Un hijo de Ana Botín sigue los pasos de su madre y entra en el negocio de la IA
Javier Morenés constituye en Madrid la firma 370 Labs meses después de que la banquera lanzara Telaris Lab

Ilustración de Alejandra Svriz
Uno de los hijos de Ana Botín, Javier Emilio Morenés, ha seguido los pasos de su madre y ha creado un laboratorio para la inteligencia artificial (IA), sumándose así a la ola existente con este fenómeno en todo el mundo. El vástago de la presidenta del Santander ha constituido recientemente 370 Labs, una sociedad que tiene por objeto la investigación y el desarrollo para impulsar la transformación digital en las organizaciones empresariales a través de soluciones con esta tecnología, además de prestar servicios de consultoría para tal fin.
La sociedad pertenece a 370 Holding, que el propio Morenés registró en España a finales del año pasado en plena expansión de los negocios de la familia de la banquera y, según los datos a los que ha accedido THE OBJECTIVE, inició su actividad a finales de febrero y se encuentra domiciliada en un inmueble que tiene la saga en Madrid.
Ana Botín, por su parte, formalizó el pasado noviembre la inscripción de una firma similar, denominada Telaris Lab, para analizar y prestar servicios de inteligencia artificial. Entonces, también lanzó una nueva patrimonial con un nombre inspirado en un conocido videojuego. Y todo ello, meses después de configurar otra sociedad dedicada a la explotación de minerales, en un momento de efervescencia de las llamadas tierras raras.
Este hijo de la presidenta del Santander está alejado de los focos mediáticos, a diferencia de su primogénito, Felipe Morenés, que es un destacado inversor inmobiliario y está casado con Julia Puig, una de las herederas de uno de los imperios de perfumerías más importantes de nuestro país. Al igual que su hermano y su madre, este también ha centrado parte de sus objetivos en el mundo de la IA, a través de la construcción de un centro de datos de tamaño significativo en Cantabria.
Javier Morenés ha pasado la mayor parte de su vida fuera de nuestras fronteras. Nació en Estados Unidos y su última residencia conocida estaba allí, según desveló la propia Ana Botín en un programa de televisión en el que participó hace años. En la actualidad, parece haberse fijado en España para hacer negocios.
Todas estas actividades son particulares y están al margen del Santander, el banco que controla la familia cántabra desde hace más de un siglo y que bajo su mandato ha dado un salto de gigante, hasta convertirse en una de las principales multinacionales y uno de los mayores bancos del mundo. Hace poco más de un mes, anunció un acuerdo para adquirir una entidad en Estados Unidos con la que poder competir a nivel global, por algo más de 10.000 millones de euros.
La saga de banqueros mantiene un pacto de accionistas en el Santander por el que Ana Botín y sus hermanos no pueden deshacerse libremente de la participación que tienen de manera individual. En los últimos tiempos, se ha unido a la alianza, aunque sea de manera indirecta, una nueva generación, que ha empezado a administrar parte de los títulos en el grupo financiero después de haberse reestructurado el acuerdo de estabilidad corporativa.
Los nuevos miembros han entrado a formar parte del pacto a través de seis compañías creadas en diciembre de 2025 y enero de 2026 por familiares de la presidenta del Santander, a las que se les ha transferido acciones del banco que ya eran de su propiedad. En concreto, se ha incluido Agropecuaria El Castaño Ibérica, de Javier Botín; Alina 38, ligada a Paloma Botín; Nueva Azil Horizonte, vinculada a Carolina Botín; y cuatro de Emilio Botín, a través de filiales de Puente San Miguel.
Hasta ahora, solo un miembro de la siguiente generación —hijos y sobrinos de Ana Botín— se había hecho cargo de la gestión de una de las empresas que componen la alianza accionarial de la entidad. Se trata de Tatiana Shin, que desde 2022 administra Nueva Azil y desde hace unas semanas Nueva Azil Horizonte.
Los Botín, a título personal o a través de empresas, son propietarios de 110,3 millones de acciones que forman parte de la alianza, un 0,75% del capital. El acuerdo pasó por su última reorganización en 2019 y por entonces los títulos adheridos al mismo sumaban 93,45 millones, por lo que el volumen ahora es superior. De este montante, 80,35 millones, el 0,55% del Santander, están sujetos a restricciones de transmisibilidad. La familia estableció que estas acciones solo podrían venderse o transmitirse previa autorización de la asamblea del sindicato, salvo que el adquirente sea la Fundación Botín.
