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Índices de lectura

"La lectura nos ayuda a conjugar el futuro con la ayuda de todas las posibilidades de la gramática, que es como hablar del grueso de la inteligencia humana"

Foto: Siora Photography | Unsplash

La estadística me recuerda el viejo arte de leer el futuro en los posos del té. Quiero decir que nunca he sabido si creérmela o no del todo; pues, como suele repetir mi amigo Joseba Louzao, detrás de la objetividad se esconde una gramática. O, lo que es lo mismo, los datos necesitan un relato que los ilumine.

La última cifra que hemos conocido esta semana nos habla de los índices de lectura en nuestro país, al parecer crecientes. Un 68,5 % de la población se declara lectora, ocho puntos por encima de hace una década. Son unos números sorprendentes –en realidad superiores a lo que uno hubiera pensado–, porque no se corresponden ni con nuestra tradición, ni con el estado general de nuestras bibliotecas públicas, ni con el trabajo rutinario que se lleva a cabo en muchos de nuestros colegios –donde, en los cursos superiores, cómo mucho, se lee un libro cada trimestre–, ni con la panorámica que ofrecen las líneas de metro, los aeropuertos o los arenales playeros en verano, normalmente huérfanos de lectores. Leemos cada vez más (o decimos hacerlo) y, sin embargo, la sensación general entre muchos profesores es que la comprensión lectora de nuestros estudiantes se encuentran en mínimos y la pobreza del debate público podemos constatarla a diario en la televisión. Por supuesto, algo no encaja. Es posible que cada vez leamos más, pero no somos todavía una nación de lectores, es decir, una sociedad que reconozca la importancia crucial de la alta literatura en la configuración de su musculatura moral.

Lógicamente, la recuperación de un tono moral, de un apetito civilizador, pasa por la palabra. Es la experiencia del pasado –ese siglo XIX burgués con la novela como columna vertebral– y es la experiencia de los países de éxito. Entre otros motivos porque la literatura educa la imaginación y las emociones, lo cual a su vez forma el carácter y define un horizonte de posibilidades. La lectura nos ayuda a conjugar el futuro con la ayuda de todas las posibilidades de la gramática, que es como hablar del grueso de la inteligencia humana. Una nación de lectores nunca ha sido un objetivo de Estado, pero debería empezar a serlo. Más allá de lo que nos cuenten las estadísticas.

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