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Algunos hombres buenos

Cada vez que muere algún artista famoso, sus fans acusan a un hombre de paja de fingir que lo escuchaban/leían/veían desde siempre. Parece que hay más gente indignada por la falsa admiración de quienes dicen que son fans del viejo Leonard que realmente gente que llama a Leonard Cohen por su nombre de pila. Un ejemplo de esta actitud en las redes: “Ahora resulta que todo el mundo era fan y se sabía todas las canciones de Cohen”. Es una búsqueda de sofisticación, nada nueva, y una tentación en la que caemos muchos: uno siempre cree que es el mayor fan, que algunas obras le hablan directamente, y que los demás son insinceros. También hay una afán de señalar, para definirse uno mismo como lo contrario (sofisticado, sincero, realmente culto). El esnob de toda la vida, vaya.

Tras los ataques terroristas en Barcelona y Cambrils, las redes, o al menos mi timeline, se llenaron de mensajes que llamaban a la prudencia con respecto a la publicación de fotos; otros escribían frases vacías en las que decían que en situaciones como esta “lo mejor es estar callado” (no se daban cuenta de la ironía de esto). En muchos de ellos el afán era moralizante, a pesar de ser ingenuo y naïf, en otros la actitud se acercaba a lo que en el mundo anglosajón se llama virtue signalling: la necesidad de demostrar la bondad de uno. El Urban Dictionary lo define como “decir que amas u odias algo para demostrar lo bondadoso que eres, en lugar de tratar de arreglar el problema.” Es un concepto que ha capturado la alt-right para atacar la corrección política, pero tiene sentido más allá del meme y de su instrumentalización derechista.

Hay mucha gente que interpreta las redes sociales como espacios que te obligan a posicionarte, a dar tu opinión sobre todo. En general, son opiniones moralizantes, ante la falta de reflexión o de análisis de la realidad. El que siente que ha de opinar de todo a pesar de no haber leído o reflexionado tiene dos opciones: ser un “cuñado”, esto es, hablar sin saber, u opinar exclusivamente desde la moral, que es la mejor manera de evitar informarse o reflexionar. En un caso como un ataque terrorista, y a las pocas horas de que ocurra, uno solo puede hablar sin saber o moralizar lo que todavía no sabe pero intuye. En estas situaciones, los tuits y estados de Facebook no tienen información ni aportan nada, solo son aspavientos que funcionan como afirmación personal.

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