El papa termina un difícil viaje a Birmania con una petición de respeto a las minorías

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El papa termina un difícil viaje a Birmania con una petición de respeto a las minorías
Foto: JORGE SILVA| Reuters

El papa Francisco ha concluido este jueves su viaje a Birmania en el que ha lanzado un llamamiento a la reconciliación del país y la defensa de las minorías y los derechos humanos, aunque sin referirse explícitamente a la persecución de la minoría musulmana rohingya. El papa, tras su estancia en el país, ha emprendido viaje a Bangladesh.

Su viaje a la actual Myanmar terminó con una misa ante miles de jóvenes birmanos en la catedral de Santa María de Rangún donde, de nuevo, les invitó a llevar a su país «la pasión por los derechos humanos y la justicia».

Al papa le había sido aconsejado por la Iglesia local que no pronunciase el termino rohingya, ya que podría provocar reacciones violentas por parte de grupos radicales, a pesar de que fue el mismo pontífice el que lanzó el primer llamamiento para ayudar a esta minoría musulmana que vive en el estado Rakáin.

Pero las cosas que se dicen desde Roma no suenan igual en un país donde el Ejército, que es responsable de la brutal ofensiva contra los rohingyas y ha provocado un éxodo de 620.000 personas hacia Bangladesh, controla aún ministerios claves como Interior, Defensa y Fronteras.

Y la frágil consejera de Estado, la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, debe medir sus acciones y palabras en una delicada transición hacia la democracia.

En este avispero birmano y con una pequeña comunidad católica, representada en varias etnias que también sufren persecuciones en otras zonas del país, se ha tenido que mover Francisco durante su histórica visita al país.

Sin embargo, no ha dejado de repetir la necesidad de no rechazar a las minorías, a las diferentes confesiones religiosas y respetar los derechos humanos.

Se desconoce lo que habló directamente tanto con el jefe del Ejército, Ming Aung Hlaing, con quien se entrevistó el lunes, ni con el presidente Hitn Kyaw o con Suu Kyi, pero públicamente en su primer discurso ante las autoridades pidió respeto y derechos para cada grupo étnico que «sienta como un hogar el país», entre los que estarían los rohingyas.

No hubo manifestaciones expresas sobre el éxodo de los 620.000 rohingyas a Bangladesh y las atrocidades cometidas por el Ejercito, como cuentan los supervivientes, pero sí un llamamiento de Francisco al «respeto por el Estado de derecho y un orden democrático que permita a cada individuo y a cada grupo -sin excluir a nadie- ofrecer su contribución legítima al bien común».

También en el encuentro con los líderes budistas del país, a quienes se les ha acusado de frialdad respecto a la persecución de los rohingyas o incluso, en el caso de los más radicales, de ser cómplices del Ejercito en esta «limpieza étnica», Francisco les instó a trabajar «por la paz, el respeto de la dignidad humana y la justicia para todos».

«Si debemos estar unidos, como es nuestro propósito, es necesario superar todas las formas de incomprensión, de intolerancia, de prejuicio y de odio», les dijo.

En estos días en Birmania, Francisco también se mostró cercano a la pequeña comunidad católica del país, de unas 650.000 personas, respecto a los 52 millones de la población birmana, de la que destacó su labor de ayuda «sin distinción de religiones y etnias».

Francisco deja Birmania a la espera de conocerse si su visita, como espera la Iglesia católica, ha reforzado la posición de Aung San Suu Kyi para continuar el proceso democrático en el país.

Tras la misa, Francisco ha emprendido viaje a Bangladesh desde donde cambiará la perspectiva de la crisis de los rohingya y el mensaje papal, pues los más de 620.000 personas que se hacinan en la zona fronteriza de Cox Bazar en condiciones infrahumanas constituyen una verdadera emergencia humanitaria, informa Efe.