Marta García (Ahorra con Marta): «La covid fue una prueba de control social»
La creadora de contenido e ‘influencer’ analiza la actualidad política y financiera desde una perspectiva crítica y directa
En un mundo donde el scroll infinito nos bombardea con promesas de éxito rápido y filtros de perfección, Marta García ha logrado algo mucho más difícil: conectar con la verdad del bolsillo. Bajo su usuario, Ahorra con Marta, esta joven empezó enseñando a los jóvenes a hackear el sistema para hacer que el dinero dure, pero su curiosidad la llevó a tirar de un hilo que conecta directamente con la política y la realidad social que nos rodea. Ahora, en El purgatorio de THE OBJECTIVE, la influencer aborda cuestiones como el acceso a la vivienda, la precariedad laboral y las dificultades para construir un proyecto de vida estable.
PREGUNTA.- En estos tiempos que corren, en los que parece que es muy complicado tener un euro en el bolsillo y que te dure, o poder comprarte una chuchería o lo que sea, ¿cómo harías para poder estirar un dinero el máximo tiempo posible?
RESPUESTA.- Pues a ver, yo siempre lo que recomiendo es priorizar. Ahora mismo estamos en un momento en la sociedad en el que tenemos tantas cosas en la cabeza que al final nos creemos que tenemos necesidades que no son reales. Si realmente todos nos preguntáramos: «Oye, ¿realmente necesito esto? ¿Me sobra esto?», el dinero nos duraría mucho más, porque sabríamos elegir en qué gastarlo.
P.- ¿Y qué crees que nos sobra?
R.- Pues mira, teniendo en cuenta que ahora mismo es un mundo de usar y tirar, las cosas ya no duran como antes. Además, nos cansamos enseguida y es algo que habría que recuperar.
P.- Después de haber empezado tan duro, lo mejor es presentarte primero. Marta García, tienes 34 años, llevas en redes, ¿cuánto?
R. Año y medio.
P.- Año y medio aproximadamente. Te está yendo muy bien. ¿Cuántos seguidores acumulas?
R.- 127.000.
P.- Oye, no está mal. Sí, son unos cuantos. Y en TikTok tendrás otros cuantos.
R.- 90.000, creo.
P.- 90.000. ¿Por qué empezaste en el mundo de las redes?
R.- Siempre me han gustado. Tuve Tuenti cuando salió, luego MySpace… Todo lo que iba saliendo a mí me gustaba. Y me gustaba mucho hacer fotos, salir, hablar… De toda la vida: mi padre compró una videocámara cuando nació mi hermano y yo iba haciendo entrevistas a la familia, preguntando tonterías como «¿Cuál es tu rey mago favorito?», lo que preguntaría una niña de ocho años. Un día vi un filón en la creación de contenido. Habría preferido crear algo, no sé, un poco más alegre, porque esto a veces te encabrona un poco.
P.- Empezaste, si no me equivoco, con finanzas y ahora estás haciendo contenido de política.
R.- Sí, porque entendí que las finanzas dependían mucho de nuestra política, y era algo que yo pensaba que estaba bastante más aislado. Y cuando me di cuenta de que no, dije: «Bueno, es que esto tiene el origen en la gente a la que le estamos dando el voto y la gente que nos gobierna».
P.- Pero no estudiaste ni política ni finanzas.
R.- No, estudié Magisterio de Inglés.
P.- Anda. ¿Y cómo terminas haciendo contenido de este tipo?
R.- Pues porque empecé a hacer vídeos. Al principio, eran tutoriales para ayudar a la gente a solicitar el paro o el ingreso mínimo vital, pero llegó un momento en el que tenía tantos comentarios de gente diciéndome que no habían cotizado y preguntándome que qué les correspondía, y dije: «¿Perdona? ¿Cotizar?». Digo: «Pues trabajar. Te corresponde tener un sueldo para mantenerte». Y en vez de enfocarlo a cómo acceder a ayudas, a ver que los que están trabajando no tienen derecho a ayudas y preguntarme por qué. Fue cuando empecé a hablar un poco más desde el hartazgo cuando la cuenta empezó a subir.
«Nos venden necesidades que no son reales para que nos sobre mes al final del sueldo»
P.- ¿Trabajas como profesora?
R.- No.
P.- No, es decir, que solo te dedicas a las redes.
R.- Trabajo para un despacho de abogados.
P.- ¿De qué es? ¿A qué se dedica?
R.- A reclamar seguros abusivos, cláusulas suelo y cosas así.
P.- Una cosa que no estudiaste. Muy interesante. ¿Cómo terminas ahí?
R.- Porque también les hago los vídeos. Hago el contenido orgánico y los anuncios.
P.- Es decir, que estás en una parte quizá más de publicidad dentro de la empresa.
R.- Sí, pero también he aprendido bastante de legal.
P.- ¿Y a veces no te da vértigo el hecho de estar asesorando sobre finanzas sin haber estudiado? ¿No tienes comentarios, no te dicen nada?
R.- También tengo un equipo detrás. A medida que he ido creciendo y la gente ha ido confiando en mí, tanto me he formado como he contratado a unos asesores. Porque yo ofrezco, al final, asesorías financieras de cara a: «Oye, tienes un plan de pensiones, pues a lo mejor hay que revisarlo porque lo sacaste hace diez años y ahora ya no te interesa», cosas así. Tengo un equipo detrás, obviamente.
P.- Pero te has formado por ti misma.
R.- Sí, sí.
P.- ¿No te arrepientes quizá de no haber estudiado la carrera como tal de finanzas?
R.- Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida me ha llevado aquí. Todo el aprendizaje ha sido necesario para llegar donde estoy.
P.- Y a día de hoy lo que más te tira es la política.
R.- Más que la política, la actualidad; poder contar la realidad, porque me he dado cuenta en los últimos años de que, según el canal de televisión que pongas, la noticia se enfoca de una manera o de otra. Está todo muy sesgado, así que yo quiero poder decir lo que pienso y, con todas mis fuentes, decir: «Esta es la realidad».
P.- Al principio, habías mencionado que te encantaría hacer otro tipo de contenido más feliz. ¿Ves el mundo actual como algo sombrío, algo oscuro?
R.- Sí, siento que está en decadencia. Cuando estás todos los días leyendo noticias, informándote y viendo que es una tras otra, dices: «¿En qué momento esto va a mejorar?».
P.- Hombre, tenemos una guerra aquí al lado.
R.- Cada día es una. Desde el 1 de enero de 2026, todos los meses ha habido algo, y es que estamos en marzo.
P.- Antes te estaba viendo en una entrevista que habías hecho hace unos meses en la que decías que ya no eres Ahorra con Marta, ahora es Indígnate con Marta. ¿Dónde está el baremo o la línea de la crispación para poder conseguir más o menos views o más o menos likes?
R.- Sí, busco la herida, porque hay dos tipos de vídeo: aquel con el que tú te sientes un poco identificado, pero que te deja sin más, haces scroll y sigues con lo mismo; o el que te invita a comentar y a compartirlo. El vídeo que me interesa es el segundo. Yo quiero que la gente piense: «Me cago en la leche, se lo voy a mandar a fulanito». O que tenga algo que decir al respecto. A mí me gusta la interacción en mis vídeos y que la gente pueda decir lo que piensa, porque también me he dado cuenta de que ahora mismo mucha gente tiene miedo de decir realmente lo que piensa. Entonces, si dices algo y la gente te apoya, les das voz cuando no se atreven a alzarla. También esa parte me está ayudando mucho.
P.- Con toda la libertad que tenemos en redes sociales, ¿crees que vivimos en una época de censura?
R.- Sí, y yo lo veo muchísimo en Instagram.
P.- Comparte tu experiencia.
R.- Yo soy crítica con el Gobierno. Pero hay algo que dije en su momento cuando me querían posicionar con algún partido político: yo quiero tener la capacidad de decir lo que se hace bien y lo que se hace mal. No quiero aplaudir a alguien por ser de un color particular. No. Lo que pasa es que se da la casualidad de que, bajo mi punto de vista, el Gobierno últimamente hace demasiadas cosas mal, así que hablo más de eso. Y si subo un vídeo y digo «Pedro Sánchez», de repente, tengo 500 comentarios, pero 50.000 visualizaciones. Es que te lo capan. En TikTok igual: de repente te ponen «No cumple con los requisitos para salir en sugerencias».
P.- ¿Eso te ha pasado a ti?
R.- Sí. O te tumban muchos vídeos y te ponen que no, que la información no es verdadera. Son verificadores contratados y se nota.
P.- Esta pregunta me la he hecho yo muchas veces: las figuras mediáticas en redes, con una base de seguidores y fandom y demás, gente pendiente de vuestros vídeos… ¿Has recibido mensajes de algún político o partido político intentando de alguna forma captar tu atención, o te han invitado a algún evento?
R.- Sí, sí he tenido.
P.- ¿Y cuál ha sido la respuesta?
R.- Mira, me voy a mojar un poco: Considero que, tal y como está el país, la oposición debería estar haciendo cosas que no está haciendo y están aprovechando el «sí, lo estás haciendo todo muy mal», sin demostrar que quieren cambiar nada, ni poniendo alternativas sobre la mesa. Ahora mismo, no veo soluciones buenas y no quiero que se me relacione directamente con ningún partido, porque yo no soy fan de ningún partido. Puedo estar más de acuerdo o menos, o decir que, ahora mismo, no me parece que el Gobierno lo esté haciendo bien. Pero no voy a decir a la gente a quién tiene que votar.
P.- Si mañana hay unas elecciones en Madrid, tal y como está la situación, ¿votarías en blanco?
R.- No, tiraría a la derecha.
P.- ¡Ya no voy a preguntar más!
R.- No, no te preocupes. Tiraría a la derecha, sí. En blanco no, porque tristemente en este país votar en blanco no sirve de nada.
P.- ¿Por qué?
R.- Porque tendría que ser muchísima gente la que votase en blanco como para que se notara. Al final, siempre va a haber una mayoría, en vez de con 45.000 votos, con 12.000, pero va a existir.
P.- Es decir, nunca harías campaña en una red social acerca de un partido.
R.- Salvo que tenga todo lo que yo quiero. Yo antes era mucho más «roja» en el sentido de que me creía que las cosas que decían eran verdad. Yo pensaba: «Oye, derechos para los homosexuales, todos», no me planteaba ningún problema. Libertades, por así decirlo. Pero me he dado cuenta de que eso que estaban vendiendo son los que menos libertades te dan y me hace pensar: «Uf, pues si lo único que a lo mejor me podía medio convencer eran los derechos sociales y son mentira y os los habéis cargado, pues yo ya no tengo nada que hacer aquí». Al final, ningún partido te va a representar nunca al cien por cien. Por eso pienso que España debería tener un centro que por lo menos moderase algo, pero el centro aquí fracasó.
P.- ¿Te sientes decepcionada entonces por la izquierda?
R.- Sí, claro. Yo no soy votante de la izquierda, pero si lo hubiera sido, tendría la autocrítica de decir: «Me han estafado». Pero mucha gente no la tiene.
P.- No quiero que nos quedemos en lo que ya más o menos todo el mundo sabe acerca de las redes sociales. Cuéntame un poco más de ti: tus orígenes e infancia.
R.- Soy una chica normal de una familia normal de Alcalá de Henares. He vivido toda la vida allí y no pretendo mudarme porque me gusta. Siempre he tenido un poco esas inquietudes de hablar; siempre he sido muy preguntona, no paraba quieta. Al final hice lo que tenía que hacer: estudiar, ponerme a trabajar y poco más. Y seguir tocando algunos palos que me llamaban la atención para ver dónde estoy.
P.- ¿Y cómo ves tú a la juventud, hablando de esto de «pues mira, lo que tengo que hacer es estudiar, trabajar y trabajar hasta que me pueda jubilar y haya hecho una vida plena bajo la meritocracia»? ¿Cómo ves a la juventud a día de hoy? ¿Cómo ves a esos chavales de mi edad, por ejemplo?
R.- El sentimiento más generalizado es el de la incertidumbre. Un veinteañero ya ha vivido una pandemia, ha visto una evolución muy mala del país, cada vez más trabas para comprarse una casa, para prosperar. Tú ahora estudias, pero vas a buscar un puesto de trabajo y probablemente ese puesto de trabajo, por norma general, no te dé ni siquiera para pagarte un alquiler. Hay una sensación de desmotivación entre los jóvenes que a mí me da mucha pena. Porque cuando alguien quiere emprender y se encuentra con 300 millones de trabas, pues se rinde. Es evidente. Hay falta de motivación en este país y que no se está cuidando a los jóvenes, que al final son los que tienen que mover un poco España.
«A los empresarios se les demoniza, pero sin ellos España se apaga»
P.- ¿Cuál crees que es la traba más grande que nos encontramos a día de hoy?
R.- Como ahora, en muchos casos, sale más rentable no trabajar y cobrar ayudas que trabajar, y que, por mucho que se estudie y trabaje, es imposible comprar una casa y construir un futuro, la sensación es de incertidumbre. Y eso es lo peor: la sensación de hacer todo lo que se supone que tienes que hacer y no llegar.
P.- «Ahorra con Marta». ¿Desde cuándo ahorra Marta?
R.- Toda la vida. Siempre he sido ahorradora. Mi abuelo ya me ponía la típica hucha cuando era pequeña. Entonces no sabía nada de inflación, pero siempre he sido de gastar poco.
P.- ¿Nunca has sido una gran gastadora?
R.- No.
P.- ¿Y en cuanto a inversiones?
R.- Llevo un tiempo invirtiendo con un chico que conocí en redes, Javi Zone. Lleva más de 20 años dedicándose a la inversión, tiene una empresa del sector y llevo bastante tiempo invirtiendo con él.
P.- ¿Os consideráis, de alguna forma, gurús?
R.- No. Esto es como todo: tienes que guiarte tanto por la sensación que te da la persona como por lo que tú buscas. No me considero gurú.
P.- Te hago otra pregunta que suele venirme a la cabeza. No conozco a este chico con el que trabajas, pero sí a otros inversores de Instagram. ¿Alguna vez alguien te ha escrito diciendo: «Marta, he seguido un consejo tuyo y he perdido todo mi dinero»?
R.- No, porque yo no toco el dinero de nadie ni recomiendo inversiones concretas. Cuando alguien me pide ayuda para invertir, lo primero que les digo es que tienen que formarse. Es su dinero y a nadie le va a preocupar tanto como a esa persona. Es como un negocio: puedes tener ideas y delegar tareas, pero al que realmente le interesa que funcione es al que pone el dinero. Con las inversiones pasa lo mismo. Primero hay que entender lo que se está haciendo. Después, si falta el tiempo y se confía en alguien, que se haga con unas nociones básicas. Yo no voy a decirle a nadie: «Mete dinero en Amazon». Con la volatilidad del mercado ahora mismo, con todo lo que está pasando, es impredecible. No tengo los conocimientos para decirle a nadie que haga algo. Si me preguntan sobre temas que controlo, puedo orientar o recomendar profesionales, pero nunca decir dónde meter dinero.
P.- Entonces, ¿trabajas como una especie de captación de clientes para este otro chico?
R.- No. Con él invierto yo personalmente. No lo recomiendo a nadie, salvo que me pregunten directamente con quién me he formado. En el mundo de las inversiones hay mucho vendehúmos: gente que promete que con un curso de tres meses y 3.000 euros salgas siendo bróker, y eso no es verdad. Yo puedo contar lo que a mí me ha funcionado, pero no decirle a nadie cuánto invertir. Eso tiene que decidirlo cada persona. Lo que sí puedo asesorar es en cuestiones como planes de pensiones o inversiones a largo plazo en fondos, porque en eso me he formado y además tengo un equipo profesional detrás que sí lo ha estudiado.
P.- Cuando dices que te has formado, ¿te refieres a estudiar por tu cuenta, leer, informarte, o también has obtenido algún título?
R.- También he hecho cursos con empresas financieras.
P.- ¿Te han dado algún título para poder realizar estas operaciones?
R.- Sí. Entre el intrusismo laboral y que la gente pueda preguntarte «¿tú quién eres para hablar de esto?», prefiero tener acreditaciones. Hablo hasta donde sé.
P.- Empezaste tu contenido —según he visto— ayudando a gente a conseguir ayudas, becas y cosas por el estilo. Ahora que eres tan crítica con el Gobierno, ¿recomendarías lo contrario?
R.- No. El problema es que las becas tienen que existir, pero debe haber control sobre a quién se conceden. No puede ser que cualquiera pueda optar a una ayuda sin supervisión. Las ayudas están para ayudar, no para sustituir un trabajo. Hay que apoyar al estudiante que saca buenas notas y no puede estudiar por falta de recursos. Pero no puede ocurrir que alguien decida no trabajar porque tiene ansiedad crónica —por poner un ejemplo—, obtenga una baja durante un año y el sistema lo financie sin más. Mientras tanto, un autónomo que necesita parar un tiempo cobre muchísimo menos. El problema está ahí

P.- Vemos que desaparece del plano en estos últimos años la clase media. Ya vemos que hay una clase más precaria y una clase que está inflando dinero todos los días, y la clase media desaparece. Me gustaría que me dieras soluciones.
R.- Al final es lo que interesa: que haya gente a la que le vaya muy bien y a la que se le pueda echar la culpa: «Estos son los que tienen que pagar más impuestos», «Esta persona tiene cuatro pisos y por eso tú no puedes acceder a una vivienda». Y, al mismo tiempo, que haya gente que esté cada vez más empobrecida, aunque tenga su sueldo y su hipoteca. Que también exista ese enfrentamiento social de decir: «Tú, que estás aquí más abajo, necesitas mi ayuda; por lo tanto, vas a ser dependiente del Estado y te va a beneficiar todo lo que yo haga. Por lo tanto, me vas a querer votar». Entonces, desde el principio, el objetivo era que la clase media desapareciese. Porque la clase media, en realidad, sería un poco la única que puede decidir entre izquierda y derecha. Al final, la gente con más dinero suele tender más a la derecha y la gente con menos dinero suele tender más a la izquierda, a grandes rasgos.
«Las redes son el único lugar que el poder aún no puede silenciar del todo»
P.- A mí me viene una pregunta a la cabeza esencial para el público joven. Viendo una situación tan compleja y tan complicada para poder comprar o alquilar una casa, tiene que haber una manera de hacerlo, supongo. De alguna forma los jóvenes tendremos que vivir. Un chaval que estudia una carrera universitaria, que se gasta un dinero, que va a tener un trabajo que debería estar bien remunerado —aunque no llegue a los estándares de vida actuales—, ¿cómo puede hacer para poder comprarse una casa e independizarse?
R.- Tristemente, lo que te toca hacer es irte a las afueras de donde estés. Pensar en vivir en Madrid, en Barcelona o en zonas céntricas es bastante difícil. Yo me acabo de comprar una casa y me la he comprado a las afueras de donde vivo; estoy rodeada de vacas.
P.- Enhorabuena, por cierto.
R.- Gracias. He ahorrado durante bastante tiempo y pensé: «Es la primera casa que voy a tener. Ahora mismo es una oportunidad porque es un precio asequible para lo que estoy viendo». Pero no deja de ser una casa de 50 metros cuadrados, con dos habitaciones, que está bastante lejos. Tampoco es lo que desearías, pero es una oportunidad.
Al final, o tienes algo de ayuda o has tenido la visión de ir moviendo el dinero que vas ahorrando. Si no, llegas a los 28 años y, o alguien te ha ayudado, o has tenido un sueldo muy alto.
P.- ¿A ti te han ayudado?
R.- Sí, me ha ayudado mi madre. Porque no es lo mismo hace tres años, cuando empecé a pensar que quería comprar algo y había que dar de entrada 20.000 euros, que ahora, que hay que dar 50.000. Además, tienes que pagar impuestos sobre algo que ya has pagado.
Al final dices: «Esta es mi casa», pero luego te hipotecas 30 años para tener algo en lo que simplemente vas a vivir, que no es lo que realmente querrías ni donde querrías. A lo mejor tienes que ir al trabajo 50 minutos en coche o una hora y media en tren, pero es la única manera. ¿Qué alternativa tienes? ¿Meterte en una habitación por 1.000 euros? Es normal que eso desmotive.
P.- Una de las disputas que más veo sobre el tema de la vivienda o de la inflación —al menos en España— es si el problema es de las empresas o del Gobierno. ¿Dónde crees que está?
R.- Creo que está en el Gobierno. Los empresarios en España están bastante demonizados y parece que son los culpables de todo. Te dicen: «Cuando vas a comprar huevos, como el Gobierno tiene que limitar el precio, es el dueño de Mercadona quien está poniendo esos precios». Todo termina siendo culpa de quien tiene dinero o genera actividad económica.
La persona que ha montado una empresa está arriesgando su patrimonio y asumiendo responsabilidades. Si algo va mal, tiene que responder ante la ley, pagar a sus trabajadores y cumplir con muchas obligaciones. Es mucho más fácil sacarse una oposición y asegurarte ingresos y jubilación.
Sin empresarios no hay puestos de trabajo, por mucho que el Estado insista en lo contrario. Pero al Estado le interesa que cada vez haya más personas dependientes. El problema es que llega un momento en que, si hay más gente dependiendo del Estado que generando riqueza, el sistema se rompe porque no habrá forma de sostener el país.
P.- Esto engarza con la pregunta anterior sobre la desaparición de la clase media. Si pensamos que el IVA es un porcentaje fijo y que el precio que varía lo fijan las multinacionales, ¿quién quiere que desaparezca la clase media?
R.- El Gobierno, obviamente.

P .- ¿Pero si el precio lo están regulando las grandes empresas?
R.- Pero no te pueden decir: «Hace un tiempo reducimos el IVA de los productos básicos». Vale, reduces el IVA, pero eso es un engaño, porque ahora lo han vuelto a subir y los precios también han subido en supermercados como Mercadona. Te han reducido el IVA supuestamente como una ayuda, cuando lo que tendrían que hacer es establecer claramente qué IVA tienen determinados productos básicos.
No puede ser, por ejemplo, que de cada litro de gasolina se lleve un euro en impuestos. ¿Por qué? ¿Por qué de repente estalla una guerra y al día siguiente los precios de la gasolina ya están más altos aquí, cuando nosotros tenemos reservas?
P.- Bueno, pero eso es por un tema de especulación.
R.- Claro, obviamente. Pero luego te dicen en la televisión: «Cuando vayas a la compra y no puedas comprar, acuérdate de Trump; cuando vayas a poner gasolina, acuérdate de que nos ha metido en una guerra». Pero no es así. La especulación es lo que realmente está provocando esas subidas.
«Votar en blanco es tirar tu futuro a la basura; la derecha es mi única opción realista»
P.- Y en el tema de la vivienda en Madrid, ¿no tiene también mucho que ver la inversión extranjera?
R.- En realidad, el porcentaje es bastante bajo. Pasa algo parecido con los pisos turísticos: se intenta culpar de que no hay viviendas porque la gente tiene Airbnb, pero es un porcentaje diminuto. Siempre es más fácil decir «este que tiene cinco casas» o «este fondo de inversión tiene la culpa» que reconocer: «He prometido 400.000 viviendas que no he construido en siete años».
Cada vez vive más gente en España porque llega población inmigrante por distintos motivos, y las infraestructuras son limitadas. Si no seguimos produciendo ni creando vivienda, lo que hay termina teniendo que repartirse entre más personas.
P.- Pero en un mundo liberal es muy complicado hacer vivienda de protección oficial.
R.- Es complicado, pero era lo prometido. Si prometes cosas que no puedes cumplir y luego cada vez que sales a una rueda de prensa dices: «Vamos a hacer esto», «vamos a cambiar aquello»; al final la gente se ahoga con los alquileres. Y no hablo de personas que trabajen pocas horas: hablo de gente que trabaja muchísimo.
Luego baja la tasa de natalidad. Es muy complicado que una pareja piense en tener hijos si tiene dos sueldos, una hipoteca, necesita uno o dos coches para trabajar y, además, tiene que pagar colegios, comida y todos los gastos del día a día. Son muchos costes. Hace 20 años la gente veía que otras familias podían hacerlo. Antes veías familias con tres hijos que se iban de vacaciones a La Manga y no pasaba nada. Ahora mucha gente vive ahogada.
P.- En Madrid existe una especie de «visado de oro» para facilitar la inversión extranjera. ¿Tú lo mantendrías?
R.- Es positivo que haya inversión extranjera. Ojalá este país prosperara tanto tecnológicamente y en infraestructuras como para que la gente quiera venir aquí a invertir; que quieran apostar por España. El problema es que mucha gente se va de España y muchos negocios se trasladan fuera.
Si montas algo aquí, la presión fiscal y el control son muy altos. Luego se critica a quienes se van a Andorra o a Dubái. Pero si alguien factura 60.000 euros al mes, tiene empleados y tiene que pagar impuestos muy altos, el nivel de vida que puede tener en un sitio u otro cambia mucho.
P.- ¿Has pensado alguna vez en irte de aquí?
R.- No. Para empezar, no facturo lo suficiente como para planteármelo, pero además me gusta España.
P.- ¿Te quedarías aquí siempre?
R.- Sí.
P.- ¿Incluso si surgiera una gran oportunidad fuera?
R.- Tendría que ser algo excepcional, como cuando un futbolista del Rayo Vallecano recibe una llamada del Real Madrid. Algo que sabes que no va a volver a pasar.
P.- Entonces, a corto plazo, ¿no ves una solución clara?
R.- Tristemente, no. Además, todo está muy mezclado y la gente ya no distingue entre lo que está bien y lo que está mal. Se ha instalado una sensación general de que todo va a peor y de que ya no hay nada que hacer. Cuando la gente piensa que, haga lo que haga, nada va a cambiar, aparece esa sensación de haber tirado la toalla.
P.- ¿Cómo ves el futuro?
R.- Han pasado tantas cosas en estos años que no habría imaginado que ocurrieran que es difícil preverlo. Espero que en algún momento la gente se dé cuenta de que, si queremos prosperar y vivir con tranquilidad —no hablo de lujos, sino de vivir con cierta estabilidad—, habrá que reaccionar. Pero lo veo complicado.
P.- ¿Por qué?
R.- Porque la situación empeora muy poco a poco y nos vamos acostumbrando. Desde la covid, la mentalidad de la gente ha cambiado. Para mí fue un antes y un después: fue como comprobar hasta qué punto se puede controlar a la población y hasta dónde aguanta.
P.- ¿Crees que fue una prueba?
R.- Fue una forma de ver hasta dónde llegaba ese control. Ahora te quitan algo, la gente protesta un día y luego se olvida. En España hay escándalos constantemente: aparece dinero en un sitio, luego en otro, y parece que la gente va a reaccionar. Pero salen mil personas a la calle y al día siguiente nadie se acuerda.
Vivimos en una etapa en la que la noticia de hoy es gravísima, pero mañana aparece otra que te distrae y se olvida la anterior.
P.- ¿No crees que lo que antes era salir a la calle ahora se ha trasladado a las redes sociales?
R.- No tiene la misma fuerza. Hace poco vimos protestas del sector agrícola, con tractores y movilizaciones, ¿y qué ha pasado? Nada. Antes parecía que las movilizaciones generaban respuestas. Ahora puedes subir un vídeo que comparten 100.000 personas, pero ahí se queda. Mañana aparece otra noticia viral y todo el mundo pasa a otra cosa. Todo dura muy poco.
P.- Imagina que mañana hay elecciones generales y vuelve a ganar Pedro Sánchez. ¿Crees que la situación seguiría igual?
R.- Imagino que iríamos a peor si eso volviera a ocurrir. Pero sigue habiendo mucha gente que defiende lo indefendible y que no es capaz de decir: «Me he equivocado» o «esto no era lo que esperaba». Aun así, sigue habiendo mucha gente que le apoya.
P.- ¿No crees que también hay muchas personas que realmente sí apoyan su gestión?
R.- También, sí. Pero a veces la política se vive como si fuera un equipo de fútbol: «He sido siempre del Barça y lo seguiré siendo aunque no gane títulos», pero no debería funcionar así. Cada persona debería valorar qué le beneficia según su estilo de vida y sus objetivos.
Y, sin embargo, conozco a mucha gente que funciona así. Les puedes mostrar una contradicción evidente y siguen defendiendo lo mismo.
P.- Si mañana hubiese otro Gobierno que hiciera las cosas mal, ¿también lo criticarías?
R.- Sí. Si me prometen unas cosas y luego no cumplen, también lo diría.
P.- Si hubiera un caso de corrupción en otro partido, por ejemplo en el PP, ¿serías igual de crítica o pasarías a defenderlo?
R.- No, sería igual de crítica. Tengo la libertad de decir: «Esto está mal», venga de quien venga. También he criticado decisiones del Ayuntamiento de Madrid, como la tasa de basuras. No quiero ser palmera de nadie. Me interesa el bienestar de los ciudadanos, porque yo también lo soy.

P.- ¿Seguirá ahorrando Marta en el futuro?
R.- Sí. Mientras me dejen, seguiré.
P.- Te tengo que hacer tres preguntas que hacemos al final de cada episodio. Si tuvieses que enviar a alguien al cielo —de forma metafórica, alguien que consideres que lo ha hecho bien o que tiene estándares altos—, ¿a quién sería?
R.- ¿De política?
P .- ¡De la vida en general!
R .- Te diría a mi abuelo, pero el pobre ya está allí. O sea que le mandaría a él o a mi madre, sí.
P .- Si tuvieses que enviar a alguien al infierno, ¿a quién sería?
R .- A Pedro Sánchez, eso es que no tengo duda, lo siento. O a Zapatero.
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P .- Si tuvieses que enviar a alguien al purgatorio para que fuese juzgado.
R .- Pues ahí igual te digo a Trump, porque hay ciertas cosas que no sé.
P .- ¡A Trump! ¿Quién lo diría?
R .- Ya, pero es lo que te digo, que yo quiero quiero ser crítica con todo.
P .- ¿Y por qué? ¿Qué es lo que no te…?
R .- Pues a mí por lo de los archivos estos de Epstein que han salido, combinado con el boom que ha tenido la IA. Ahora, de repente, no sabes qué es verdad y qué es mentira, así que, aunque es un poco conspiranoico, no puedo evitar preguntarme si no ha sido un poco para que se pueda dudar de si es real o no. No puede ser que haya salido todo lo que ha salido con tanta gente con tanto poder mundial y que no se hable de eso, sino que te metan a los therians.
P .- O sea que crees que, tanto de parte del Gobierno suyo como de otros Gobiernos, salen pequeñas cosas como los therians para distraer, como una cortina de humo.
R .- Sí. Pienso que al final hacen con nosotros lo que lo que quieren y no hay nada más que poner la tele. Lo que pasa que las redes son más peligrosas porque no lo puedes controlar tanto.
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