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Economía

Las grandes empresas aceleran sus planes para afrontar un lustro de crisis económica

Las pocas perspectivas de que la guerra acabe en Ucrania han activado los escenarios más pesimistas en las corporaciones españolas

Las grandes empresas aceleran sus planes para afrontar un lustro de crisis económica

Imagen reciente de una mujer protestando contra la ocupación rusa de Ucrania. | Agencias

Las grandes empresas españolas han acelerado sus planes estratégicos o de contingencia para hacer frente a las consecuencias de la guerra de Ucrania en la economía internacional y en sus propias cuentas. Y lo hacen trabajando en los escenarios más negativos. Fuentes de algunas compañías consultadas por THE OBJECTIVE indican que los efectos más lesivos se podrían sentir en un horizonte de cinco años y que muchos problemas derivados del conflicto -como los elevados precios de la energía y una inflación desbocada- podrían haber llegado para quedarse.

Eléctricas, operadoras de telecomunicaciones, bancos, constructoras, empresas de infraestructuras. La mayoría de las grandes compañías del Ibex 35 han estado monitorizando durante buena parte del año la evolución del conflicto y después de ocho meses han evitado hacer grandes ajustes con la esperanza de que la situación fuese a mejor y que las autoridades pusieran freno a la escalada de la inflación o contuviesen la ralentización económica. El problema es que el escenario ha ido a peor y amenaza con ser más negativo en los próximos meses.

El conflicto en Ucrania que amenaza con enquistarse, sumado a una serie de indicadores macroeconómicos que no mejoran -con riesgo de recesión en 2023 en Alemania y en la zona euro- y una estanflación jalonada por la progresiva subida de los tipos de interés, ha generado una tormenta perfecta que no solo pronostica un desplome el próximo año, sino que además amenaza con que la crisis se mantenga varios años más.

Imagen de un cráter creado por una explosión de las tropas rusas en Kiev, Ucrania.

Planes de las empresas

En este contexto, las grandes empresas han acelerado la toma de decisiones y ultiman planes que les permitan reconfigurar sus actuales hojas de ruta, ya no para afrontar solo el impacto de la guerra y la crisis energética, sino que sobre todo para lo que vendrá después del conflicto: un escenario mucho menos estable y propicio que el que se tenía antes de la pandemia. Se preparan importantes rebajas de costes, dimensionamiento de sus estructuras y nuevas formas de relacionarse con sus proveedores de clientes, buscando sinergias y oportunidades que les permitan tener cierta tranquilidad en un escenario con costes crecientes y ventas menguantes.

Este lunes se conoció que Telefónica -la octava empresa española por capitalización bursátil- prepara una actualización de su plan estratégico lanzado en 2020 y, aunque se desconocen todavía los detalles, se ha sabido que su objetivo es precisamente hacer frente a los efectos de la guerra, la inflación, la crisis energética y los retrasos en la cadena de suministros. En definitiva, un nuevo mundo económico que emergerá después de que acabe el conflicto.

La operadora de telecomunicaciones quiere aprobar el nuevo plan en noviembre para presentarlo oficialmente antes de que finalice el año en curso. La rapidez pasa porque su anterior plan expiraba este año, aunque también es cierto que la nueva hoja de ruta estará marcada por el empeoramiento de la situación económica mundial, europea y española. Telefónica debe afrontar un ciclo inversor sin precedentes en los próximos años derivado de las nuevas redes 5G y lo hará en el escenario económico más adverso en una década.

Pero Telefónica no será la única. En las próximas semanas se cerrarán nuevos planes de contingencia que solo en algunos casos se harán públicos, pero en la mayoría de las ocasiones se quedarán en comunicaciones internas. Y será en empresas de varios sectores, en especial los más afectados por la crisis energética, pero también en empresas que están viendo cómo sus cuentas están duramente afectadas por el aumento de los costes de todos los suministros.

Efectos a largo plazo

La gran reflexión común que se hace en las grandes empresas es que la crisis no será temporal. Y pese a que los organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), indican que en 2023 existirá una recesión «breve», lo cierto es que el análisis que se hace en las compañías españolas es que sus efectos se dejarán sentir al menos durante los próximos cinco años en forma de elevados costes de la energía e inflación alta (aunque ya no en dos dígitos).

El gran problema es que nada indica que la guerra de Ucrania acabará en los próximos meses. Los recientes bombardeos de Kiev dan pistas de que ninguno de los dos bandos está dispuesto a replegarse alejando el horizonte del fin de la guerra, como ya anticiparon las previsiones más pesimistas. Del mismo modo, las sanciones de la Unión Europea (UE) a Rusia hacen que cada vez esté más cerca la posibilidad de que Europa deje definitivamente de recibir gas ruso y suministro de carburantes de Moscú.

El vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, advirtió el lunes en un acto del Consejo General de Economistas de España (CGE) que no era descartable que la zona euro entrase en recesión técnica en los próximos trimestre aunque «no supondría una recesión excesivamente intensa». Respecto de la inflación, dijo que las perspectivas del BCE apuntan a que hasta finales de 2022 se mantendrá en torno a los niveles actuales para comenzar una ralentización en 2023, eso si no hay nuevas sorpresas negativas. Esas «sorpresas negativas» son las que ponen en alerta a las grandes empresas españolas.

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