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Ricardo Dudda

ETA contra la prensa libre

«’En primicia’, la serie documental de RTVE, reivindica al exdirector de ‘El Diario Vasco’, José Gabriel Mujika, un hombre poco conocido, amenazado por ETA»

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ETA contra la prensa libre

La periodista Lara Siscar y el exdirector del Diario Vasco, José Gabriel Mujiika en el programa 'En Primicia'. | RTVE

«Me estoy acordando de mucha gente con la que yo tenía mucha relación que de repente de la noche a la mañana ETA les ha quitado la vida y tú tienes que hacer el periódico del día siguiente», dice el exdirector de El Diario Vasco José Gabriel Mujika en la última entrega de En primicia, la serie documental de RTVE sobre periodistas españoles. Es un documental correcto, ortodoxo, que sin embargo resulta novedoso porque reivindica a un hombre poco conocido, que ejerció con dignidad y rigor su profesión desde la sombra y que fue amenazado por ETA, que intentó incluso asesinarlo. Si no lo consiguió fue por su compromiso absoluto con el casi anonimato (no aparecía en actos públicos, no había fotos de él, no aparecía en la televisión), por su meticulosidad y cautela y, quizá, también por algo de suerte.

Mujika cuenta que, cuando lo nombraron director del periódico, entró en la redacción en moto y salió de ella en un coche blindado con escoltas. «Esta etapa de horribles atentados, de amenazas, de coacciones, si algo ha dejado en mí es que me ha hecho una persona mucho más insensible, más endurecida ante las adversidades». Mujika apenas sonríe, solo muy tímidamente, y tampoco se emociona cuando habla de la muerte de amigos y cercanos, su vida alejado de su familia para garantizar su protección. Su frialdad era una manera de sobrevivir.

Se nota con sus hijos, que sufrieron un exilio forzado, y con los que nunca habló sobre su trabajo amenazado por ETA. No lo hizo ni cuando se volvieron adultos, y este documental, dice, es lo primero que sabrán de esos años. «Mediante este documental, ellos [sus hijos] van a llegar a saber cosas y testimonios de su padre que no han escuchado», dice. «Me van a conocer mejor, van a conocer con mejor detalle qué es lo que pasó en aquellos años en los que eran niños pequeños. Y entonces tendré oportunidad de darme cuenta de hasta qué punto todo eso sirvió para algo mejor».

Esa frialdad era también parte de su rigor y profesionalidad periodística. Cuando el director financiero de El Diario Vasco, Santiago Oleaga Elejabarrieta, fue asesinado por ETA, Mujika dijo a sus redactores «dejemos hablar a la cabeza y pongamos en silencio el corazón y hagamos mañana el mejor periódico que hayamos hecho». Su compromiso con el periódico era inquebrantable, y esa insistencia quizá un poco obcecada e idealista es en realidad la única manera de frenar a los totalitarios: a veces había que trabajar como si no estuvieran poniendo bombas, forzar una especie de normalidad para desafiar el relato de excepcionalidad mafiosa de los etarras. Su insistencia en denunciar el terrorismo e informar sobre sus víctimas no alteró su compromiso con el periodismo local, a veces hiperlocal, en Gipuzkoa, ni con la defensa de una identidad vasca antidogmática.

«Todavía hay gente que cree que tu libertad de expresión tiene un límite muy claro: mis propias ideas»

Su trabajo le mereció varias amenazas. En el documental, muestra una de las cartas que recibió de la organización terrorista. Su redacción es siniestra y adolescente, como todos los textos de la banda. «Un saludo», comienza. «La razón por la que nos dirigimos a ti es tu profesión de periodista y la función comunicativa que cumples en tanto que tal, así como la responsabilidad que has adquirido y sigues adquiriendo consciente o inconscientemente en el prolongamiento para la obtención de una solución definitiva al conflicto que enfrenta a Euskal Herria con el Estado español». A veces me recuerda a mis apuntes de la carrera de periodismo, aquellos más desfasados y radicalizados e influidos por la ola antiglobalización de los noventa: «No inventaremos nada cuando decimos que hoy en día los mass-medias son los principales instrumentos comunicativos de lo que se viene a llamar ‘la aldea global’ que en esa medida se convierten en importantísimos instrumentos para influir en la ‘opinión pública’».

La carta termina con una amenaza. «Son ya demasiados años en los que muchos periodistas se han escondido tras falsos escudos de ‘libertad de expresión’ y de ‘pluralidad de información’ para convertirse en armas para el combate de la unidad española y contra el independentismo. Y ya es tiempo de que cada uno se dé cuenta de la responsabilidad que ha adquirido. ETA quiere hacerte un llamamiento expreso a ti como profesional de la información para que asumas la función informativa que debe cumplir todo periodista y, rompiendo con toda una cadena de mentira informativa, colabores en dotar al conjunto de la sociedad a la que dices servir de una información veraz y plural».

Todavía hay gente que piensa así, que cree que tu libertad de expresión tiene un límite muy claro: mis propias ideas. Afortunadamente este tipo de mensajes ya no van acompañados de tiros en la nuca, pero es importante no olvidar que hace no mucho en País Vasco (y también en el resto de España) había individuos dispuestos a matarte si no les dabas la razón.

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