José Carlos Rodríguez

Escohotado

Este medio ha querido traicionar a su nombre con un género que es el más subjetivo de todos, la entrevista. El sujeto es Antonio Escohotado. No es fácil definirle. Yo diría que es un intelectual, si hacerlo no se hubiera convertido en una afrenta, a causa de la banalización del término.

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Escohotado
Foto: David Alonso Rincón
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Este medio ha querido traicionar a su nombre con un género que es el más subjetivo de todos, la entrevista. El sujeto es Antonio Escohotado. No es fácil definirle. Yo diría que es un intelectual, si hacerlo no se hubiera convertido en una afrenta, a causa de la banalización del término. Casi es más fácil decir qué no es Antonio Escohotado. No es un dogmático, y huir de serlo es el único gran dogma al que se ha aferrado. No es un publicista. Quiero decir: no aprovecha la escasa altura de cuatro lecturas mal digeridas para decirle a los demás qué deben pensar y qué no, muchas veces al servicio de intereses inconfesables. No es un funcionario de la docencia. Y la Universidad española, para no traicionarse a sí misma, ha tenido que recurrir a la “temeridad administrativa” para negarle una cátedra.

Para ser quien es ha tenido que salirse de los raíles en más de una ocasión. Ha tomado la vida como si fuera algo por hacer. Según sugiere, ha conducido parte del amor de sus padres en el gusto por el estudio, que le ha llevado a ese camino inseguro y sin término que es la búsqueda de la verdad. En la cárcel pudo comprobar que para recorrerlo hay que hacerlo en solitario. La soledad es la principal víctima de esta sociedad hiperconectada, que asalta sin descanso nuestro tiempo. Nuestros muros no son tan fuertes como debieran, y nos cuesta levantar la mirada sobre lo inmediato.

Escohotado lo ha hecho, en una obra extensa y varia, entre la ciencia y el mundo abigarrado, complejo y esquivo de la experiencia y las ideas humanas. Su Historia general de las drogas arrojó un torrente de luz sobre un asunto tan adherido a nuestra historia como preterido por su estudio. Es, además, un claro ejemplo del enfoque multidisciplinar que realiza el polihístor. Caos y orden tiende puentes sobre el abismo entre la ciencia y la sociología; un ejercicio muy arriesgado, pero sugerente. Estoy todavía transitando por Los enemigos del comercio, pero puedo decir que cada página es un descubrimiento, y que le saca los colores a otros autores que han estudiado el comunismo y se han fijado en sus últimos frutos sin mirar las raíces.

Y en ese camino hacia la verdad se ha tropezado con la libertad humana. Lo cual es una buena noticia.

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