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¡Karibu!

Vivir se ha puesto caro. Morir barato. Por mi parte no sé si podré mirar a John o Jacques a la cara. Me siento avergonzado. De momento, démosles la bienvenida. ¡Karibu! en swahili. Si lo oye… será uno de los afortunados.

Hace tiempo ya le había dedicado unas líneas a “La Isla de los Cementerios”. Lampedusa, ese oscuro objeto de deseo vital. Una isla que desde Libia crees que puedes tocar con los dedos.
Piensas que puedes verla cuando te subes a una pequeña chalupa y le sueltas toda la pasta a ese hijo de puta que te promete un futuro y pagas por el transporte más caro de tu vida. Quizá sea tu último billete.

La falta de información te hace seguir. No saber que la mayor parte de los compañeros que un día empezaron la misma aventura que tú están cien metros por debajo de tus pies. Miles y miles de cadáveres. El Mediterráneo más que nunca es un mar de muerte.

El de la foto posiblemente se llame Jacques o John. O francófono o anglófono. De los primeros hablan fenomenal. Dicen que son sencillos, humildes, sociables y trabajadores. Se integran bien. De los segundos hablan un poco peor. Dicen que son un poco altivos. Es lo que le da la madre patria. Difíciles de tratar y que colaboran poco. ¿Qué más da? ¿Estamos recibiendo mercancía acaso?

Gil Arias, el director adjunto de Frontex, dijo hace un par de días que en Europa tenemos el dinero pero no los medios. Literalmente dijo: “Hay dinero suficiente pero ni barcos ni aviones”.
Curioso el esfuerzo de los 27. Será eso que definen como el “efecto llamada”. No hay que ayudarles, más que nada para que los que quieran venir no piensen que esto es jauja.

Vivir se ha puesto caro. Morir barato. Por mi parte no sé si podré mirar a John o Jacques a la cara. Me siento avergonzado. De momento, démosles la bienvenida. ¡Karibu! en swahili. Si lo oye… será uno de los afortunados.

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