está eufórico y decide que todo vale mucho. El jueves, por ejemplo, le pareció que la hotelera Meliá estaba barata y le metió un subidón del 5,6%. Pero el viernes se levantó con el pie izquierdo, pensó que tampoco era para tanto y la hundió casi el 8%. En dos sesiones y sin hacer nada sustancialmente distinto, el precio de la cadena ha sufrido un vaivén de 200 millones. ¿Tiene algún sentido?

Repitan conmigo: la bolsa no es la economía.

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