Enrique García-Máiquez

La selva es la ley

«El uso arbitrario del Derecho es la mayor amenaza actual para la democracia española»

Opinión

La selva es la ley
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Enrique García-Máiquez

Enrique García-Máiquez

Profesor, poeta, columnista, crítico, traductor, provinciano, aforista, diarista. Todo junto y demasiado revuelto.

El uso arbitrario del Derecho es la mayor amenaza actual para la democracia española. Porque socava sus cimientos. Es una enfermedad endógena o autoinmune del sistema. El síntoma de los indultos es quizá el más llamativo. Se pretenden dar 1) a bulto, cuando deberían ser individuales; 2) sin tener en cuenta sus otras condiciones elementales, como el arrepentimiento del indultado, 3) contra el dictamen explícito del Tribunal Supremo y 4) arremetiendo mediáticamente con quien se atreva a señalar los puntos 1, 2 y 3. Además, 5) por un cálculo impúdicamente político. 

Siendo una fractura tan profunda del Estado de Derecho, peor todavía es la extensión de la costumbre de retorcer la ley para acomodarla a unos intereses particulares partidistas e ideológicos. Recuérdese la Memoria Histórica. Lo que pensaban (qué digo «pensaban», ¡lo que recordaban!) mis abuelos (qué digo «mis abuelos», ¡mis padres!) está hoy prohibido legalmente. El ordenamiento jurídico pretende imponerme que reniegue o, al menos, tergiverse o, como mínimo, me calle lo que ellos me contaron y vivieron y sé que es verdad. No es poca distopía.

También se aprueban impuestos para condicionar nuestras conductas como si fuésemos perros de Pavlov. El uso obligatorio en la Administración del lenguaje llamado inclusivo—a pesar de las recomendaciones de RAE y, aún más importante, de la tradición y la naturaleza del idioma— implica un asalto en toda regla a lo que Unamuno considera la médula del alma, la lengua materna. La ley de Violencia de Género instaura una discriminación por razón de sexo en materia penal (nada menos). Son sólo algunos ejemplos. Una tras otra, las leyes toman partido (exactamente eso, partido partidista) en asuntos que la ciencia o la filosofía o la historia o la economía o la política aún discuten legítimamente.

La neutralidad del marco jurídico queda en entredicho, muy contaminada de uso alternativo, de gramscismo, de segundas intenciones y de poder intrusivo. Hay ciudadanos de pleno derecho y otros que somos, en última instancia, presuntos. Se trata de controlar qué comemos, qué hacemos, qué pensamos, qué recordamos y qué soñamos para el futuro (Agenda 2030, España 2050). Sin indultos que valgan.

En este contexto, se entiende mejor la gravedad de la proposición de ley con la que el PSOE aspira a que las asociaciones provida que den información en los alrededores de las clínicas abortivas puedan ir a la cárcel, mientras que la publicidad a favor del aborto campa a sus anchas en los talleres sexuales en las escuelas y en el sesgo de los medios subvencionados. A la vez se despenaliza la acción intimidatoria de los piquetes sindicales. El desvío político invadiendo el Derecho del Estado sin tapujos.

El texto propuesto por el PSOE no protege a nadie de las coacciones, que ya estaban prohibidas por el Código Penal, como es obvio; sino que equipara la información de los provida a un hostigamiento. ¿O acaso no prohíbe lo que se hace ahora? Y ahora sólo un porcentaje de menos de un 10% de las personas que acuden a esas clínicas aceptan la información que se les ofrece. ¿Puede haber coacción cuando más del 90% pasa? A los provida no les importan esos números exiguos, porque con una sola vida salvada les compensa; y está comprobado que ninguna madre que decidió tener a su bebé se ha arrepentido después. Por su parte, parece que a los partidarios del aborto, una vida que se salve (voluntad de la madre mediante) les irrita tanto como para impulsar este nuevo asalto a la libertad de reunión y de expresión.

¿Recuerdan la película Juno (Jason Reitman, 2007)? Siempre me sentí muy identificado con la niña feúcha, con gafas, por supuesto, personaje muy secundario, que vela delante de la clínica abortiva a la que se dirige Juno. Tímidamente, pasando un mal rato, saluda a su compañera de instituto y le ruega que no aborte. Milagrosamente, contra todo pronóstico, tiene éxito. A partir de ahí, como es natural, el protagonismo es de Juno, que es la guapa, divertida, arrojada y arrolladora: la capaz de ponerse el mundo por montera. Pero el guión de la ex stripper «Diablo» [sic] Cody nos deja adivinar que una vida no se habría salvado sin la feúcha. En España, estaría sujeta a multa y a cárcel. La película no tiene desperdicio, pero véanla pronto, que el día menos pensado la prohíben.

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