Francisco Pou

¿Andy Warhol en la cueva?

El americano más antiguo, 12 o 13 mil años. Es la conclusión de un estudio de Carbono 14 y, más fiable, Uranio-Torio sobre un esqueleto encontrado en Hoyo Negro, Yucatán. La noticia, sorprendentemente, habla de ADN mitocondrial como procedimiento de datación.

Opinión

¿Andy Warhol en la cueva?

El americano más antiguo, 12 o 13 mil años. Es la conclusión de un estudio de Carbono 14 y, más fiable, Uranio-Torio sobre un esqueleto encontrado en Hoyo Negro, Yucatán. La noticia, sorprendentemente, habla de ADN mitocondrial como procedimiento de datación.

El americano más antiguo, 12 o 13 mil años. Es la conclusión de un estudio de Carbono 14 y, más fiable, Uranio-Torio sobre un esqueleto encontrado en Hoyo Negro, Yucatán. La noticia, sorprendentemente, habla de ADN mitocondrial como procedimiento de datación, seguramente por error. Hace 7 años, National Geographic, con el apoyo de IBM, lanzó un proyecto entre los lectores, que podían enviar su ADN mediante algo de saliva en un tubo de ensayo, para trazar el mapa mitocondrial y, de alguna manera, las pertenencias, influencias y procedencias (tres conceptos muy diferentes pero que interactúan) más claras étnicamente en el globo terráqueo. Dudo que quedase ADN en esa calavera tras 13.000 años al baño maría.

Que todos los humanos vivientes hoy procedemos de una sola madre común, “la gran Abuela”, es algo comprobado por el mapa mitocondrial. No está probado, sin embargo, que pudieran existir linajes de otras “grandes abuelas” que pudieran después extinguirse por cualquier razón. De hecho, las pruebas de convivencia en el tiempo de los Neardenthal confirma que nuestra especie pudo compartir linajes que ya no existen.

Dos observaciones interesantes. La primera es la “juventud” del individuo hallado. Hace 13.000 años el estrecho de Bering era practicable a pié, haciendo posible la llegada de humanos desde Rusia a Canadá y México. Pero la antigüedad del hombre “racional”, Homo Sapiens, se estima en 200.000 años, por más que una clasificación de “Sapiens-Sapiens”, fundamentada en la capacidad cerebral, establece otra fase más cercana a los 40.000.

La segunda observación: hay evolución biológica corporal, pero no hay “evolución racional”. Podían los primeros hombres saber menos cosas, tener menos datos. Pero no eran más “tontos”. Jamás ha aparecido evidencia de “un poco de arte”. Basta ver las impresionantes pinturas de Chauvet o Altamira, que dejarían en ridículo en un concurso de pintura y sensibilidad a Andy Warhol . No hay “grados evolutivos” tampoco de libertad. Lo maravilloso de la Ciencia es también su silencio ante lo desconocido: el nacimiento de la vida, el nacimiento del hombre, primer ser creado con libertad en el tiempo. Un silencio de la Ciencia que abre paso a todas las formas de conocer del hombre, de las cuales el raciocinio es una más. El pintor de Chauvet, sólo hace falta sorprenderse ante la evidencia, conocía también con su corazón, con todo su ser.

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