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La mirada fija en Susana

Foto: Julio Munoz | EFE

La imagen de Juan Manuel Moreno Bonilla, líder del PP andaluz, convocando a la prensa ante un puticlub, un puticlub a deshora, que a la luz del día es como una noria desguazada, define la situación de la política andaluza más que el anuncio de adelanto electoral de Susana con su pomposa falsedad. La oposición andaluza tiene que ir a señalar la corrupción allí donde se ha derretido como un labio de neón o un condón de fresa, donde crece la mandrágora como un ajo de semen, el puticlub en el que la buena progresía moralizante andaluza, la reserva espiritual del socialismo magnánimo, benefactor y providente, se ha fundido en putas y juergas chorreantes las tarjetas de la Faffe, la fundación para la formación de los parados.

Allí mismo lo denunciaba todo el PP andaluz, con las suelas pegajosas, con el olor a lechería del sol derramado contra el puticlub, ese puticlub que de día parece sólo un parador de toreros. Sí que es raro, pero es que el PP andaluz ya no sabe qué hacer. Porque Susana sólo tiene que salir en Canal Sur acariciando melenas de anciano con santidad de jefe indio, sólo tiene que decir “mis colegios, mis hospitales, mis dependientes”, no como un gobernante sino como si los alimentara con su teta de diosa, su teta de madera de Botticelli; sólo tiene que sacar a la derechona, que es la que les va a quitar a los andaluces todo, hasta los orinales. Y a seguir ganando, como desde hace 36 años. La inercia del poder, el poder como paisaje, mientras la oposición sale a ver si el morbo, ya que no la pobreza, despierta a los andaluces.

Paripé ha sido la ruptura con Ciudadanos, que interesaba a los dos. Paripé ha sido todo su pacto, con espantos fingidos, exigencias volanderas, discursos leídos con chupete puesto e intercambio de cojines en el Parlamento. Paripé ha sido toda la legislatura, como las anteriores, en las que más que gobernar se rezaba un rosario para el pueblo, que ya no distingue la libertad de la liturgia. O sea, que no se gobernaba, sólo se invocaban cosas que nunca venían (estado del bienestar, educación de excelencia, sanidad milagrosa, y más migajoncillos para los pobres que empleo) y se exorcizaban demonios derechones. Pero todo, en realidad, permanecía igual o peor. Para que todo permanezca igual, o igualmente peor; para que ni la sentencia de los ERE, ni la rebaba de las putas, ni el eclipse de Sánchez que hace la luna contra su avión, ni las cruzadas de la España y la anti-España; para que nada de eso perturbe Andalucía, que es como un corcho que flota en la palangana de Susana, había que convocar elecciones ya, que es lo que ha hecho.

En esta campaña, Susana se paseará santificando igual aviones que lechugas que sondas uretrales; y la oposición tendrá que buscar algo diferente a lo que ha usado, que es casi imposible porque lo ha usado todo. Han utilizado el paro y la miseria (Andalucía ha regresado al grupo de las regiones más pobres de Europa, vuelve a estar “en desarrollo” como si nunca hubiera escapado demasiado de la choza del subdesarrollo); han utilizado la corrupción, los ERE con los que se enriquecieron arrimados y horteras pero, sobre todo, con los que se aseguró con dinero público la hegemonía del PSOE andaluz. Y nada. O sea, que después del puticlub puede que el PP monte otro destape, otro full monty, otro escándalo de bragas monedero, o yo no sé lo que se van a sacar.

Más que el PSOE, que vive de la inercia de su propia quietud, en Andalucía dicen que se la juega la oposición. Pero el nuevo PP de Casado, en Andalucía, es igual que el viejo PP de antes: el espantajo que tritura obreros y privatiza las inyecciones que necesitan los pobres. En cuanto a Ciudadanos, su candidato Juan Marín ha sido una especie de portasombreros de Susana que no sabemos cómo casa con la fuerza filistea de Inés Arrimadas o con el reinflado de Albert Rivera, ahora que casi tumba a Sánchez con lo de su tesis escrita con pianola. Además, esa batalla de la derecha liberal o reformista o centrada o aznarizada, toda ella contra el social-esculturismo o cripto-podemismo de Sánchez, es algo que no se entiende igual en Andalucía. En Andalucía todo sigue siendo como una pelea de antiguas lindes de abuelos, una vieja animadversión de barraca, una rivalidad como de tiempos del Fígaro entre el pueblo llano, sometido, y la aristocracia con mando, yegua y pavo real. O sus herederos inventados y, además, dados la vuelta (la aristocracia ahora es el PSOE). No es algo que exista tal cual, pero sigue funcionando. Como sólo funciona en Andalucía, España nunca puede aprender de ahí. Tampoco creo que aprendamos de estas elecciones, por mucho que se anticipen a las demás.

En Andalucía hay una izquierda sin izquierda y una derecha eterna, esté el que esté en Sevilla o en Madrid. Luego, ya, lo que se reparten Ciudadanos y Podemos-IU es un descontento oblongo y movedizo a izquierda y derecha que ya no parece ni andaluz, sino infiltrado. Lo más interesante es que Ciudadanos no podrá pactar con Susana antes de que se termine de aclarar el panorama electoral de las municipales y las autonómicas que quedan. Un pacto de Susana con Teresa Rodríguez es una fantasía demasiado morbosa, y un derrocamiento del PSOE a manos de PP y C’s, un giro copernicano que parece más milagro que revolución de la razón.

Susana ha escogido el mejor momento, como ya hizo antes. Cuando España se juega España, Susana aún puede jugarse sólo Susana. La política de que no pase nada en Andalucía la ayuda a ella, pero lejos de aclararlas, enturbiará las cábalas en el resto del país. Por ella, aún tiene que bajar el PP a los albañales, porque la política de simple esgrima lógica o factual no sirve. Por ella, aún se cuidará de bajar Pedro Sánchez, por si le cuelan una cabeza de caballo o una Natacha rusa, quién sabe. Por ella no hay nadie que se atreva a echar cuentas de nada. Mejor mantener la mirada fija en Susana. Será lo único que no se mueva en estos tiempos.

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