THE OBJECTIVE
Marta Parreño Gala

Destructiva y hermosa

Cuando la destrucción y el dolor están fuera del cuadro, no hay nada, absolutamente nada, más bello que la naturaleza en plena acción. Su furia desatada es capaz de originar imágenes que ni siquiera el mejor director de cine fantástico sería capaz de inventar.

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Destructiva y hermosa

Cuando la destrucción y el dolor están fuera del cuadro, no hay nada, absolutamente nada, más bello que la naturaleza en plena acción. Su furia desatada es capaz de originar imágenes que ni siquiera el mejor director de cine fantástico sería capaz de inventar.

Que la naturaleza tiene carácter ya lo sabemos todos. Que tiene una fuerza descomunal y que esa fuerza es capaz de acabar en un suspiro con todo lo que hemos construido durante años, tampoco sería nada nuevo. Pero las fuentes de lava del Etna, los 80 tornados de Estados Unidos, la erupción del volcán Sinabung y la tormenta tropical de Vietnam que aparecían ayer en The Objective, aún en plena resaca del tifón Haiyan, hacen que hoy desee reivindicar el ingente poder de los elementos sobre nosotros, que todavía creemos poder controlarlo todo. Y es que no se puede maltratar eternamente y creer que quedaremos indemnes. 

Pero además de reivindicar ese poder, hoy alego a la belleza de las imágenes que producen cuando suceden lejos de lugares habitados por el hombre. Cuando la destrucción y el dolor están fuera del cuadro, no hay nada, absolutamente nada, más bello que la naturaleza en plena acción. Su furia desatada es capaz de originar imágenes que ni siquiera el mejor director de cine fantástico sería capaz de inventar. No hay fuerza más fotogénica, ni texturas más elaboradas, ni colores o luminosidades más imposibles. Gran muestra de ello dio Terrence Malick en su obra maestra ‘El Árbol de la Vida’.

Habla la espectadora que no ha sufrido sus golpes, ni su fuerza, ni su carácter. Habla la espectadora que observa y admira desde la barrera, a través de las pantallas, las humaredas volcánicas de formas humanas, los cielos adornados con decenas de pequeños tornados, el humo infinito, las cenizas. También las miles de casas sumergidas, las lágrimas y las pérdidas. La destrucción de la naturaleza bajo el abuso del hombre. O la destrucción del hombre bajo la fuerza de la naturaleza. Un binomio de equilibrio imposible por los siglos de los siglos.

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