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El trabajo os hará hombres

La homosexualidad es legal en Cuba, pero está perseguida, como todo lo que no sea ciega obediencia al régimen

Foto: Stringer | Reuters

Si uno tiene inclinaciones hacia el propio sexo, es posible encontrar con quien compartirlo en algunas calles de La Habana. Tiene que conocer el terreno que pisa, fuera de los selfies de los turistas. En las sombras de un régimen sombrío. La homosexualidad es legal en Cuba, pero está perseguida, como todo lo que no sea ciega obediencia al régimen. Esa es la vía totalitaria a la vieja aspiración liberal a la igualdad ante la ley: en una dictadura como esa todos los ciudadanos, o casi todos, han cometido un crimen contra el Estado. Contra la revolución. Y eso vale para quienes se ven arrastrados al amor platónico.

Los conservadores, que tanto hablan de la naturaleza humana, no acaban de aceptarla cuando el amor no se fija en el otro sexo. La izquierda, la izquierda auténtica que lleva más de medio siglo revolucionando Cuba, ve en la homosexualidad una traición a la moral revolucionaria, una cesión al egoísmo de la satisfacción personal, una reliquia de la decadente tolerancia burguesa.

Cuba multiplicó el número de cárceles de la dictadura de Batista a la de Castro. No fueron suficientes para albergar a todos los elementos sospechosos, de modo que creó campos de concentración. En algunos de ellos encerraban homosexuales. Imagino el escalofrío que les debía recorrer el cuerpo al entrar bajo el cartel “El trabajo os hará hombres”. Por otro lado, ¿cómo no ver la congruencia del socialismo al llamar “trabajo” a las brutales prácticas de tortura infringidas sobre los homosexuales en esos campos?

Cuánto hemos despreciado a la derecha religiosa estadounidense que decía que el SIDA era un castigo divino por su pecados, pero el régimen de los Castro veía a la enfermedad como justo castigo por sus conductas contrarrevolucionarias.

Esta vieja izquierda choca con la nueva, que convierte a sectores enteros de la sociedad en víctimas (mujeres, homosexuales, minorías étnicas) y verdugos (hombres blancos). Por pura supervivencia, el régimen comunista se ha visto obligado a realizar una tarea de relaciones públicas con la que se reengancha con la nueva izquierda. Mariela Castro Espín, sobrina de Fidel Castro, ha protagonizado esta limpieza de cara del régimen. Pero ha vuelto a reprimir una manifestación de organizaciones LGTB. ¿Por qué? Porque no son organizaciones que formen parte de la estrategia política del régimen. La principal víctima del régimen no es la homosexualidad, sino la libertad de todos los cubanos.

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