Jesus H. Cifuentes

Lo cuelgan en YouTube

Es como que el “realismo mágico” de García Márquez cobrase vida, y un pajarito te pudiese hablar. De repente el pajarito de colores se puede convertir en un revólver que te revienta los sesos, te secuestra o te viola

Opinión

Lo cuelgan en YouTube

Es como que el “realismo mágico” de García Márquez cobrase vida, y un pajarito te pudiese hablar. De repente el pajarito de colores se puede convertir en un revólver que te revienta los sesos, te secuestra o te viola

México es un país donde la magia habita a sus anchas sin ningún tipo de recelo. A la vuelta de cualquier esquina puedes entrar en el mundo onírico del peyote sin la necesidad de haberlo consumido, porque todo cabe en la aventura de pasear su idiosincrasia tan extrema y distante de nuestra mente ordenada por Occidente. Es como que el “realismo mágico” de García Márquez cobrase vida, y un pajarito te pudiese hablar para pronosticar tu futuro.

Tanta sangre y tan caliente han hecho un hueco especial en su música para dar paso a los “narcocorridos”, en los que los grupos musicales con todo su desparpajo y sin tapujo ninguno, cuentan en la canción las aventuras y desventuras de los narcos protagonistas, sus desenlaces con la policía, el cruce de fronteras o sus amores imposibles con una gringa huera.

Pero esos mismos protagonistas de la cultura popular son otro pilar más de los que tienen sumido al país en la violencia más sangrienta y carente de escrúpulos que podamos imaginar. De repente el pajarito de colores que te hablaba se puede convertir en un revólver que te revienta los sesos, te secuestra o te viola según para pegarse una juerga en la que tus tripas son el matasuegras.

Estos cárteles de narcos son la versión latina de la mafia. También se precian de ser “temerosos” de dios, y de vez en cuando sacan el populismo a la calle, como estas navidades que los miembros del cártel del Golfo en vez de repartir tiros (vaya ironía de la casualidad), han repartido baratijas de los chinos para que el falso agradecimiento los aplauda. La gente pobre se agolpa para recibir cualquier cosa que les sea regalada, aunque sea un mondadientes, mientras ellos se convierten en Reyes Magos y lo cuelgan en Youtube.

 

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