Joseba Louzao

La compasión como virtud pública

No se puede luchar contra las injusticias sin antes compadecerse de quienes las sufren

Opinión Actualizado:

La compasión como virtud pública
Foto: José M. Rincón
Joseba Louzao

Joseba Louzao

Historiador especializado en el mundo contemporáneo y profesor universitario. Bilbao, 1983.

Hemos dejado de usar antiguos conceptos en este tiempo de pensamiento apoderado en el que subcontratamos nuestras opiniones. Además, la constante primacía de lo novedoso ha desdibujado un vocabulario que había favorecido la comprensión de la experiencia humana en toda su amplitud. Entre todas estas palabras sobresale la compasión. Estigmatizada por Spinoza como una tristeza y por Friedrich Nietzsche como una debilidad existencial y uno de los peores males del campo moral, podemos reunir una extensa lista de pensadores que la han denigrado hasta hacernos pensar que ya no puede ser útil para leer la realidad.

Con todo, la compasión actualiza cotidianamente la misericordia, otro de los grandes conceptos olvidados del siglo XXI, quizá por su extenso recorrido religioso. Creo que no es posible una vida colmada sin ese envío del corazón que nos grita e incita desde lo más hondo de lo que somos. Porque compadecerse hace referencia a la difícil tarea de acompañar en el dolor y la desgracia ajena. Simone Weil acertaba al considerar que era imposible explicar la compasión a quien jamás la hubiera sentido. Cada día tenemos la posibilidad de comprobar cómo se utiliza perversamente el sufrimiento de los demás. Pero la compasión no debería remitir a una manipulación sentimental de las emociones, ni a alegatos repletos de moralina de mirada corta. Ni tan siquiera, como se nos quiere vender a veces, es un sinónimo de empatía. Las abstracciones estadísticas no sufren, lo hacen las personas.

La compasión siempre viene de la mano de la dignidad. Miguel de Unamuno supo ver que el dolor y la compasión nos revelan la hermandad de lo vivo como una de las mayores obligaciones éticas. La conciencia de la fragilidad, la nuestra y la de todos, debería impulsarnos a sentir junto a otras personas. No se trata de ponernos en el lugar del otro ni de robarle su lugar, ya que sería una forma de manipular el sufrimiento de los demás. Tampoco deberían aprovecharlo los políticos para jugar sus bazas electoralistas. Hacerlo agitando la bandera de la dignidad, como viene siendo habitual, es indecente y muestra una escasa estatura moral. Y es que, contra lo que se ha defendido en numerosas ocasiones, no se puede luchar contra las injusticias sin antes compadecerse de quienes las sufren. Como apuntó Judith Shklar, sin esta capacidad de sentir el sufrimiento ajeno, el problema de la injusticia no podría estar en el corazón de la sensibilidad democrática. El ejercicio de la compasión continúa siendo hoy una virtud pública cotidiana.

Más de este autor

Promesas que no valen nada

«El elector puede llegar a comprar una promesa de recompensa para un futuro incierto, pero nunca lo hará con una inseguridad creciente en el corto plazo»

Opinión

Hablando como adultos

«No necesitamos que haya nuevas elecciones para que tengamos la oportunidad de castigar a los políticos irresponsables y a los técnicos disfrazados de enfáticos emisarios del gobierno»

Opinión

Más en El Subjetivo

David Mejía

Jaque al rey

«El problema de la monarquía es que si el rey fuera Alberto Garzón I, no podríamos librarnos de él»

Opinión

Juan Marqués

El gran tostón del yo

Es la trivialidad lo que predomina en la «autoficción» o en la literatura de testimonio, y sin embargo es cada vez mayor la exaltación totalmente acrítica que de ese tipo de libros se hace en los medios

Opinión

Gabriel Insausti

Todos somos China

«Lo que viene de China no es sólo el coronavirus. Lo que viene es esa entente insólita de comunismo y capitalismo –con lo peor de cada casa- que se resuelve en el globalismo»

Zibaldone

Juan Claudio de Ramón

Spainsplaining

«What does not exist as an essence exists as a contingency. And thus has Spain existed for centuries, changing in content more than changing as a container»

Opinión