Aloma Rodríguez

Escritoras, subcategoría literaria

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Escritoras, subcategoría literaria
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Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Ayer era el día de las escritoras, se celebra el lunes más cercano al 15 de octubre, día de la muerte de Teresa de Ávila. En El libro de la vida, sus memorias escritas aprovechando que le piden una confesión que sea una explicación clara de las “mercedes” que le ha hecho el Señor. Y ella se sienta y escribe. La iniciativa #YoLeoAutoras en octubre no tiene muchos años –2016, según Wikipedia– y es bienintencionada (por cierto, emulando la campaña en redes sociales que en 2014 lanzó la escritora Joanna Walsh, @Read_Women). Que haya un día de las escritoras es un poco como el premio que recibe el personaje de Kristin Scott Thomas en Fleabag, un premio a mujeres de negocios, «una gilipollez infantilizadora. Solo sirve para marginar, es una subsección del éxito. Es como la mesa de los niños de los premios». Aunque entiendo que la campaña pretende compensar siglos de invisibilidad, en el fondo me parece que la ejecutiva lesbiana a la que interpreta Scott Thomas tiene razón: se convierte la literatura escrita por mujeres en una subsección, una subcategoría literaria. En la misma línea, la escritora Jimina Sabadú escribió en Instagram: «Somos autoras, no proyectos de caridad», como respuesta a un reto que proponía leer obras de diferentes características escritas por mujeres.

Puede que todo esto pareciera exagerado, o ingrato o que no son buenas feministas, que no comprenden la importancia de hacer ver que durante siglos las escritoras usaban nombres de hombre para publicar sus libros y burlar así a la sociedad cuando a las mujeres no debían escribir ni leer; o como Teresa de Ávila, que era sospechosa, entre otras cosas, por montar una orden religiosa tal vez paralela a la Iglesia y por conversa. El domingo, en El País, Álex Vicente entrevistaba a la escritora Ali Smith, cuya novela Otoño acaba de publicar Nórdica, Smith decía: «Sé que tengo la suerte de vivir en un tiempo más justo para las mujeres, incluidas las que se dedican a escribir. Aunque para ser sincera, en el acto cotidiano de la escritura solo eres una persona encerrada a la los desafíos que te presenta el texto con el que dialogas».

Sin duda, la iniciativa es bienintencionada, defiende incluso una causa noble: la igualdad. En Unidas Podemos lanzaron una campaña donde un montón de hombres recomiendan orgullosos leer a autoras, de Dulce Chacón a Andrea Abreu pasando por Susan Sontag –uno de ellos recomienda a Sontag con la misma actitud con que tendría yo si dijera que he pasado el fin de semana repasando la Fenomenología del espíritu de Hegel–. La verdad es que supongo que esperan que les demos las gracias, leen a mujeres; no solo las leen, hasta las recomiendan. Sabadú, que ya anticipó la pandemia en su novela Las Palmeras, se adelantó también al ver que para cruzar la línea entre la buena causa y la hucha de Dómund solo hace falta un poco de arrogancia.

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