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Las cuentas de las elecciones

"Si finalmente vamos al 10-N, saldrían potenciados los partidos que gobernaron España durante los mejores años de su historia"

Foto: Bernat Armangue | AP

Tiene su aquel cambiar impresiones con los políticos que se juegan su futuro este próximo martes, cuando el Rey comunique a la presidenta del Congreso si hay candidato a presidir al gobierno o, tras la ronda de consultas con los portavoces parlamentarios, llega a la conclusión de que nadie contaría con los votos necesarios para la investidura,  no propone ningún candidato y se celebran elecciones el 10 de noviembre.

De cara a esas posibles elecciones, solo se advierte optimismo en PSOE y PP, porque los informes de sus  asesores en asuntos demoscópicos anuncian  que van a incrementar sensiblemente su porcentaje de votos y escaños, aunque tal como es la ley D’Hont no se atreven a hacer un pronóstico sobre los escaños porque un puñado de votos cambia todo en una circunscripción.

Independientemente de lo que adelantan esos asesores y expertos –que no siempre aciertan aunque empiezan ya a cogerle el aire  a la España de  cinco partidos nacionales, habituados a la España de tres— no hay más que salir a la calle  para advertir, con un mínimo de olfato, que los expertos no andan muy desencaminados. De ahí el optimismo controlado que transmiten los del PSOE y PP que conocen  bien qué se habla en los despachos de las alturas… y los de Moncloa.

El PSOE crece a costa de Podemos, eso lo sabe hasta el que asó la manteca; pero lo que manejan los socialistas es que crece más a costa de Ciudadanos, porque un porcentaje importante de votantes de Cs se inclinarán hacia la izquierda, descontentos con los acuerdos con el PP. Y, de rebote, con Vox, aunque Cs haya rehuido de fotos negociadoras con el partido de Abascal.

El PP por su parte incrementa sus votos gracias a que recupera un gran número de los que se fueron a Vox, que han comprendido que no mentían los peperos cuando alertaban sobre el “voto útil”,  ya que el PP era el único partido que podía derrotar a Sánchez. Pero también sumaría el PP votantes de Ciudadanos. Cosa curiosa lo que ocurre en el partido de Rivera, que en los últimos meses ha sufrido importantes deserciones: su ala izquierda no le perdona los pactos con el PP, pero su ala  más conservadora no le perdona en cambio que, empeñado en no formar una coalición con Sánchez,  ha provocado  lo que temían más que a un nublado: la coalición PSOE-Podemos que tanto ha buscado el presidente en funciones para mantenerse en el puesto.

Si finalmente vamos al 10-N, no cambiaría excesivamente el equilibrio entre los dos bloques, lo que no solucionaría la inestabilidad que sufrimos desde hace meses. Sin embargo saldrían potenciados los partidos que gobernaron España durante los mejores años de su historia. ¿Será por nostalgia a los modos, partidos y políticos de antaño, que dan mil vueltas a los actuales?

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