Aloma Rodríguez

Jean-Paul Belmondo, ¿qué es dégueulasse?

«Cuando vi por primera vez, de manera consciente, una película con Belmondo, sentí que lo conocía de toda la vida»

Opinión

Jean-Paul Belmondo, ¿qué es dégueulasse?
Foto: Vincent AMALVY| AFP
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

No era el más guapo, ese lugar estaba reservado para Alain Delon, compañero suyo en Borsalino; puede que tampoco fuera un completo canalla, porque algo de ternura asomaba en la sonrisa oculta por el cigarrillo. Era divertido, pero no el más simpático, ese era Jean Rochefort; tampoco el más bruto, hola Michel Piccoli. Pero era difícil encontrar en otro actor todas esas características en la misma medida que en Belmondo. 

Jean-Paul Belmondo murió ayer, a los 88 años, que son muchos aunque la muerte de nuestros ídolos siempre nos sorprenda –los queremos eternos, o sea inmortales–, como si nos sorprendiera que estuvieran vivos y envejecieran, que el paso del tiempo contara también para ellos, tan perfectos, tan guapos, hasta con la cara pintada de azul para Pierrot le fou. Belmondo fue un actor frecuente de las películas de la nouvelle vague: rodó La doble vida, de Claude Chabrol, y Jean-Luc Godard, con un guion de François Truffaut, lo convirtió en icono en Al final de la escapada, al lado de Jean Seberg, también en estado de gracia. Hacía falta la desfachatez y la soltura de Belmondo para dar cuerpo al delincuente de Al final de la escapada, para hacer unas muecas y decirle a Jean Seberg “Vous êtes vraiment dégueulasse” antes de morir. Volvió a contar con él para Pierrot le fou, que en parte podría ser la versión colorida de Al final de la escapada, la versión colorida y pop, y formando otra pareja icónica con Ana Karina. Con Truffaut rodó La sirena del Mississippi, ahí se enamoraba de Catherine Deneuve (¿quién no?), y poco a poco se fue yendo hacia el cine bélico. En los setenta llegó Borsalino, dirigido por Jacques Deray y en compañía de Alain Delon. La película tomaba el nombre de los sombreros y tuvo una continuación en 1974, Borsalino & Co., pero sin Belmondo. En 1981 llegó El profesional y en 1995 fue Jean Valjean de Los Miserables. Veo el tráiler de El hombre de Río (Philippe de Broca, 1964) y me dan muchas ganas de verla, Belmondo en una comedia de acción con Françoise Dorléac. No sé qué más se puede pedir. 

Cuando vi por primera vez, de manera consciente, una película con Belmondo, sentí que lo conocía de toda la vida. Y claro, era así, su cara le había servido de modelo al dibujante Jean Giraud para crear el rostro del teniente Blueberry, cuyos cómics se apilaban en las estanterías de la habitación de mi hermano. Por eso Blueberry fumaba tan bien: había copiado al mejor. Ahora a Belmondo lo están recibiendo Piccoli, Rochefort, Seberg, Dorléac y Karina. Donde están, fumar ya no mata, todos llevan sombrero y nadie es verdaderamente repugnante. 

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