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Ida Vitale, "donde encender el alma"

Foto: Raul Martinez | EFE

El Ministerio de Cultura ha anunciado este mediodía que la extraordinaria y veteranísima poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1924) es la ganadora del Premio Cervantes de Literatura en Lengua Castellana de 2018, reconocimiento con el que se hace justicia a una obra poética no sólo prolongada y variada, sino realmente excelente, y es, además, un premio que tal vez viene a culminar definitivamente el prestigio de una obra lírica que ya había sido galardonada antes con el Premio Federico García Lorca o el Premio Reina Sofía de Poesía, en España, o, hace muy pocos meses, el Premio Fil de la Feria del Libro de Guadalajara, en Méjico.

Ida Vitale es una autora muy conocida en España, país que frecuenta desde hace mucho. Quien tiene en la Residencia de Estudiantes su domicilio habitual en Madrid (y donde ha dado cursos, recitales y conferencias, aparte de ganarse con su arrolladora simpatía a todos los que se cruzan con ella por los pasillos), es bien conocida también en otras instituciones (Casa de América, Instituto Cervantes…) y vio cómo en mayo del año pasado se publicaba en la editorial Barcelona Tusquets su Obra reunida. Quien no la conociera, pudo rastrear en esas páginas la evolución retrospectiva y completa de una mirada que siempre ha sido indagadora y honda, atenta al lenguaje y los símbolos de cada época pero desobediente a tendencias y convenciones.

Sus vínculos con España vienen de atrás, pues Vitale fue alumna de José Bergamín (de quien guarda una excelente memoria, en los dos sentidos de la expresión), y el mismísimo Juan Ramón Jiménez la incluyó en su día en una antología de jóvenes poetas hispanoamericanos que presentó en público en Buenos Aires. Desde su debut en 1949, con La luz de esta memoria, Vitale ha publicado más de quince libros de poemas, sin contar antologías y recopilaciones, aparte de ensayos y libros de crítica que dan cuenta de lo que nos hemos perdido al no poder asistir a sus clases en la Universidad de Austin, en Texas. El Premio Cervantes de 2018, así, premia no sólo a una autora magnífica, sino a una lectora formidable y una figura ejemplar, alguien que, como querían dos versos de su Reducción del infinito (2002), nos ha regalado “un canto quieto / donde encender el alma”.

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