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El capitalismo es una buena idea… que ha sido mal aplicada

El pasado primero de mayo hubo franceses que se manifestaron con pancartas en las que se leía “ni Le Pen, ni Macron, ni patrie ni patron”. Si después del trágico siglo XX es posible proclamar esto a cara descubierta, es que la historia sólo es maestra para quien quiera aprender.

Los comunistas hablan del comunismo que realmente existió como los falangistas de la Falange: sus ideales nunca han sido realizados. Son buenas ideas que han sido mal aplicadas. Yo me voy a atrever a decir esto del capitalismo y a ver qué pasa.

El capitalismo es ideológicamente humilde porque ni se cree santo, ni cree santos a los hombres. Se puede ver a sí mismo como un buen sistema, pero, desde luego, no como un sistema perfecto. Su gran ventaja moral es, precisamente, la conciencia de sus imperfecciones.

El dogmatismo comunista pretende adaptar la realidad a sus esquemas ideológicos y si no lo consigue, la culpa es de la realidad, que se resiste. Por eso, mientras un niño hambriento será siempre una objeción para el capitalismo, el gulag no lo es para el comunismo.

Si el único capitalismo real es el realmente existente, el único comunismo real es el inexistente. Si algún comunista ha hecho algo condenable, es que no era un verdadero comunista.

“¿Por qué hay intelectuales –se preguntaba Aron- que se muestran implacables con los defectos de la democracia pero están dispuestos a tolerar los peores crímenes siempre que sean cometidos en nombre de las doctrinas correctas?” Los estudiantes del 68 le respondieron que preferían equivocarse con Sartre a tener razón con él.

El capitalismo no se engaña a sí mismo con la supuesta superioridad moral de sus promesas incumplidas. Su pretensión es sacar partido de la realidad tal cual es. Tanto es así que puede admitir en su seno experiencias socialistas, como los kibutz. La utopía socialista, como es perfecta, no puede soportar una mota de imperfección.

Hace 40 años Michel Foucault escribió: “Toda una izquierda ha intentado explicar el gulag diciendo: sí, sí, hubo matanzas; pero fue un terrible error. Vuelve a leer sólo a Marx o a Lenin, compáralo con Stalin y comprobarás dónde se equivocó el último. Si quieres oponerte a Stalin, no escuches a las víctimas; sólo contarán sus torturas. Relee a los teóricos; te dirán la verdad de lo verdadero.”

Libros del Asteroide acaba de publicar El Meteorólogo, de Olivier Rolin. Cuenta la pasión y muerte de Alekséi Feodósievich Vangengheim, condenado por haber sido incapaz de inventar un método para prevenir las sequías.

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