The Objective
Macroeconomía

España es líder de la UE en miseria por el paro y la inflación mientras crece la presión fiscal

Una subida de los alimentos del 41% desde 2018 y la no deflactación del IRPF castigan a las rentas bajas

España es líder de la UE en miseria por el paro y la inflación mientras crece la presión fiscal

Varias personas hacen la compra en un mercado en una imagen de archivo. | EP

España ha sufrido una imparable escalada de precios: un 24% desde 2018. Entre los productos que más han subido figuran la alimentación y las bebidas, con un incremento del 41%. Los niveles superiores de inflación y desempleo con respecto a los socios europeos colocan al país en primera posición en el índice de miseria, según datos analizados por el Instituto Juan de Mariana.

La situación se ve agravada por la no deflactación de los impuestos, que conlleva una mayor tributación cuando los ingresos crecen aunque estos valgan menos por la subida del IPC, mermando así el poder adquisitivo. Según los cálculos de este think tank, las rentas más afectadas son las que van de los 18.000 a los 25.000 euros: un trabajador que ingrese 20.000 euros anuales paga 1.042 euros de más en su declaración como consecuencia directa de la no deflactación.

Aunque la subida de los precios se debe a múltiples factores, algunos en clave internacional, un aumento del gasto público y del endeudamiento como el que ha ocurrido en España en los últimos años suele acarrear un efecto inflacionario en la economía derivado de una política de estímulo o expansión fiscal que genera crecimiento a costa de aumentar el IPC. Según el Instituto Juan de Mariana, los precios han subido 3,4 veces más con el Gobierno de Pedro Sánchez que con el de Mariano Rajoy.

El coordinador de Estudios de este think tank, Diego Sánchez de la Cruz, detalla a THE OBJECTIVE que «en 2025 la subida del IPC ha sido del 3% en España y del 2,3% en la UE, por tanto, [el resto de la comunidad está] registrando incrementos de precio un 25% menores». «En España, los dos grandes males que pueden afectar a las rentas bajas y medias como son el paro e inflación tienen una incidencia especialmente elevada, por eso [el país está] en posiciones de cabeza del índice de miseria», una comparativa con Europa que deja a España «mal parada».

En su opinión, «que la subida de precios no lleve aparejada la debida deflactación del IRPF tiene consecuencias directas de subir los impuestos de forma masiva de forma opaca y encubierta», de modo que «para una renta de unos 30.000 euros, estamos hablando de una subida fiscal de 800 euros cada año y, para rentas bajas, [es] un salto en su tipo efectivo del IRPF que llega a ser de más del 150% entre 2018 y 2025». Sánchez de la Cruz considera que el país está «ante una enorme distorsión del volumen de carga fiscal», ya que, además, que «los mínimos exentos sean un 30% más bajos de lo que eran hace 15 años en España» implica un «golpe a los contribuyentes». Para revertirlo, propone ajustar la fiscalidad a la evolución de la inflación y aplicar una indexación automática de los tramos, tipos y umbrales de referencia del gravamen a la renta.

Para Javier Santacruz, economista, analista financiero y profesor universitario, «los salarios privados son los que más han perdido poder adquisitivo por la vía de la cesta de la compra, pero al mismo tiempo las empresas, salvo las grandes o salvo por la subida del SMI, no han podido subir salarios porque no generan beneficios crecientes y no se pueden sostener subidas de salario consistentes y eso lleva a que el nivel de salario real sea inferior al del año 2018». «Las cotizaciones y el impuesto renta añaden un dibujo completo: si en vez de salario medio [se habla] de renta disponible, [metiendo] el efecto de los impuestos del IRPF y las cotizaciones a la Seguridad Social, la foto es aún peor».

El economista Clemente Polo destaca que «en el caso de los alimentos, entre diciembre de 2020 y diciembre de 2025, han subido un 37%, las bebidas un 23%, los transportes un 25% y la restauración y los hoteles, un 27%», lo que define como «una subida fuerte» que «reduce lo que tienes para el resto», especialmente en las clases bajas y medias, «que se han visto más afectadas porque dedican una mayor parte de ingresos a alimentación y vivienda, los elementos imprescindibles». Constata una «pérdida de sensación de bienestar» por el aumento del coste de la vida e incide en que, aunque el sueldo medio presente incrementos, las cotizaciones sociales hacen que «el salario bruto no [sea] el que le llega a la gente».

«La capacidad adquisitiva de los salarios en 2023, 2024 y 2025, el salario medio, según el INE, creció más que la inflación, y se recuperó gran parte de la capacidad adquisitiva que se perdió en 2022», explica la experta en macroeconomía de Funcas María Jesús Fernández, que añade que «si comparamos con 2019, se habría perdido, pero poco» y «como hay más gente trabajando», la renta per cápita de los hogares «ha aumentado en términos reales». Aun así, «el consumo real per cápita no ha recuperado el nivel prepandemia hasta 2025».

Sin embargo, afirma que «la recaudación en relación con la renta de los hogares ha dado un salto importante en los últimos años como consecuencia de la no deflactación». Ello no ha impedido que los hogares aumenten su renta, según Fernández: «Hay que matizarlo, porque un joven que sigue en el hogar de sus padres tiene más renta pero a lo mejor no puede independizarse», con lo cual este indicador «no tiene por qué significar una mejora del bienestar».

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