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Calentamiento mental

Las hormigas del G7 han decidido que no van a permitir que la temperatura del planeta suba más allá de dos grados centígrados. Yo estoy convencido de que han hablado con el sol y le han prohibido calentar más de la cuenta.

Todos los científicos, e incluso las personas que aún conservan un poco de sentido común, están de acuerdo en que el planeta Tierra es una especie de mota de polvo insignificante que viaja a una velocidad muy considerable alrededor de una, digamos, cerilla incandescente que llamamos Sol. Tanto la Tierra como el Sol tienen, en comparación con el universo conocido, el tamaño de un simple neutrino en un océano casi infinito de galaxias que van y vienen, se expanden o se contraen, giran o no giran y tal: todo depende de la última teoría del astrónomo de moda. Me apostaría un par de copas a que el señor Hawking estará de acuerdo en ponderar como insignificante la presencia material de la Tierra en el cosmos. 

Además, si retornamos a magnitudes más familiares y consideramos al planeta Tierra como una pelota de fútbol, los científicos nos advierten de que en su interior hay un magma incandescente que, de cuando en cuando, tiene la ocurrencia de mostrarse en forma de volcanes. La fina corteza terrestre, a su vez, estornuda, y los síntomas del constipado son terremotos y tsunamis. A los vientos que soplan por encima de esta corteza, en ocasiones, les da por enfadarse y entonces se transforman en ciclones, huracanes o tornados, que no tienen ninguna consideración por las casas de los habitantes del planeta y aún menos consideración por lo que respecta a las vidas de esos habitantes. Vienen a ser como un niño que, distraídamente o no, pisa un hormiguero y comete un genocidio con las hormigas. 

Las hormigas del G7 han decidido que no van a permitir que la temperatura del planeta suba más allá de dos grados centígrados. Yo estoy convencido de que han hablado con el sol y le han prohibido calentar más de la cuenta. Si no lo hace, el sol se expone a que la CIA le monte un golpe de estado y los rayos del astro se vuelvan contra él. Más o menos como en Libia o Siria. Este tipo de cosas nunca falla y el sol, ahora mismo, está muy acojonado con el G7, con la CIA y con los insectos que se creen dioses.  

Post Scriptum: por si no ha quedado clara la ironía, les diré que en abril se batió el récord de hielo marino en la Antártida, con 9'1 millones de kilómetros cuadrados. Y que estamos solo con una anomalía habitual de 2 décimas de grado y no de 8 décimas como pronosticaban los "calentólogos" del IPCC, que no sé muy bien de quiénes cobran, aunque intuyo con qué fines. Otra mentira de ese oxímoron llamado "pensamiento políticamente correcto".

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