Teodoro León Gross

El 1-O no es para Griffith, sino para Chesterton

Para medir la fascinación y la mística de una causa, nada como ver quienes son sus apóstoles sobrevenidos. La estrategia nacionalista en Cataluña ha invertido energía y dinero en dotarse de una proyección que traspasara fronteras, pero a estas alturas sus figuras internacionales más conspicuas son Assange, Varoufakis y Yoko Ono. No son muchos –más o menos  los mismos que en defensa del silbo gomero– pero es difícil encontrar un grupo más peculiar: el ciberactivista formado en los hackers Subversivos Internacionales que ha pasado cinco años en una embajada de Ecuador huyendo de dos delitos de violación y acoso, el ministro pijipop de Grecia elevado a icono antisistema al que en su país acusan de alta traición, y una artista de arte casi desconocido que se cargó a los Beatles. Enorme panda.

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El 1-O no es para Griffith, sino para Chesterton
Teodoro León Gross

Teodoro León Gross

(Málaga, 1966). Periodista y Profesor Titular de Comunicación en la Universidad de Málaga. Licenciado en Filología Hispánica, doctor en Periodismo. Columnista de El Mundo, antes en Vocento, y comentarista de la Cadena SER. Director de la Cátedra Manuel Alcántara, secretario académico de la Cátedra Unesco de Comunicación UMA. Autor de libros como El artículo de opinión o El periodismo débil, y numerosos textos sobre periodismo de opinión y sistema de medios. También ha publicado ensayos sobre Historia y Naturaleza.

Para medir la fascinación y la mística de una causa, nada como ver quienes son sus apóstoles sobrevenidos. La estrategia nacionalista en Cataluña ha invertido energía y dinero en dotarse de una proyección que traspasara fronteras, pero a estas alturas sus figuras internacionales más conspicuas son Assange, Varoufakis y Yoko Ono. No son muchos –más o menos  los mismos que en defensa del silbo gomero– pero es difícil encontrar un grupo más peculiar: el ciberactivista formado en los hackers Subversivos Internacionales que ha pasado cinco años en una embajada de Ecuador huyendo de dos delitos de violación y acoso, el ministro pijipop de Grecia elevado a icono antisistema al que en su país acusan de alta traición, y una artista de arte casi desconocido que se cargó a los Beatles. Enorme panda.

Aunque el independentismo catalán trate de alentar el imaginario de ‘el nacimiento una nación’ con una épica de multitudes al modo de D.W.Griffith –al final sus masas en la calle más bien evocan a los peores nacionalismos del siglo XX, tan dados a esas exhibiciones llenas de banderas, desde el Hitler o Stalin a Castro o Franco en la Plaza de Oriente– la tropa de Assange, Varoufakis y Yoko más bien hace pensar en ‘El hombre que fue Jueves’, aquella deliciosa sátira de Chesterton sobre el Consejo Central de Anarquistas del mundo, donde todos sus pintorescos miembros en realidad son impostores que no trabajaban para la causa sino para destruir la causa. Denles tiempo.

No es raro que Assange se haya subido al negocio del independentismo catalán tras sus guiños a favor de Trump o Le Pen. En definitiva es un tipo dedicado a desestabilizar estados occidentales democráticos. Por supuesto tiene encantada a su clientela catalana, donde él ya habrá calculado que en los próximos años será una estrella y hará caja con pingües beneficios. De momento parece tener interiorizado el consejo de Gabriel Syme, protagonista de la novela de Chesterton: «Sé siempre cómico en la tragedia. ¿Qué se puede ser si no?». Es su caso, desde llamar Pancho Sánchez a Sancho Panza a  ilustrar el 1-O con la foto de los tanques en Tiananmen, identificando una democracia de la UE con la dictadura china. Por ahí va el nivelito. A estas alturas acumula cientos de memes vitriólicos. Al final Assange va a quedar como el niño de la Tomasa del 1-O. Un exitazo.

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