Javier Capitan

Eterna juventud

Vivimos un culto estético a la juventud, una extraña necesidad de parar el paso del tiempo por nuestro cuerpo, pero no para estar mejor, sino para parecer que lo estamos.

Opinión

Eterna juventud

Vivimos un culto estético a la juventud, una extraña necesidad de parar el paso del tiempo por nuestro cuerpo, pero no para estar mejor, sino para parecer que lo estamos.

The Objective combina el impacto visual de una gran fotografía con la escueta información de un pie de foto. En esas dos líneas se condensan, en ocasiones, distintas posibles lecturas de la noticia que se comenta. Este es el caso de la que inspira mi subjetivo acercamiento de hoy a la actualidad. En este pie de foto se habla del “elixir de la eterna juventud”, así como de los efectos que sobre la memoria y el aprendizaje de los mayores puede tener la transfusión de sangre de gente joven.

Esta segunda visión de la noticia resulta esperanzadora, en la medida en que puedan abrirse nuevas vías terapéuticas para el tratamiento de enfermedades degenerativas como el Alzheimer. En breve empezarán los ensayos clínicos con personas que permitirán comprobar si las hipótesis derivadas de la experimentación con roedores (mejora de la resistencia física y de la función cognitiva) se pueden confirmar.

Lo curioso es que casi todos los titulares relativos a esta investigación mencionan, como nuestro pie de foto, el “elixir de la eterna juventud”. Sin lugar a dudas, se trata de una manera eficaz de captar atención para la noticia, ya que aprovecha el hoy más extendido que nunca mal de la perenne incapacidad para asumir el envejecimiento.

Vivimos un culto estético a la juventud, una extraña necesidad de parar el paso del tiempo por nuestro cuerpo, pero no para estar mejor, sino para parecer que lo estamos. Vemos por todas partes personas que renuncian al gesto con tal de aparentar unos años menos, incapaces de transmitir sin palabras un estado de ánimo porque su piel se ha inmovilizado en el proceso de aniquilación de sus arrugas. Vemos personas con labios, narices o pómulos incorporados a su ser como un extra a un vehículo, con morretes y napias intercambiables que responden a un mismo “molde”. Personas obsesionadas con la aparición de una cana, con las entradas que anuncian calvicie… gente que se obstina en anclarse a un presunto aspecto juvenil.

Así que, aprovechando el tirón de esta pasión por una inextinguible lozanía, sugiero a los editores que financien un estudio que titularemos: “la lectura, elixir de la eterna juventud”. Igual cuela y, mientras pasan las hojas de un libro, tal vez se olviden de las del calendario.

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