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Del sueño de 1978 a 40 años de desgaste

Foto: SARIS | AP

Fue el sueño de una breve legislatura y yo recuerdo el camino hacia la Constitución de 1978 a través de un prisma bastante particular: el de quien era un periodista joven, atosigado por el momento histórico y por la responsabilidad de redactor jefe de cierre de un diario vespertino -sí, esas cosas existían- obligado a meter con calzador la mayor cantidad de noticias históricas cada día antes de las tres de la tarde, y a la vez el del hijo de uno de los senadores que estaban escribiendo aquella Constitución democrática.

Las Cortes Constituyentes incluían una categoría parlamentaria, la de los senadores de designación real, que desaparecería con la nueva Constitución. Los elegidos por el Rey se distribuirían libremente por los grupos parlamentarios: algunos optaron por UCD, otros por Entesa dels Catalans, otros por Senadores Vascos, varios por el grupo mixto. Pero 23 se repartieron entre dos grupos formados exclusivamente por senadores reales: la Agrupación Independiente, más liberal, y el Grupo Independiente, más cercano a la órbita conservadora.

Es ya historia remota, pero sigo recordando con emoción la tarea, tan desinteresada, tan volcada al restablecimiento de lazos y lealtades entre los españoles que venían del Régimen y los del exilio interior y exterior, de aquella Agrupación cuyo portavoz era Justino de Azcárate, al que acompañaban Gloria Begué, Jaime de Carvajal, Camilo José Cela, Enrique Fuentes Quintana, Domingo García-Sabell, Antonio González, Julián Marías, Carlos Ollero, José Ortega Spottorno, Martín de Riquer, José Luis Sampedro y Víctor de la Serna Gutiérrez-Répide.

No fue decisiva su aportación al texto constitucional, desde luego: eso se cocinaba en el Congreso de los Diputados, y se negociaba fundamentalmente entre UCD, PSOE y Partido Comunista. Pero el prestigio intelectual de los senadores reales pesó en algunos momentos cruciales y contribuyó a aquel espíritu de reconciliación de las dos Españas que, 40 años más tarde, cuando estamos muchísimo más lejos en el tiempo de los momentos trágicos y cruentos que las separaron, parece a veces tan debilitado.

Más allá de celebrar la Constitución o de reformar la Constitución, lo importante, me parece, sería recuperar aquel espíritu que nos llevó a la Constitución. Importante… y quizá imposible.

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