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Telecomunicaciones

Una parte de la plantilla de Digi critica el modelo laboral de la 'teleco' que más crece en España

La operadora de telecomunicaciones firmó en 2025 su primer convenio colectivo con reproches de dos sindicatos

Una parte de la plantilla de Digi critica el modelo laboral de la ‘teleco’ que más crece en España

Sede de Digi en Madrid | Agencias

La operadora de telecomunicaciones Digi cerró 2025 como la que más clientes ha ganado en España. Se completa así más de un lustro de crecimiento ininterrumpido. Digi es además la que más empleo ha creado en un sector en el que los Expedientes de Regulación (ERE) han sido recurrentes. No obstante, este modelo de relaciones laborales -totalmente internalizado- comienza a generar discrepancias entre la plantilla, y son cada vez más las voces que piden mejorar la calidad y las condiciones de sus diferentes centros de trabajo, según ha podido confirmar THE OBJECTIVE.

En el año que acaba de terminar, Digi volvió a batir récord de portabilidades (robo de clientes a su competencia) con 994.000 cambios de línea netos, un 7,7% más frente al ejercicio anterior. Un curso en el que volvió a consolidar su modelo comercial de bajo coste y despliegue de nuevas infraestructuras (395 millones de inversión entre enero y septiembre), lo que implica un gran despliegue de fuerza de venta y de instaladores. Todos ellos contratados directamente por la compañía.

Digi terminó el curso rondando los 10.000 empleos, lo que les sitúa en el segundo lugar, pese a ser la cuarta operadora por clientes y facturación (cerca de los 1.000 millones). Vodafone tiene 5.000 trabajadores en plantilla y unos ingresos de unos 4.000 millones; MasOrange 7.500 y una facturación de 7.500 millones; y Telefónica España 20.000 tras el último ERE, con unos ingresos de 12.000 millones en España.

Críticas de CNT y CIG

En el caso de Digi, el debate es por la calidad y no por la cantidad del empleo. La operadora cerró en 2025 -tras meses de negociaciones- su primer convenio colectivo nacional, firmado con CCOO y UGT, pero con el desacuerdo de CNT y CIG. El pacto se ha presentado como un avance tras años de críticas. Los principales acuerdos consistieron en la homogeneización de condiciones en todo el territorio, calendario único de vacaciones, revisión salarial anual y determinados complementos comunes.

Una parte relevante de la plantilla y de los sindicatos —como CNT y CIG— denuncian que el nuevo marco supone un retroceso respecto a los convenios provinciales previos, con pérdida de derechos consolidados, mayor flexibilidad a favor de la empresa y recortes salariales indirectos. Para estos colectivos, la unificación no es sinónimo de mejora, sino de nivelación a la baja de condiciones que muchos de ellos ya tenían.

A la controversia sobre el contenido se suma el método de negociación. Parte de la plantilla denuncia falta de consulta real y de participación amplia, especialmente en territorios como Galicia y Andalucía, lo que ha generado una sensación de imposición desde arriba y de desconexión entre la dirección y los trabajadores. Esta percepción ha erosionado la legitimidad interna del convenio, aunque sea formalmente válido.

Movilizaciones

Nada más aprobarse -a mediados de 2025- CNT envió un duro comunicado («en nombre de un amplio número de trabajadoras y trabajadores de la empresa») en el que manifestaba su «rechazo absoluto» al acuerdo alcanzado. «Consideramos que el nuevo convenio pactado representa un enorme retroceso en materia de derechos laborales, condiciones de trabajo y beneficios adquiridos previamente. Lejos de suponer una mejora, el texto acordado supone un perjuicio directo a las condiciones laborales que actualmente disfrutamos».

Denunciaron además que «fue negociado sin contar en ningún momento con la opinión ni participación real de los trabajadores y trabajadoras de Digi». Y concluyeron señalando que no hubo «ningún proceso democrático de consulta, ni un intento mínimo por recoger las inquietudes, propuestas o necesidades del conjunto de la plantilla. No aceptamos imposiciones que se firman a espaldas de quienes realmente sostenemos el funcionamiento diario de la empresa».

Por su parte, CIG (con base en La Coruña) criticó la existencia de una clara homogeneización nacional frente al disenso territorial. «Si el BOE lo publica tal cual (el convenio), habrá un suelo común de derechos y beneficios; pero el debate seguirá en salarios reales, tiempo de trabajo y desplazamientos», que a su juicio no se han mejorado ni se han reconocido. «Ahí se jugarán los ajustes de aplicación y próximas mejoras», recordó la representación sindical que convocó una huelga a finales de agosto y primeros de septiembre del año pasado.

Centros de trabajo de Digi

Las críticas -que se comparten en una parte relevante de los centros de trabajo- coinciden en la eficiencia extrema en costes, alta exigencia operativa y flexibilidad organizativa que recaen sobre salarios, turnos, cargas de trabajo y niveles de protección laboral. Además, la Inspección de Trabajo sancionó a Digi en Andalucía por prácticas como el incumplimiento del carácter voluntario del trabajo en domingos y festivos y otras vulneraciones que obligaron a la empresa a implantar un registro efectivo de la jornada laboral y a abonar las compensaciones económicas por trabajo en festivos.

El conflicto laboral se conecta con un problema más amplio: los límites operativos del modelo de bajo coste (low cost). Digi ha construido su ventaja competitiva, y su inagotable ganancia de clientes sobre precios muy bajos y márgenes ajustados. Pero gestionar una base con una estructura tan tensionada empieza a revelar algunos problemas como estrés en red, atención al cliente y organización interna. Con una plantilla mayoritariamente propia, la presión no se externaliza: recae directamente sobre los empleados, los procesos y la calidad del servicio.

Según sus propias cuentas, la operadora ya tiene más de 10,2 millones de accesos en España. Unos 6,93 millones de clientes cuentan con telefonía móvil, 2,43 millones tiene servicio de fibra, 768.000 tienen contratado el servicio de telefonía fija y más de 133.000 poseen servicio de televisión. Sus hogares pasados por banda ancha ya son 13 millones y -si consideramos que en 2026 tampoco subirán precios- su crecimiento potencial sigue siendo muy alto.

Sostenibilidad del modelo

El desafío estratégico es evidente y pasa por mantener precios agresivos sin deteriorar la fiabilidad ni disparar las bajas de clientes. A medida que el volumen crece, el modelo exige más inversión, mayor estabilidad laboral y una estructura operativa más robusta. De lo contrario, el ahorro en costes laborales y operativos puede transformarse en coste reputacional, pérdida de calidad y desgaste interno.

Digi ya no compite solo en crecimiento, sino en sostenibilidad del modelo. El debate laboral no es un fenómeno aislado; es el síntoma de una pregunta clave para su siguiente etapa: ¿Puede una operadora crecer indefinidamente en precio y volumen sin reforzar proporcionalmente las condiciones laborales, los procesos y el servicio? La respuesta determinará si Digi consolida su posición como alternativa en el mercado español o si el low cost, también en lo laboral -según denuncian algunos trabajadores- empieza a pasar factura.

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