Gabriel González-Andrio

La moda del  pequeño Kim

Me entero –y no salgo de mi asombro- de que el excéntrico peluquero Rupert ha dado algunos consejos estéticos al líder de Podemos, Pablo Iglesias. No sé qué le habrá comentado, pero no parece que haya mucho cambio en su coleta.

Opinión

La moda del  pequeño Kim

Me entero –y no salgo de mi asombro- de que el excéntrico peluquero Rupert ha dado algunos consejos estéticos al líder de Podemos, Pablo Iglesias. No sé qué le habrá comentado, pero no parece que haya mucho cambio en su coleta.

Me entero –y no salgo de mi asombro- de que el excéntrico peluquero Rupert ha dado algunos consejos estéticos al líder de Podemos, Pablo Iglesias. No sé qué le habrá comentado, pero no parece que haya mucho cambio en su coleta.

Otro de los que recientemente han debido de pedir consejo a su esteticista es el pequeño y rechoncho dictador norcoreano Kim. Éste ha optado por el modelo “cepillo” de toda la vida, y la verdad es que no mejora. Nunca he entendido a esta gente que insiste en hacerse peinados de todo tipo cuando en realidad ese suele ser el menor de sus defectos “de fábrica”. Pero ese es otro pantano.

En el caso de Kim parece que el corte a navaja (al parecer, una especialidad allí) no le ha sentado nada bien. En lugar de perder la fuerza como Sansón el chico se ha crecido (no físicamente, claro). El intocable mandatario padece la enfermedad de los dictadores: la Confabulacionitis. Kim, Maduro y compañía suelen ver fantasmas por todas partes y confabulaciones judeo-masónicas para derrocarles del poder.

Están obsesionados, y quizá no les falte razón. Pero el pequeño Kim está superando a su homólogo venezolano, que ya es difícil. Hace unos días reunió a su cúpula militar para arengarles, avisándoles para que vayan preparando las trincheras y saquen las ballonetas.

El chico aseguró a sus súbditos que la situación de seguridad es “más grave que nunca”, a lo que todos asintieron libreta y boli en mano. Como para llevar la contraria. Lo mismito que pasa en Venezuela con el visionario bolivariano.

La única diferencia entre ambos es, además del idioma, la vestimenta. Maduro no se quita el chándal ni para dormir y Kim apuesta por un traje oscuro estilo Mao y un peinado electrizante. Lo mismo pero con distinto collar, vamos.

Lo peor de todo es que encima los seguidores de ambos –pelotas populistas oficiales y estómagos agradecidos- les ríen las gracietas e incluso imitan sus modos de vestir, peinarse o hablar.

Patético.

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