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Bigotes hitlerianos para la Merkel

Cómo olvidar aquellos bigotes hitlerianos con los que marcaban su rostro en las manifestaciones que atravesaban toda Europa. Cómo olvidar aquel ‘culo mantecoso’, el bungabunga, y las burlas con las que Berlusconi entretenía a los alegres mediterráneos, ante el silencio ominoso de un feminismo que, antes que mujer, la consideró conservadora. Media mujer, por tanto.

Hoy la canciller Angela Merkel ya no es ‘la Merkel’, ni vemos en ella a la dominátrix que quiere mantener al continente en la miseria por puro placer sádico. Hubo un tiempo en que las derechas y las izquierdas -sobre todo las izquierdas pero también las derechas cuando convino, recuerden las portadas de nuestra prensa conservadora- de todo el sur de Europa sólo estaban unidas por el odio a esta mujer que, durante un tiempo, representó mejor que nadie la demostración del célebre adagio de Carlos Rodríguez Braun: “El mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo expiatorio”.

Angela Merkel es la dirigente que se atrevió a mirar a los ojos a una niña refugiada palestina para revelarle que “a veces la política es dura” y luego acudió a consolarla y la acarició y calló con firmeza a un tipo muy cursi que ejercía de presentador en una escena milagrosa donde parece confluir toda la racionalidad política que todavía queda en este continente exhausto.

Todos recordamos cuál fue el enfoque de la inmensa mayoría de los medios: El día que Merkel hizo llorar a una refugiada palestina. Poco tiempo después, aquella canciller gélida e inhumana hizo enrojecer a los fariseos al arriesgarlo todo por la más solidaria política de acogida de refugiados que ha conocido Europa.

La otrora culo mantecoso es hoy la líder por aclamación de lo que queda de la racionalidad política occidental y Alemania el bastión de la lucha contra la infección nacionalista de los Trump, Orbán, Farage o Le Pen. Y ya que tanto nos gusta revolcarnos en el cenagal de causas que pudieron traer esta viralidad populista, quizás convenga apuntarnos aquellos frívolos bigotes hitlerianos que le pintábamos a la cancilller alemana Angela Merkel cuando era ‘la Merkel’. Cuando todo es fascismo, nada lo es.

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