Enrique García-Máiquez

Coleta de león

«Pablo Iglesias prefiere ser coleta de león que cabeza de oposición, a lo que hay que sumar que la cabeza del león socialista tiene tan pocas ideas propias que, a menudo, parece que manda o dirige o piensa la cola»

Opinión

Coleta de león
Foto: Salvador Sas| EFE
Enrique García-Máiquez

Enrique García-Máiquez

Profesor, poeta, columnista, crítico, traductor, provinciano, aforista, diarista. Todo junto y demasiado revuelto.

Muy rápido estamos celebrando los conservadores el batacazo vasco-gallego de Podemos. Que ha sido un costalazo de categoría, por supuesto. Las cosas, sin embargo, no son luego tan sencillas. Si nuestro sistema fuese representativo, Pablo Iglesias tendría que irse a la cola (a la coleta) del paro y no digo nada si esto fuese una empresa privada, que hasta podrían pedirle daños y perjuicios. Pero siendo, como es, un sistema parlamentario, un partido puede ser el furgón de cola, que si sus votos son necesarios para redondear la suma gubernativa, el partido sigue mandando. Los del PNV lo saben de sobra.

De hecho, este batacazo de Iglesias no es el primero. Las elecciones que le condujeron a la flamante vicepresidencia, los múltiples ministerios a dedo, más el anhelado control sobre el CNI fueron… un desastre para Podemos. Pablo Iglesias prefiere ser coleta de león que cabeza de oposición, a lo que hay que sumar que la cabeza del león socialista tiene tan pocas ideas propias que, a menudo, parece que manda o dirige o piensa la cola.

De modo que nos queda Pablo Iglesias para un rato largo. Porque Podemos ha caído estrepitosamente, pero no tanto el PSOE y, sobre todo, los aliados nacionalistas han subido. De modo que, en términos absolutos, las izquierdas siguen sumando con los nacionalismos y a Iglesias le da lo mismo ocho que ochenta, si, para la suma, con ocho basta. Se puede mandar más con menos, como la máxima minimalista, pero en la arquitectura del Congreso.

A lo que hay que añadir que Pablo Iglesias se presenta como el perfecto interlocutor casi imprescindible entre los nacionalismos de izquierda y el gobierno del PSOE. Se puede incluso sospechar que ha sacrificado (gambito de Mareas) su relevancia en el País Vasco y Galicia a cambio de ser el hombre afín que comprende a los nacionalistas y los lleva con carantoñas a los pactos de investidura o de presupuestos. Porque para defender sus votos en esas zonas tendría que haber optado por un mensaje diferenciado de los nacionalistas que les habría escocido a la hora de ir sumando en el Parlamento.

Aunque la humillación sea demasiado grande y puede que surja alguna tímida contestación interna (si queda), descarto que él tenga tentaciones de replantearse un cambio de estrategia. Por mucho que el resultado es casi imposible de empeorar, desastroso, las aritméticas y las geometrías variables seguirán estando ahí; y son la llave del poder. O adaptando un viejo dicho de los jugadores de golf: las elecciones dan la gloria, pero la aritmética la victoria.

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