José Carlos Rodríguez

Arden los montes

Arde Galicia, arde Asturias, y como cualquier otro fenómeno sobre el que se pose el ojo de mordor de la actualidad mediática, arde hasta consumirse la verdad sobre lo que ocurre. No es que la conozcamos con plenitud, sino que no importa en realidad cuál sea. Lo que cuenta no es lo que acaece, sino cómo recombinamos los elementos que nutren las noticias para trabar un relato que nos convenga. 

Opinión

Arden los montes
Foto: Brais Lorenzo
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Arde Galicia, arde Asturias, y como cualquier otro fenómeno sobre el que se pose el ojo de mordor de la actualidad mediática, arde hasta consumirse la verdad sobre lo que ocurre. No es que la conozcamos con plenitud, sino que no importa en realidad cuál sea. Lo que cuenta no es lo que acaece, sino cómo recombinamos los elementos que nutren las noticias para trabar un relato que nos convenga.

Los incendios son todos provocados. Y parece que la práctica totalidad, de forma intencionada. La treintena de incendios que hay en Asturias más la gran mayoría del centenar que asolan Galicia responden, a lo que parece a estas horas, a los que se producen habitualmente en otoño e invierno en las zonas altas. Los ganaderos los queman para renovar los pastos. Esto se conoce de antiguo. El mal tiempo ha querido que el verano se extienda más allá del Pilar, la tierra está seca, los vientos juegan con los pobres esfuerzos humanos por acallar las llamas, y éstas encienden la noche y oscurecen el día, amenazantes, tiñen de rojo la luna y de negro el paisaje. El fuego ha bajado a pueblos y ciudades, amenaza las viviendas esparcidas en las cercanías de las poblaciones, y devora lo que encuentra a su paso.

Los economistas saben que cuando la acción de una persona, o grupo de personas, desborda su ámbito más inmediato, puede haber problemas. Externalidades, llaman a esas acciones desbordadas. Y han observado que lo que hay que hacer es vincular la acción a la responsabilidad por medio de una institución antigua como el neolítico, que es la propiedad privada. Esa institución no está ausente en Galicia, pero no está tan clara por lo que se refiere a los pastos. Y el resultado es que unos cuantos hacen con lo que no es de nadie, y con lo que sí es de alguien, lo que sólo les interesa a ellos.

Pero da igual. Lo importante del caso es crear un lema que sirva de ariete político, como NuncaMais y QuemanGaliza,que las redes también arden.

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