Ferran Caballero

Hacerse el tuerto

«Estas protestas sólo son excepcionales para quien no había vivido otras, para quien no había sufrido o protagonizado otras»

Opinión

Hacerse el tuerto
Foto: Enric Fontcuberta| EFE
Ferran Caballero

Ferran Caballero

Profesor de filosofía y autor del libro "Maquiavelo para el s.XXI". "Tot ve que cau"

Estas protestas sólo son excepcionales para quien no había vivido otras, para quien no había sufrido o protagonizado otras. Es decir, para quienes olvidan demasiado rápido y para quienes nacieron demasiado tarde y justo llegan ahora a este mundo loco en el que habitamos los adultos. 

En Barcelona, y que yo recuerde, a bote pronto, en los últimos años se han quemado cosas y asaltado tiendas para protestar contra de la Guerra de Irak, la globalización, el Plan Bologna, las sentencias del Procés e incluso para celebrar los títulos del Barça de Guardiola. Las comparaciones históricas en las que se amparan estos días los revolucionarios, por ingenuos o por cínicos, para justificar la violencia, adolecen de un sesgo se supervivencia por el cual sólo nos acordamos de dos o tres revoluciones que triunfaron y no de las incuantificables que fracasaron y fracasan a diario.

Estas son, además, comparaciones de una enorme complejidad y exigen un estudio lento y metódico que casa muy mal con el entusiasmo del momento. Las comparaciones histéricas, en cambio, podrían conformarse con estas experiencias, mucho más cercanas en el tiempo y en el espacio, para medir la utilidad, e incluso la moralidad, si se atreven, de la nueva y esta vez seguro que definitiva revolución. 

En todas las ocasiones anteriores, la violencia fue tremendamente útil. Sirvió para que algunos se hicieran con un par de bambas nuevas, un jamón y un par de recuerdos que el tiempo haría heroicos. Sirvió para que algunos boomers se pusieran nostálgicos al ver el fuego por la tele y para que otros perdieran el negocio, el ojo o las ganas de hacer el tonto. Sirvió incluso en algunos casos para recordarnos a los viejos que en un mundo como el nuestro la violencia es, muy a menudo, la forma más cara de aprender cosas muy básicas. Que no sólo con sangre entra la letra y que las lecciones que nos da la violencia son tan duras, tan trágicas a veces, que suelen llevarse en silencio. Lecciones como las del 1-O, por ejemplo, de las que ningún partido de gobierno se atreve a presumir, de las que ningún partido indepe admite darse por enterado y que quizás tengan algo que ver con esa ley tan triste, ¿la más triste de las leyes?, que dicta que para reinar entre ciegos uno debe hacerse el tuerto.

Más de este autor

Nuestro Nam

«El optimismo de Iceta, esa rara frivolidad que le caracteriza, podría ser tan útil como pretendían los bailecitos para enfriar el ambiente si estuviese tan caldeado como tantos fingen creer»

Opinión

Hedonistas pero a oscuras

«La factura de la luz es el homenaje que la hacienda europea rinde a nuestra virtud ecologista y sostenible»

Opinión

Más en El Subjetivo

Beatriz Manjón

Vivir para no contarlo

«Contemplar el mundo sin más propósito es el modo más fiable de aprehenderlo; lo demás es un conocer a medias, con un ojo puesto en lo real y otro en lo virtual»

Opinión

Aloma Rodríguez

De qué va lo del Planeta

«De lo que va el Planeta es de enseñar músculo: de demostrar al mundo lo fuertes que son y el dinero que tienen, tanto como para subir la dotación hasta un millón de euros»

Opinión