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La Diada del "Arriba España"

"El independentismo anda dividido, y yo que lo celebro"

Foto: ALBERT GEA | Reuters
Al final, la rica y plena volvió a ser la habitación de un hotel de Barcelona. Y el himno de España, melodía de las bestias con forma humana, ahí, sonando en el día primero del otoño catalán. Qué felices seremos con otro 155…

Qué carreras se dieron los plumillas, los curiosos y las ‘tietas’ de Sant Gervasi cuando las primeras acometidas del himno sin letra, qué gloriosos los acordes en la mañana fresca de septiembre. Ocurre que Santiago Molina Ruiz y yo nos disfrazamos de argentinos indepes en la marcha de los separatistas por Madrid, y vimos a unos niños constitucionalistas ser invitados por la policía a no dejarse ver con la bandera constitucional en la tarde cálida de esta pasada primavera ‘verdemadriles’.

Fue ese día en que ANC y Òmnium nos llenaron el Paseo del Prado de esteladas, y nos taladraron con ‘Els Segadors’ y no pasó nada. Después, la hacendosa gente de Tractoria se congratulaba de lo barata y acompañada que venía la cerveza por el Museo del Jamón. Por eso, Madrid es capital mundial, NYC flamenca, y Barcelona es Nüremberg, que a la policía política -Mossos- le ha faltado tiempo para emplumar por desórdenes públicos a los dos héroes, los dos del himno.
Me hubiera encantado ir a Barcelona este miércoles, pero compromisos literarios me han retenido en Madrid. Me hubiera gustado entrevistar a los dos del himno, decidle que en Waterloo y en Mondoñedo se les apoya, y que se cuiden de los Mossos, que, aun de ridículo vestido de gala, se las gastan duras y están muy concienciados. Es repulsivo que la música de la Constitución sea una “alteración del orden público” en una parte del país, pero con Sánchez todo es alteración: una tesis, una consorte, la navegación aérea o los paradores.
Más allá de esos Mossos sin sentido del ridículo institucional e imbuidos en una trascendencia psicotrópica, la cosa es que el independentismo anda dividido en la Diada, como las actrices inquisidoras del #metoo cuando saben que viven de una falacia: se van quedando sin machos de pelo en el pecho a los que culpar del Oscar que nunca tendrán. Digamos que el macho heteropatriarcal es Marchena, y así todo…
Como ya he escrito, nos hemos criado entre diadas, y le vemos más gracia a ponerle flores a mi Cristo de la Expiración o a Marta, que ya no se casará conmigo, que a cuadrarse delante de una estatua. Acaso porque, más que a Casanova, yo le pongo las flores al Tenorio, que es más mío y otoñal.
El independentismo anda dividido, y yo que lo celebro.

 

 

 

 

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