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Los 'simpáticos borrokas' andaluces

Foto: Carlos Barba | EFE

Llegan tarde, Matías. Llegan tarde y mal a rebuznar contra esos 400.000 pedazos de fascistas que hay en Andalucía, según las últimas estadísticas. Llegan tarde a romper escaparates, a procesionar vaginas y esteladas por las calles de Cádiz y Sevilla, por Granada y Málaga. Uno creía que en el Sur no había CDR, pero resultó que sí; resultó que Pablo Iglesias llamó a una “alarma antifascista” –como Torra a “apretar” contra España– y la violencia tomó Andalucía. En todos lados cocían habas, y era bien cierto.

Era un 4 de diciembre cuando el populismo de izquierdas se rebeló contra lo que dijeron las urnas. Cuando Francia se aburría, Le Monde contó que surgió el mayo francés. Cuando Andalucía se aburrió, empezaron los altercados y la borroka sureña de Pulpí a Ayamonte.

Se vio un altavoz por Calle Larios, una bandera anacrónica de la República por Recogidas debajo del muérdago, una cara del Che y demás avíos del puchero. Le dieron un sopapo a un reportero en Cádiz y yo empecé a preguntarme que dónde queda la fraternidad.

Los acontecimientos de Andalucía dicen claro que quien no cree en la democracia tiene querencia repentina a las algaradas. Y sin embargo, el 2 de diciembre preguntaron por Andalucía que qué tal iba todo, y Andalucía, ay, dijo que andaba harta de Sánchez en concreto y del separatismo en general.

Al Sur ya le cansó el lupanar y la paguita, el mamoneo y todos esos asalariados que han ido cuarenta años repartiendo la ‘manteca colorá’ y la mandanga que venía de Europa a quitarnos del subdesarrollo y de Las Hurdes en cada provincia.

La democracia tiene sus cosas, pero es soberana. Los 400.000 de Andalucía, así, de un vistazo, no parecen la División Azul. El cielo lo tomaron otros y no, no fue por asalto.

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