Jordi Bernal

Franco entra en campaña

"La momia estaba bien en su Valle de los Caídos. El monumento es de una espectacularidad hórrida, espantosa y tremenda"

Opinión

Franco entra en campaña
Foto: | Reuters
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

La momia estaba bien en su Valle de los Caídos. El monumento es de una espectacularidad hórrida, espantosa y tremenda. Su fría e impasible piedra servía de sepulcro perfecto de un dictador. Franco permanecía incrustado en el conjunto arquitectónico como símbolo y recuerdo de cuarenta años de ignominia. Qué mejor memoria histórica que aquel paisaje feo y siniestro con su inmensa cruz delirante y su redil mermado de negras mojigatas mohosas y patéticos merluzos brazo en alto y cara al sol.

Pudo la propaganda y el oportunismo descarado de Sánchez que, en su frivolidad peligrosa, ha invocado a un fantasma que tanta desgracia, hambre y sufrimiento (para la media España que no se alzó en traidora cruzada, of course) trajo durante cuatro décadas. Aunque también hay que reconocerle su instinto de supervivencia política y habilidades estratégicas (no en el campo de batalla, donde demostró que no era más que un chungo chusquero con potente aviación fascista y nazi) que le permitieron mantenerse en el poder con el apoyo servil de tantos franquistas que, con la transición a la democracia, despertaron, tras haber soñado que corrían con los grises porra en alto pisándoles los talones, antifranquistas de florecida rosa roja.

Sea como fuere, hoy Franco ha entrado oficialmente en campaña. En helicóptero felliniano. Los socialistas calculan que la güija les ayudará a mantener atado y bien atado a su electorado escorado a la izquierda. No tanto por la fanfarronada que supone la exhumación, sino más bien por las recciones del puñado de nostálgicos insurrectos que aún se mantienen en pie. El zombie vagando por el ecosistema mediático beneficiará la tensión y la polarización políticas. Puede que la jugada no le aporte más votos al PSOE, pero no cabe duda de que el circo irresponsable que ha montado Sánchez convencerá a los votantes de la inflamada y vetusta derecha de que Vox es su partido en este país de todos los demonios y mal gobierno.

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