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La actualidad de García-Trevijano

Foto: J.M. Espinosa | EFE

Ha muerto Antonio García-Trevijano, y la prensa lo ha recogido con estruendoso silencio. Roto, eso sí, por algunas voces. Voz es lo único que le quedaba al abogado ( no diré politólogo porque nadie lo confunda con otros ignorantes). Una voz, eso sí, sostenida sobre su trayectoria y su obra.

Él debió de ver perfectamente congruente su actuación como líder antifranquista, su llamamiento a la ruptura tras la muerte del dictador, y su propuesta de reforma constitucional. Su congruencia debió de ser gran parte de su sustento personal, y desde ella fue zahiriendo a Juan Carlos I, a los partidos políticos, y en última instancia a casi todos los españoles con el término “traidor”. Todos son traidores a la democracia y a España por haber permitido, o participado activamente, en la Transición; en la reforma política desde el franquismo a la democracia. O por haberse acomodado a la democracia actual.

Es verdad que se quedó solo. Y esa soledad en la que se regodeaba en su pureza rupturista y republicana demuestra que su proyecto estaba destinado al fracaso. Por otro lado, no ocurrió exactamente con el franquismo lo que había pasado con la monarquía de Alfonso XIII. Entonces, los republicanos tomaron un poder que había sido abandonado. En 1975, el régimen había quedado huérfano tras la muerte de Franco, y carecía de proyecto político, pero no de instituciones y de apoyo social. Trevijano, para mantener su coherencia, tuvo que asumir que no había riesgo de involución desde el Ejército, que éste no iba a querer mantener el régimen sin Franco, aunque ello supusiera legalizar al PCE e introducir en el sistema a los perdedores de la guerra. Trevijano necesitaba negar la evidencia, pues en caso contrario hubiera quedado claro que la ruptura llevaría al fracaso de la democratización, y a la pérdida de la oportunidad, para todos, que supuso la muerte de Franco.

Es improbable que la ruptura hubiese desembocado en un proceso constituyente con menos tensiones y apoyos que la Transición. Y lo es aún más que se hubiese elegido su propuesta para España, que era una República presidencialista, de carácter centralista, y con un Parlamento elegido en circunscripciones uninominales a dos vueltas. Un sistema político muy cercano al francés. Creo que muchos de los más graves problemas que tiene nuestro país se habrían atenuado si hubiésemos adoptado una Constitución sobre esas bases.

Y eso es, precisamente, lo que tiene más valor para nosotros de la obra de García-Trevijano. En un momento en el que el sistema político se tambalea por motivos que él expresó con clarividencia, necesitamos un ideal al que acercarnos para reformar la Constitución. Y creo que debemos trabajar a partir de su propuesta. La hora de Antonio García-Trevijano no pasó en los años 70; comienza ahora.

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