Argelia y Marruecos reactivan su pelea por crear un gasoducto que una Nigeria con Europa
Los gobiernos de Italia y España están atentos al desarrollo de estos dos megaproyectos

Gasoducto en Alemania. | Europa Press
Movimiento de tierras en geopolítica energética. Argelia y Marruecos han vuelto a activar su pelea por crear un gasoducto que una los yacimientos de gas de Nigeria con la costa europea. Ocurre en un momento donde precisamente la Unión Europea (UE) teme la escasez de este hidrocarburo tras la guerra en Irán, que ha provocado que se haya puesto en jaque su suministro por el bloqueo del estrecho de Ormuz. Un lugar por donde pasan los buques que precisamente abastecen con gas catarí a España.
Hace unas semanas, el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, anunció en una declaración conjunta con su homólogo nigerino, Abdourahamane Tiani, durante su visita a Argel, la firme decisión de la petrolera Sonatrach de comenzar a finales de marzo a construir en Níger el gasoducto transahariano (TSGP), que parte de Nigeria y conectará con Europa a través de Argelia. Un proyecto, que busca levantar un tubo de 4.000 kilómetros de longitud, que lleva varias décadas estudiándose, pero que en los últimos años ha estado desterrado.
Este plan competirá con el que pretende unir Nigeria con Marruecos hasta la costa española. Un proyecto, valorado en 25.000 millones de dólares (22.300 millones de euros), que atravesará una decena de países por medio de un cable eléctrico acuático de 6.000 kilómetros. Hace menos de un año recibió luz verde por parte del Gobierno marroquí. No obstante, el pasado noviembre, la consultora North Africa Risk Consulting (Narco) criticó este proyecto tachándolo de «elefante blanco» porque «su elevado coste tardaría casi tres siglos en recuperarse y apenas tendría impacto en el suministro energético».
Italia y España
Los gobiernos de Italia y España están atentos al desarrollo de estos dos megaproyectos. Por un lado, desde el Palacio Chigi han sabido aprovecharse de la deteriorada relación de España y Argelia para convertirse en su socio prioritario. De hecho, en enero de 2023, italianos y argelinos firmaron la construcción de un nuevo tubo para bombear gas. Un escenario que permitirá al gasoducto TSGP desembarcar en las costas italianas, convirtiendo a este país en un polo de exportación de gas para el resto de países miembros.
Por otro lado, España mantenía una buena relación diplomática con Argelia hasta 2022. Ese año decidió reconocer el Sáhara Occidental —aliado histórico de Argelia— como una provincia autónoma de Marruecos. Desde entonces, España ha priorizado su relación con el reino alauita y espera que triunfe el gasoducto nigeriano marroquí para lograr conectar a la península un nuevo tubo que bombee gas.
No obstante -y aunque el gas está llamado a ser la tecnología en la que se apoye el Ejecutivo para llevar a cabo la transición energética, sobre todo con el fin de la nuclear en 2035- el gasoducto nuevo desde Marruecos distribuirá gas, a diferencia del argelino, a una decena de países más.
Rusia limitará la venta de gas
Hace unos días, el viceprimer ministro de Rusia, Alexandr Nóvak, aseguró que parte del gas natural líquido (GNL) que va a Europa se iba a redirigir hacia otros mercados alternativos, como la India, Tailandia, Filipinas y China. Una amenaza que ha puesto en alerta a la Unión Europea, que, pese a que tiene un plan gradual para dejar de importar este hidrocarburo ruso para el año 2027, hoy muchos países siguen siendo dependientes de los metaneros del Kremlin.
Sin ir más lejos, España fue «el quinto mayor importador de gas ruso, comprando 114 millones de euros de GNL el pasado enero», según el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA, por sus siglas en inglés). Además, y según las estadísticas oficiales de Enagás, el gas ruso representó el 12,7% de la compra total de este hidrocarburo, solo por detrás de Argelia (que supuso el 29,4%) y Estados Unidos (con el 44,4%).
