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Cosas que he aprendido del "procés"

Foto: EMILIO MORENATTI | AP Foto

He ido tomando notas de las cosas que iba aprendiendo con este laberíntico proceso del “procés” (que tendrá la virtud, sin duda, de dar de comer a hermeneutas políticos durante décadas). Os las cuento:

El político que habla sólo con la razón, apenas alza la voz. Es como si fuera mudo.

La historia la escriben los empeñados en someter el azar a la coherencia del relato.

No se puede llevar el estandarte del Señor sin arrogancia.

En política la correlación de fuerzas importa mucho más que la correlación de ideas o de buenas intenciones.

Sea el que sea el peso de los argumentos, lo que realmente decide el fiel de la balanza es quiénes son los nuestros.

La convicción secreta del demócrata: “Quien no vota como yo, no es tan demócrata como cree”.

Llamamos inteligencia política al azar que ha tenido consecuencias positivas; al que ha tenido consecuencias negativas, preferimos llamarlo coerción.

El moderado tiene pocos admiradores entusiastas.

La historia siempre improvisa.

Cualquiera que siga una hoja de ruta corre el riesgo de acabar donde no quiere ir.

En política el bufón tiene más crédito social que el sabio.

Se puede respetar al que temes o al que amas, no al que te burlas.

Cuando crees que no sucede nada es que se están incubando las sorpresas.

Todo héroe es un audaz afortunado.

Cuando afirmas que “el pueblo quiere…”, te refieres a ti mismo ¿y a quién más?”

El consuelo del terco: si los giros de la historia son imprevisibles, ¿por qué no le han de llegar vientos portantes más tarde o más temprano?

Es soberano el que puede hacerse esperar.

Se puede iniciar un conflicto cuando apetezca. Pero no se puede acabar cuando apetece.

Si nos creemos con derecho a romper la legalidad que no nos gusta, a nadie le podremos criticar por no respetar la ilegalidad que nos gusta.

Las minorías no pintan nada cuando las mayorías no las necesitan.

Si has de ofender (léase “vencer”), no lo hagas a medias.

Equidistante es quien no cree que haya que odiar al contrario para vencerlo.

A los principios no les gusta el tiempo. Si les gustase, serían principios políticos.

No importa que te acusen los medios si te excusan los resultados.

No hay pueblo más derrotado que el que no entiende las razones de su derrota.

El político sensato elige ayudantes de cámara sordomudos.

No hay deshonestidad donde hay convicciones. Y este es el mayor peligro de la política.

No quiero llegar a Granada como extranjero.

Finalmente algo que he recordado frecuentemente de Maquiavelo, quien, a su vez, recordaba de Fernando el Católico: Los hombres a menudo se comportan como las pequeñas rapaces, que están tan ansiosas de conseguir su presa, incitadas por su naturaleza, que no se dan cuenta que un pájaro grande se ha colocado encima de ellas.

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