Paloma Barrientos

Las pirámides de la libertad

Siempre he tenido la suerte de encontrarme con un tipo de personas que hacen que cada visita fuera un reencuentro

Opinión

Las pirámides de la libertad

Siempre he tenido la suerte de encontrarme con un tipo de personas que hacen que cada visita fuera un reencuentro

Egipto es uno de los países de mi vida. Cada vez que he aterrizado en alguno de sus aeropuertos he sentido esa sensación de estar en tierra amiga. Y siempre he tenido la suerte de encontrarme con un tipo de personas que hacen que cada visita fuera un reencuentro.

Viajes personales, profesionales y uno último y promocional tras la primavera egipcia cuyo fin era enseñarnos a un grupo de periodistas que de nuevo el turismo podía realizar su circuito ancestral con tranquilidad. Después ya fue imposible porque la seguridad física no formaba parte del entramado cotidiano.

Una tristeza inmensa ver esas pirámides vacías, sin colas y con los guías –la mayoría de ellos licenciados universitarios– absortos ante el silencio que provoca el abatimiento. Allí, arropándose unas a otras, conocí a un grupo de mujeres sabias y valientes que decidieron organizar su propia ágora para enseñar a unas niñas rescatadas de la incultura islamista que ellas también tenían derecho a la libertad. Porque la base de esa libertad robada era precisamente el aprendizaje.

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