José Antonio Montano

Encarnación de la época

«Su instinto espoleado por la insatisfacción ha dado con una formulación brillante: el asunto de nuestro tiempo es la falta de aventura»

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Encarnación de la época
Foto: The Objective
José Antonio Montano

José Antonio Montano

Más escritor que periodista. Desclasado y centrifugador.

Me ha interesado mucho El final de la aventura de Antonio García Maldonado (La Caja Books), porque en este su primer libro el autor muestra, por extenso, algo que suele asomar en sus artículos (en especial en los de The Objective): la preocupación apasionada por los problemas de la época, que se funde con las preocupaciones personales. De modo que se produce una suerte de encarnación de nuestro tiempo: este respira en el autor, se manifiesta en sus peripecias a manera de parábolas –narrativamente–, y dota de tensión y dramatismo sus reflexiones. Reflexiones que, por ello, no son solo intelectuales, sino también existenciales.

Su instinto espoleado por la insatisfacción ha dado con una formulación brillante: el asunto de nuestro tiempo es la falta de aventura. Hallazgo que redondea con la consideración de la aventura como un impulso colectivo, o que junto con su carácter individual tiene efectos colectivos. Esto le permite ocuparse de las cuestiones de la época con vivacidad: como si le fuera la vida en ello; la vida que vale. Me he acordado de la canción de Caetano Veloso O último romântico, que dice en un verso: «Tolice é viver a vida assim sem aventura» (tolice es tontería, estupidez). La inquietud de Antonio García Maldonado tiene ese indudable origen romántico: lo bueno es que sería un romanticismo que está al día, perfectamente informado de la problemática contemporánea.

Además de repasar algunas aventuras históricas, como las grandes aventuras de la navegación y los descubrimientos, El final de la aventura constata el parón de nuestros días, en que las aventuras reales –las de la vanguardia tecnológica y científica, por ejemplo– están reservadas a unos pocos: la abrumadora acumulación de conocimientos exige una especialización extrema también en este campo. No obstante, el autor se resiste a ser pesimista (algo que indica en el libro y resalta en la espléndida entrevista que le han hecho en El Asombrario) y apunta a dos aventuras colectivas que le aguarda a la humanidad: la lucha contra el cambio climático y las exploraciones espaciales que están por venir («la colonización espacial como la aventura de nuestros hijos», escribe).

Con una excelente escritura ensayística, Antonio García Maldonado tantea estos acuciantes asuntos, se pregunta y esboza propuestas, apoyándose en fuentes especializadas y, lo que es muy grato para el lector, en novelas, series y películas: la más recurrente de todas, Master and Commander. Por la implicación del autor, El final de la aventura termina siendo «una biografía involuntaria», algo que él mismo reconoce en la coda, de tono más confesional. Aquí se encuentra mi párrafo favorito del libro, que me permito citar entero para concluir, porque lo resume a la perfección:

«A veces reconozco que estoy pasando un mal momento a través de gestos intuitivos en los que reparo cuando ya están en marcha. Cuando voy a una librería y me encamino sin pensarlo a la sección de libros de ciencia, sé que estoy buscando respuestas que no existen, o que no están ahí, que el gesto obedece más a la necesidad que a la curiosidad que siempre he tenido por la astronomía, la física o la medicina. De la misma forma que me pasa cuando imagino y miro con envidia la vida de la vanguardia científico-técnica que sí tiene acceso a las aventuras de nuestro tiempo. O cuando me pongo alguna película de aventuras, como la que ha servido de guía discreto en este libro. Lo que desde fuera puede parecer un pasatiempo banal y una sana costumbre para evadirse, para mí suele significar lo contrario. Somatizo rápido, y suele empeorarme, además del ánimo, el asma y las contracturas. ‘La mente sufre y el cuerpo pide ayuda’, como le recordaba el cardenal Lamberto a un sufrido –y diabético– Michael Corleone en El Padrino III».

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