Irene Cacabelos

El ala oeste de Ferraz

Más de uno pensó el domingo que Pedro Sánchez estaba anunciando su candidatura a la Casa Blanca. La Moncloa tiene menos glamour, para que nos vamos a engañar, pero los fontaneros de Ferraz prepararon una puesta de largo al más puro estilo Obama.

Opinión

El ala oeste de Ferraz

Más de uno pensó el domingo que Pedro Sánchez estaba anunciando su candidatura a la Casa Blanca. La Moncloa tiene menos glamour, para que nos vamos a engañar, pero los fontaneros de Ferraz prepararon una puesta de largo al más puro estilo Obama.

Más de uno pensó el domingo que Pedro Sánchez estaba anunciando su candidatura a la Casa Blanca. La Moncloa tiene menos glamour, para que nos vamos a engañar, pero los fontaneros de Ferraz prepararon una puesta de largo al más puro estilo Obama.

La elección del Circo Price se prestaba a titulares jocosos, pero todo quedó eclipsado por la ya célebre bandera de España proyectada en el escenario.

Sigue siendo curioso lo que pasa en este país cuando alguien la desempolva: que se convierte en noticia de portada. Sánchez las acaparó todas este lunes y no por su discurso, o por su proclamación, ni siquiera por su programa. Únicamente por la dichosa bandera.

No faltó de nada en la ceremonia de “coronación” socialista. Viejas y nuevas glorias, besos a la primera dama y vestuario a juego para la ocasión en el que primó el rojo PSOE. Y digo el color porque las siglas del partido estuvieron más bien ausentes, acentuando más si cabe el tono presidencialista que se augura en la carrera de Sánchez hacia la Moncloa.

Las siglas ya no venden y para muestra los nuevos partidos. Rivera e Iglesias son mucho más que Ciudadanos y Podemos y todo parece indicar que los socialistas se han dado cuenta. Así las cosas, Ferraz se juega todo a la carta del candidato Sánchez y es previsible que el secretario general acapare todo el protagonismo en la que puede ser una de las campañas más largas que se recuerden.

Las elecciones generales serán una lucha de rostros más que de partidos y ahí el PP tiene un gran problema. La ansiada operación para renovar los cimientos de Génova se ha quedado en un lifting superficial, y eso es algo en lo que han coincidido todos los analistas políticos.

Se esperaba mucho más del partido del Gobierno tras la hecatombe del 24 de Mayo, pero una vez más los tiempos “rajoyianos” discurren a una velocidad de crucero inferior a la esperada y sobre todo a la necesaria.

Mucho va a tener que trabajar Jorge Moragas para situar a los populares en el camino hacia la victoria. La oportunidad de vender un cambio profundo en el partido ya se ha desaprovechado. Si guardan alguna bala en la recámara es tiempo de usarla.

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