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Curro y las ‘alcoholidays’

“Parece que fue uno de esos actos de hooliganismo carentes de sentido”. Esta frase, que bien podría asociarse a lo que refleja la imagen –un joven británico borracho en la noche de la estación de esquí alpina de Val D'Isère-, viene de antiguo. Hace 110 años la pronunció el inspector Lestrade. O mejor dicho, Arthur Conan Doyle se la hizo pronunciar. La frase forma parte del relato ‘Los seis napoleones’ de la obra ‘El retorno de Sherlock Holmes’, publicado originalmente como serial en el mensual ‘The Strand Magazine’.

Aunque asociamos el término hooliganismo y su protagonista, el hooligan –comúnmente, un joven británico que, borracho, se muestra violento-, al fútbol y a las tragedias de los años 80 –Heysel, Hillsborough-, la presencia del término en un escrito de primeros del siglo XX en la obra de Doyle nos recuerda que no es un fenómeno reciente, y tampoco vinculado al fútbol.

(Y Doyle, por cierto, sabía de fútbol. En su juventud fue portero en Portsmouth antes de la formación oficial del equipo local, el Portsmouth FC).

Resulta chocante que en los estertores de la Inglaterra victoriana, epítome de la pompa y la corrección, surgiera en paralelo un movimiento, quizá una actitud, de alcoholismo y destrucción. Quizá sólo fuera el sobrante que se desbordaba del corsé moral de la época, aunque de alguna manera se ha convertido en tradición exportable que el Mediterráneo, como víctima, alienta. Turismo de borrachera, le llamamos. ‘Alcoholidays’: Cerveza, sangría, fiesta y un fin de semana con pocas o ninguna regla a cambio de un puñado de libras. Ahora también en cotas alpinas, como ven en la foto. Y en recintos que un día fueron exclusivos.

Pero antes de llevarnos a la cabeza, hagamos memoria. ¿Recuerdan, hace dos décadas, aquel anuncio de una agencia de viajes? "¿Dónde está Curro?", decía. Y en esencia ofrecía alcohol, fiesta, playa y pocas o ninguna regla en un clima más cálido –incluso- que el nuestro: el Caribe. A cambio de un puñado de pesetas, más tarde euros. Y allí fueron, muchos. Y allí fuimos.

Oh, oh. Vaya. ¿No será, por mucho que nos duela, que hacíamos algo muy parecido a lo que hacen estos británicos de las borracheras, pero sin que trascendiera?

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