Laureano Marquez

Humour

La risa no impone ninguna prohibición; por el contrario, es una reacción frente a ellas. En consecuencia, el humor es una actitud no violenta fundamentada en la palabra

Opinión

Humour

La risa no impone ninguna prohibición; por el contrario, es una reacción frente a ellas. En consecuencia, el humor es una actitud no violenta fundamentada en la palabra

Lo terribles acontecimientos de Francia en los días precedentes –más si uno es humorista- obligan a reflexionar sobre ese rasgo humano tan poderoso, tan temido y controversial que es el humor.

Una primera aproximación a la definición del fenómeno humorístico o cómico, en general, debe comenzar por situarlo en el terreno del análisis. El humor es una manera de ver el mundo y de desentrañar sus contradicciones. Con razón decía Aquiles Nazoa que “…el humor lo que hace es provocar el pensamiento analítico… el humor hace pensar y permanece en el tiempo y continúa su efecto. El humor es una manera de hacer pensar sin que el que piensa se dé cuenta de que está pensando”. El humorismo es pues, pensamiento de contrabando.

La risa, en su crítica al orden establecido y a sus fanatismos, no reproduce sus vicios, sino establece el reino de la libertad. La risa no impone ninguna prohibición; por el contrario, es una reacción frente a ellas. En consecuencia, el humor es una actitud no violenta fundamentada en la palabra. Kolakowski, ve en la “filosofía del bufón” la posibilidad de conciliar aspectos del hombre difícilmente conciliables: “la bondad sin debilidad, el valor sin fanatismo, la inteligencia sin desesperación, la esperanza sin ceguera”.

Cuentan que el comediógrafo español Muñoz Seca interrogado por quienes se disponían a fusilarlo acerca de si tenía una última cosa que decir, expresó:

-Me habéis quitado todo, me habéis  quitado el reloj y la cartera y el abrigo; me vais a quitar la vida. Pero hay algo que no podéis quitarme.

Sus verdugos, con voces cargadas de odio, inquirieron sorprendidos:

-¿Qué es eso que no podemos quitarte?

-El miedo que tengo- respondió él.

En este último gesto de humor, Muñoz Seca pudo reírse de sí mismo, para vencer el miedo y de su adversario para derrotar el odio. Ésta y no otra es la finalidad del humor.

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