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La voz de Leopoldo López

Foto: Ariana Cubillos | AP
“¡Me están torturando!”. Era el grito desesperado de Leopoldo López mientras practicaban el socialismo sobre su cuerpo. López está en la cárcel militar de Ramo Verde por cometer el crimen de convocar una gran manifestación contra el gobierno de Nicolás Maduro. Llevaba 78 días incomunicado con sus abogados, según acababa de denunciar su mujer, Lilian Tintori, y recurrió a la voz que aún tiene, y que llega más allá de las vallas de la cárcel. “¡Denuncien!”, vociferaba utilizando el único medio de defensa que le queda; su voz.
Hay motivos para el miedo y la inquina que siente el régimen por Leopoldo López. Fue nombrado el tercer mejor alcalde del mundo en 2008. Poco después, el régimen le inhabilitó para cargo público, sin que mediara un juicio en su contra. La Corte de Derechos Humanos le rehabilitó, pero la decisión de Hugo Chavez sirvió para apartarle del liderazgo de la Mesa de Unidad Democrática, que es la confluencia de la oposición al régimen. Su lugar lo ocupó Henrique Capriles, que sigue una estrategia menos combativa, aunque no menos firme. Ahora, el régimen ha inhabilitado a Capriles. Cuando Leopoldo recobró la capacidad de maniobra política, se recorrió el país para crear el partido Voluntad Popular. Lo había convertido en el partido con más alcaldes el día de su encarcelamiento. Maduro le teme porque tiene lo que el régimen carece desde la muerte de Chávez: liderazgo.
El socialismo ha llevado la sociedad venezolana al caos, a las colas, al hambre. Es la realidad. Es la vida de la gente. Es lo que llega al salón antes de encender la televisión. Esa realidad ha arruinado al régimen, y la cuestión es cuándo y, sobre todo, cómo va a caer, y los cadáveres que dejará como eternos testigos de la revolución.

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