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Al pan, pan, y a la plaza del Vino…Constitución

Ya se sabe que en la hora de las grandes claudicaciones, los héroes, los de verdad, estorban

Foto: QUIQUE GARCIA | EFE

Tenemos encima el centenario de la muerte de don Benito Pérez Galdós, uno de esos casos en que las élites naufragan en la mediocridad activa y en la mala fe pasiva, y en que el pueblo llano, para variar, deslumbra. El entierro de Galdós, ninguneado por la cultura oficial de la época, sacó 30.000 gentes sencillas de Madrid a la calle, mayormente mujeres que, mucho antes de que se inventaran el #MeToo o Greta Thunberg, ya eran conscientes de lo que vale un peine. Y un libro. La despedida de Madrid a Galdós tuvo algo de espontáneo Dos de Mayo del corazón.

Recientemente he tenido oportunidad y además muchas ganas de releer el séptimo Episodio Nacional de la Primera Serie: Gerona. Allí Galdós le da una breve licencia a su héroe/alter ego favorito, Gabriel Araceli, para dejar la voz narrativa a un superviviente del tercer Sitio de Girona (ya me perdonarán que yo, que allí nací, me empeñe en escribirlo así…), cuando del 6 de mayo a mediados de diciembre de 1809, la Grande Armée trató de rendir por hambre la ciudad que, mal amurallada pero férrea y hasta irracionalmente defendida por Álvarez de Castro, había sido imposible tomar de otra manera.

Leído con ojos actuales conmueve zambullirse en el heroísmo gerundense según Galdós. En ese patriotismo que lo mismo cruza las líneas enemigas a bayoneta calada para llevar algo de suministros a los sitiados, que baila sardanas ante una niña enferma para hacerle creer que la guerra ha terminado, que un soldado se quita el pan de la boca para darlo a unos huérfanos horas después de casi asesinar a un vecino por la posesión de ese gran manjar que llegó a ser una rata…O que lleva a los muchos, muchísimos muertos, a enterrar a la plaza del Vino, actualmente plaza de la Constitución. Eso dice por lo menos en la nota a pie de página de la edición de Alianza que obra en mi poder. Dice que la primera edición es de 1976 y la segunda de 2019, qué listos, coincidiendo con la efemérides…Lo raro es que se les pasara que en 2019 la plaza de la Constitución de Girona ya ha dejado de llamarse así. ¿Para volver a llamarse plaza del Vino? Qué va. Porque a la alcaldesa de Junts per Catalunya, Marta Madrenas, no se le ocurrió otra cosa que arrancar las letras metálicas que decían “plaça de la Constitució”, echar cemento encima y rebautizar el histórico enclave con el nombre de “plaça de l’1 d’Octubre”. Y de paso dejar establecido que allí los únicos que tienen derecho a manifestarse son los partidarios de la independencia y, sobre todo, sobre todo, los que cuestionan la sentencia hecha pública el pasado 14 de octubre por el Tribunal Supremo. ¿La sentencia del Procés, un problema de orden público?

No lo digo yo, lo dice un informe policial de los Mossos que, cuando la intrépida presidenta de Societat Civil Catalana en Girona, Elda Mata, fue a pedir permiso para concentrarnos allí el 6 de diciembre pasado, para plantar un humilde atril desde el que conmemorar el 41 aniversario de la Carta Magna, le dijeron, nos dijeron, que mejor ahí no, que mejor no nos juntábamos en ese espacio donde habría contramanifestación indepe “seguro”. ¿Lo sabían porque la horda indepe habían solicitado permiso para ir, como habíamos hecho nosotros con todas las de la ley? Vamos hombre. Estos ya se sabe que aparecen donde, cuando y como quieren. Sólo que al irles ya conociendo, los Mossos activaron un dispositivo de lecheras, ambulancias y helicóptero (sin olvidar que, al echarnos de la plaza del Vino-de la Constitución-del 1 de Octubre para arrumbarnos a la sede de la subdelegación del Gobierno, quieras que no quedábamos al abrigo de la Policía Nacional…), bueno, pues aquello parecía el gueto de Varsovia justo antes de entrar la Gestapo. O la Girona de Álvarez de Castro justo antes de caer por hambre ante el francés.

La Historia se repite, no sé ya si como farsa o como doble ración de allioli. Por lo demás el acto muy bien. Consiguieron cruzar las filas enemigas y llegar a nuestra posición unos 200 valientes, conseguimos repartir 100 ejemplares bilingües de la Constitución. Oímos a los porchs (así llamaban los gerundenses sitiados a los franceses que les sitiaban…) chillar a cuatro patas allá a lo lejos. Los Mossos tuvieron que cargar para contenerles. Pero cargaron. Ni una queja. Así sea tragando bilis, la democracia ese día funcionó.

Como tontos del todo tampoco somos, no se nos escapa que a lo mejor funcionó porque ahora viene bien que funcione. Para despejar cierto tipo de alianzas que, siendo ya sorprendentes en aquello que más o menos se conoce y a la vista está, más y más nos van a pasmar a medida que vaya asomando algo más que la puntita del iceberg.

Simplificando, que no generalizando: sucede que muchos heroísmos se van a quedar en nada, que meses y años de resistencia pueden acabar sucumbiendo al hambre. Al hambre muy física de poder de algunos. Y ya se sabe que en la hora de las grandes claudicaciones, los héroes, los de verdad, estorban.

También es verdad que no sólo de héroes viven los pueblos. Y si los únicos que podían evitar ciertas cosas han preferido no dar un paso adelante y no entenderse, por aquello de qué dirán, por aquello de ay que no nos votarán, bueno, pues si ese es el plan, que se aparten y que hagan sitio.

Constitucionalistas y no constitucionalistas llevábamos largos y duros años frente a frente. En cuestión de semanas podemos estar políticamente muy revueltos y tener que gestionar formas muy nuevas y variadas de conflicto. Nuevas cepas de pactos hiperresistentes a la lógica. Veremos cosas rarísimas.

Quién viva, quizá alcance a conocer cómo se desanda el camino de la plaça de l’1 d’Octubre a la plaça de la Constitució y quién sabe, quién sabe si hasta la antigua y galdosiana Plaza del Vino…

Digas-me tu Girona,

Si te n’arrendiràs…

Com vols que m’arrendesca

si España no vol pas..

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