Anna Grau

La corrupción intocable

«La moderna corrupción es la malversación a sabiendas. Gastar mucho y mal deliberadamente, y con todas las garantías de impunidad»

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La corrupción intocable
Anna Grau

Anna Grau

Anna Grau es periodista y escritora y ha sido todo eso en Barcelona, NYC y Madrid.

Vaya semanita, que dicen los vascos. Apenas amanecimos informados de que el inhabilitado presidente de la Generalitat, Quim Torra, se va a su casa con 122.000 euros de sueldo (prebendas de todo tipo aparte) y que en cuanto se jubile, le queda una pensión vitalicia de 92.000 euros…y en menos de 24 horas salta la absolución de los directivos acusados de la salida a Bolsa de Bankia, cuyo estrepitoso hundimiento arrasó con 34.000 millones de euros del erario público. No sin antes absorber como una esponja los ahorros de miles de ahorradores, con las bendiciones del Banco de España y del ministerio de Economía de turno.

Es todo legal. Que Torra tuviese el descaro de subirse el sueldo en pleno mandato declinante no quita que lo hizo con todas las de la ley española (esa misma de la que tanto abomina en otros contextos…) y es más, lo hizo a la vista de todo el mundo. Moralmente se podría alegar que un funcionario público, cualquier funcionario público, queda suspendido de empleo y sueldo si le sancionan un poco a lo grande, pero a nadie se le había ocurrido prever la eventualidad de tener que despojar de sus privilegios a un expresident indigno. Lo más parecido fue cuando Jordi Pujol pactó con Artur Mas ciertas renuncias tras estallar el escándalo de su fortuna secreta. Pero Pujol lo hizo porque quiso. Nadie podía obligarle.

En el caso de Bankia: la sentencia absolutoria puede sorprender y hasta escandalizar, pero es verdad que este inmenso sapo financiero, tragado entre todos, venía en cuchara de plata de ley. De la más alta ley institucional. Atina el tribunal cuando dice que los reguladores estaban ahí y que sus indicaciones se cumplieron a rajatabla. Hay quien habla de ruleta rusa financiera a costa de los pequeños inversores, pretendiendo que la intención era hasta buena, que si aquello salía bien, si la crisis amainaba pronto, pues los activos muertos resucitarían y acaso Bankia podría salir a flote sin necesidad de rescate público, que evidentemente nos saldría por un pico… Claro que pretender que la crisis podía amainar pronto ¡en el año 2011!, sólo se podía decir en serio en una película de Santiago Segura. O sea que al final, palo al inversor y palo al contribuyente. Y quien tenía que saber que esto pasaría, lo supo todo el tiempo.

La gente se rasga las vestiduras con la Gürtel, con los ERES andaluces, con las cuentas suizas de este y de aquel: pero tal tipo de corrupción vintage hace tiempo que aquí ya no se lleva. A día de hoy, arriesgarse a meter mano en la caja o a cobrar comisiones desaforadas es de cutres. La moderna corrupción es la malversación a sabiendas. Gastar mucho y mal deliberadamente, y con todas las garantías de impunidad. Como ir a atracar bancos con un seguro antidetención.

La gente, el votante, el contribuyente, los que pagamos la vajilla rota, en suma, deberíamos ser un poquito más conscientes de lo que ante nuestras narices se ventila. Aunque sólo sea porque luego llega una pandemia y se descubre, oh sorpresa, que sólo había 3 camas de hospital para cada 1.000 pacientes, o que faltan maestros, o que no hay para pensiones. 122.000 euros al año ahora y 92.000 de jubilación vitalicia para Quim Torra. Piénselo despacio. Sólo piénselo.

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